miércoles, 18 de febrero de 2026

THERIANS CON HUMOR

 


Escrito por Cristian Fabián Méndez


Ladró en la puerta de casa

Una therian veinteañera 

Pensando que un perro era.

Solo le abrí... y dije pasa.

Entró con tanta viaraza

Mezcla de hembra y de dama,

Y allí comenzó mi drama

Porque no sabía que hacer.

Cuando llegó mi mujer

Y estaba sobre la cama

Yo se lo quise explicar 

Que la encontré abandonada 

Y hambrienta, aunque bien cuidada.

Decidí hacerla pasar

Ella no quiso escuchar 

Ni motivo ni razón 

Y con oscura intención

Salió a la calle y se vino

Con un therian masculino 

Y lo acostó en el sillón. 

Malaya suerte la mía 

Se me dió vuelta la taba

Cosa que no me esperaba.

Justo en una noche fría

Quizás buscando una cría

Los dos therian se fugaron 

A mí mujer contagiaron 

Se fue moviendo la cola

Me dejó la casa sola

Y los tres me abandonaron


Y si lo tomamos con humor?

#humor #versoscriollos #payadores

domingo, 8 de febrero de 2026

ODIOS Y SÍMBOLOS


El sable de San Martín, el odio de Rivadavia y Milei. 

Por Mariano Saravia.

Hace exactamente 200 años, Rivadavia disolvía el Regimiento de Granaderos a Caballos. Hoy, Javier Milei le entrega a ese regimiento el sable corvo de José de San Martín. Pareciera que hay una contradicción en esos dos hechos, pero no los hay. Rivadavia es Milei, y Milei es Rivadavia, por sus formas y por sus contenidos. 

Fue Rivadavia quien abrió la economía argentina en aras de la “libertad”… de mercado, obvio, y con eso destruyó las pequeñas economías regionales, exactamente lo que hace Milei, que en dos años mandó a la quiebra a 20 mil pymes. Fue Rivadavia quien tomó el empréstito Baring Brothers, dando inicio a la perversa deuda externa, un calco de la monstruosa toma de deuda de Milei. Fue Rivadavia quien benefició a los ricos y perjudicó a la mayoría del pueblo, igual que Milei. Y fue Rivadavia quien, por su subordinación al imperio de turno, Inglaterra, entregó la Banda Oriental, comparable con la obsecuencia arrastrada de Milei con el actual imperio: Estados Unidos. 

Por lo tanto, no hay contradicciones entre Milei y Rivadavia. Tampoco en la cuestión del sable corvo de San Martín, el Museo Histórico Nacional y el Regimiento de Granaderos a Caballo. En realidad, hay una coincidencia total porque a los dos los mueve un odio visceral. A Rivadavia y a Milei los mueve el odio y el veneno que los carcome por dentro. Tanto odio tenía adentro Rivadavia, que se odiaba a sí mismo, sobre todo odiaba su origen mestizo, hijo de un español y una negra portuguesa. De chico, sus amiguitos le decían cruelmente Chocolate o Sapo del diluvio. Y de grande, se empolvaba la cara para blanquearse. Milei también tiene cuentas pendientes consigo mismo, con su historia personal, familiar y social, y con su apariencia física, por eso siempre sale en las fotos con esa ridícula pose de bajar la cabeza, fruncir los labios y chuparse los cachetes. 

Y ese odio lo encausan los dos principalmente hacia sus opositores políticos. El gran enemigo de Rivadavia fue siempre San Martín. Desde el principio y hasta el final. Desde que el 8 de octubre de 1812, recién llegado, San Martín con sus Granaderos a Caballo, se plantó frente al Cabildo e hizo caer el Primer Triunvirato, que manejaba desde las sobras justamente Rivadavia. 

Ese encono de Bernardino se transformó en espanto cuando vio el gobierno que hizo San Martín en Mendoza: una reforma agraria para repartir tierras entre los campesinos, una reforma tributaria para cobrar más a quien más tiene, un impuesto a las grandes fortunas, una política productivista y proteccionista y la expropiación de mulas, joyas y esclavos a los de la alta sociedad. 

El encono y el espanto derivaron en odio cuando San Martín desoyó las órdenes de Buenos Aires en 1819 que pretendían que dejara de lado la liberación del Perú para volver con el Ejército de Los Andes a combatir a los caudillos artiguistas. Por todo ese odio acumulado no quiso ayudar a San Martín cuando ya gobernaba en el Perú e intentaba terminar la guerra contra los realistas, y por eso el nuestro dio el paso al costado en la famosa entrevista de Guayaquil, dejando paso a Bolívar. 

Y todo ese odio de Rivadavia se vio también cuando San Martín, en 1823, quiso instalarse en Mendoza para cultivar su finca. El liberal le mandó espías, le abrían la correspondencia, le inventaron un cuaderno falso en el que San Martín supuestamente reconocía hechos de corrupción, y hasta intentó matarlo tres veces con sicarios a sueldo. Finalmente, lo mandó al exilio, un 10 de febrero de 1824, para nunca más poder volver a la Patria. 

Pero el odio es un sentimiento tan poderoso que no se extingue ni se satisface nunca, y a Rivadavia no le bastaba haber mandado al exilio a San Martín, él quería que no quedara ni el recuerdo, ni el olor a San Martín. Y por eso, durante su presidencia, hace exactamente dos siglos, en 1826, disolvió por decreto el Regimiento de Granaderos a Caballo. Así como lo estás leyendo, el Regimiento de Granaderos a Caballo dejó de existir y recién se refundó en 1903, durante el segundo mandato de Roca. 

El odio también es el verdadero motor que mueve a Milei. Hoy no se trata ni del sable corvo, ni de San Martín, de quien Milei no tiene idea ni quién fue ni qué hizo, tan es así que lo llamó “Juan José”, justamente el año pasado en el 213° aniversario de la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo. No, tampoco se trata de Rosas, ni del Museo Histórico Nacional. Se trata de su odio hacia el peronismo, porque fue en 2015, durante el gobierno peronista de Cristina Fernández, que el sable corvo volvió adonde debe estar: el Museo Histórico Nacional. Y entonces ahora él hace lo contrario. Si Cristina hace a, él hará b, y viceversa. 

Pero, ¿por qué digo que es en el Museo Histórico Nacional donde debe estar el sable? Veamos.

La historia del sable

Este sable corvo es un shamsir, es decir, una típica cimitarra de origen persa, que se usaba mucho a principios del siglo XIX, especial para caballería y para degüello de las tropas enemigas. San Martín lo compró en un anticuario de Londres en 1811. Podría haberlo usado en el combate de San Lorenzo, pero lo que es seguro es que lo acompañó toda su campaña militar en Sudamérica, entrando en acción en Chacabuco y Maipú. 

Cuando Rivadavia lo mandó al exilio con su hija Merceditas, San Martín dejó el sable en consignación a su amiga Josefa Morales de los Ríos, pensando que algún día volvería a su Patria, cosa que no sucedió. En 1832, cuando Merceditas se casó con Mariano Balcarce y vinieron de luna de miel a la Argentina, San Martín le pidió que le llevara su sable, y así fue. Lo tenía en su casa de Gran Bourg, en las afueras de París. Finalmente, en su testamento de 1843, San Martín legó el sable a Juan Manuel de Rosas, por haber defendido la soberanía argentina frente al bloqueo y la agresión de Francia e Inglaterra que enarbolaban, oh casualidad, la bandera de la “libertad”… de comercio. 

En su testamento, el Libertador dice textualmente: “El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de Independencia de la América del Sud, le será entregado al General la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como argentino he tenido al ver la firmeza que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla”.

Inmediatamente después de la muerte del Padre de la Patria, Merceditas cumple con su deseo y manda el sable a Rosas. Pero va a estar poquito tiempo aquí, porque en 1852 Urquiza derroca a Rosas en la Batalla de Caseros y la historia se repite: también Rosas se tiene que ir al exilio y se lleva consigo el sable de San Martín. 

A fines de la década de 1880 se crea el Museo Histórico Nacional a instancias del historiador Adolfo Carranza, quien fue su primer director, durante 25 años. Muerto Rosas, su hija Manuelita recibe el pedido de Carranza para que el sable vuelva a la Argentina y sea exhibido en el Museo. Carranza había sido siempre un acérrimo anti rosista, y, a pesar de eso, Manuelita no lo duda y dona el sable. Pero en la documentación figura que la donación es al Museo Histórico Nacioanal, con la condición de que se exhiba ahí, y no en otro lado. 

El sable llegó a Buenos Aires en 1897 y estuvo siempre expuesto en el Museo Histórico Nacional, de donde fue “secuestrado” dos veces en los años ’60 por militantes de la Resistencia Peronista. En 1967, el dictador Juan Carlos Onganía decidió exactamente lo que hoy decide Milei: trasladar el sable corvo de San Martín, del Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo. Una decisión que revirtió en 2015 el gobierno peronista de Cristina Fernández, para que volviera adonde debe estar, y exhibido a todo el público. 

Publicado en El Diario de Carlos Paz: https://www.eldiariodecarlospaz.com.ar/informes-especiales/2026/2/7/el-sable-de-san-martin-rivadavia-milei-254469.html

miércoles, 21 de enero de 2026

METEORO.

 Esta historia tiene 2 puntas: por un lado la familia Álvarez, asturianos que emigraron a EEUU en 1887. Por otro lado, la empresa petrolera PEMEX, que buscaba petróleo en 1950 en el Golfo de México. ¿Qué pasó para que estas personas sin aparente conexión entre si convergieran en un enorme descubrimiento de un pasado remoto?

Empecemos de una vez: el abuelo Luis Fernández Álvarez dejó España con 13 años y estudió medicina en Stanford, EEUU. Chico listo de dinastía de chicos listos. Sus hijos, Walter Clement, también médico; Luis Walter estudió física y ganó el premio Nobel en 1968 y Walter (a secas) fue profesor de Berkeley en geología y elaboró la "hipótesis de Álvarez", porque encontró en determinadas zonas de la corteza terrestre unas inusuales cantidades de IRIDIO, elemento químico escasísimo en la Tierra, por lo cual dedujo que serían de origen extraterrestre, o sea, de un meteorito, por ejemplo. 

En la foto Álvarez padre y su hijo Walter Álvarez.

En 1980 presentaron él y su padre sus conjeturas a un congreso internacional pero fueron olímpicamente ignorados, aunque ellos sabían que ese iridio tenía que haber venido del espacio y también sabían que, en ciencia hay que tener paciencia. Calcularon (no me pregunten cómo) que el tamaño del meteorito sería de unos 12 km. de diámetro dejando, en su caída, un anillo de 200 km de ancho, aproximadamente. También calcularon, (no me pregunten cómo) que ese cataclismo podría que haber ocurrido hace unos 66 millones de años. Todo eso sabían pero no lograban encontrar el lugar de la caída. 

En esos años ya se barajaba la hipótesis de que los dinosaurios y otros millones de especies murieron como consecuencia de un impacto provocado por  un hecho absolutamente catastrófico: la caída de un meterito que originó enormes tsunamis que arrasaron con todo. Larguísimos años el sol quedó oculto, lo cual impidió que los vegetales pudieran hacer la fotosíntesis, que están en la base de la cadena alimenticia y de la cual dependen todos los demás seres vivos. La mayoría de las especies se extinguieron pero... pero la vida se abre camino. 

Aunque había otro problema: ¿dónde buscar? ¿Dónde pudo haber caído? ¿Por qué no hay rastros visibles de ese impacto inconmensurable? Imposible saberlo. 

Mientras tanto, en 1950, los geólogos de PEMEX hallaron una estructura circular, en la península de Yucatán, México, con un magnetismo anormalmente alto; pero la empresa no permitió que esa información trascendiera al mundo científico. En 1978 se repite la exploración buscando petróleo pero esta vez con un avance tecnológico: un examen magnético aéreo. Así que, por un lado tenemos a los Álvarez buscando al enorme hueco dejado por el meteorito (1981) y por otro tenemos a buscadores de petróleo frente a un enorme hueco, creyendo que era el cráter de un volcán extinguido (1978).

¿Y quién hizo la conexión? Pues en 1990, un periodista de Texas, que trabajaba en el Houston Chronicle llamado Carlos Byars lo pensó y lo publicó. Este hombre era, sin duda, un tipo imaginativo con neuronas bien despiertas. 


Imaginó que el "cráter" de Yucatán, en el Golfo de México, llamado Chicxulub, donde se encuentran los famosos CENOTES, depósito de agua azul de manantial, paraíso de los buceadores podía ser lo que andaban buscando los Álvarez, un agujero enorme causado por la caída del meteorito, de las dimensiones calculadas por ellos y bajo agua. 

En 1988, una científica nacida en Colombia, criada en Argentina y trabajando en EEUU, llamada Adriana Ocampo, asistió a un congreso en Acapulco, y el corazón le dio un vuelco al escuchar que esa formación circular podía ser la señal que apuntaba a la línea de investigación a la cual había dedicado su vida profesional. El final del Cretácico y el comienzo del Cenozoico. 

Finalmente, en 2014, el investigador Hermann Bermúdez encontro depósitos de esférulas (pequeñas perlas de vidrio) que se formaron cuando el calor y la presión del impacto derritieron esos minerales, expulsándolas a la atmósfera y que luego volvieron a caer por la acción de la gravedad. Las evidencias se acumulaban y así funciona el mundo científico. Todo es provisional en cuanto a que permanentemente serán contrastadas una y otra vez. El tiempo será el que de o quite la razón. 

                 




Quizás falte agregar que, gracias a la extinción de los dinosaurios, yo estoy escribiendo esto, ya que los pequeños mamíferos pudieron prosperar por la ausencia de los enormes depredadores y evolucionaron hasta llegar al primate bípedo que somos nosotros. FIN DEL CUENTO. 
 

jueves, 15 de enero de 2026

TRES SIGLOS, TRES HOMBRES, UN IDIOMA

 Cuando cayó el imperio romano, el latín se fragmentó y dió origen a diferentes lenguas: el español, el rumano, el francés, etc. ¡Qué lástima! Que cómodo sería viajar por todos esos países y hablar el mismo idioma. Cabe preguntarse, entonces, por qué no ocurrió lo mismo con el imperio español en América. 500 millones de personas entendiéndose perfectamente a pesar de los modismos y entonaciones locales, siglos después de las independencias. No solo eso, la literatura de lengua española de América sentó cátedra y la renovó. ¿Por qué América no se babelizó (por la torre de Babel) aunque sí se balcanizó (se fragmentó)?

Tres personas muy eruditas tuvieron en sus manos la materialización de ese milagro en tres lugares distantes y en tres siglos diferentes. Siglos XIII (trece), XV (quince) y XVIII (dieciocho).

1) Alfonso X el sabio (1221, Toledo-1284, Sevilla) fundó la escuela de traductores de Toledo, que volcó al castellano obras en hebreo, griego y latín: los talleres alfonsíes. Este rey patrocinó la creación de obras que no tienen parangón en ninguna otra lengua romance, vulgar. Fundó una inmensa biblioteca y él personalmente creó una ortografía e intervino estilísticamente. Decretó que toda obra que quisiera ser traducida debía pasar obligatoriamente por el castellano. Una lengua franca en la península ibérica a la cual cualquiera podía recurrir para consultar lo que fuera sobre todo el conocimiento de la época. Esto ocurrió en el siglo XIII: primer salvataje (salvamento) del idioma. 


2) Antonio de Nebrija (1444, Lebrija, España-1522 Alcalá de Henares). Chico listo que va a la escuela de Bolonia, que todavía hoy en día, existe. Ya adulto inventa un método infalible para aprender latín. Junto con sus hijos fabrica una imprenta y otras genialidades. Se va a Salamaca a ofrecer a la reina Isabel la Católica la creación de una gramática castellana pero la reina no entiende la necesidad. Sólo las lenguas bíblicas tenían gramática. ¿Para qué una gramática, si el castellano lo aprendían los niños en su casa con su familia? Pero Nebrija insiste argumentando que la gramática escrita fijaría las reglas ortográficas y la salvaría del descontrol. El se ofrece a escribir una gramática de una lengua vulgar, lo que no se había hecho nunca. La reina acepta patrocinarlo aunque sigue sin entender muy bien para qué. Decide confiar en el instinto de ese gran erudito.  Mientras Nebrija espera ser atendido otro hombre va con otra propuesta descabellada: Cristóbal Colón, quien también es patrocinado, aunque ese día la reina debe haber terminado perpleja y con dolor de cabeza. ¿Para qué intentar llegar a China por el oeste si lo lógico es por el este? En esa época ya las clases ilustradas sabían que la Tierra era redonda pero no conocían sus dimensiones. Todo lo que estaba mas allá de las islas Canarias era tierra ignota. Ni imaginaban América y mucho menos el océano Pacífico. Pero claro, al este estaban los portugueses como gran obstáculo, así que la reina decide confiar en ese experimentado navegante y en eso reside su grandeza. .

Finalmente, en 1492 se publica la gramática de Nebrija, 3 meses antes del descubrimiento de América. Basándose en ese monumental trabajo años más tarde los jesuitas españoles harán una gramática para el quechua, el azteca, el guaraní, etc. Porque las lenguas que no se escriben están en estado de fragilidad, no se puede garantizar su conservación. (De hecho, el azteca tuvo una gramática antes que el inglés). Esto ocurrió en los  siglos XV y XVI: segundo salvataje del idioma. 


3) Andrés Bello (1781, Caracas, Venezuela-1865, Santiago de Chile).  Vivió los tiempos de Fernando VII, de Napoleón. Época de gran inestabilidad por la fragmentación política de los virreinatos. Y el se da cuenta que el idioma también se va a fragmentar. Pero justo Simón Bolívar se lo llevó a Londres como secretario para luego dejarlo allí abandonado a su suerte, cuando se volvió a América. Pasó Bello mil penalidades en Londres  pero pronto aprendió el inglés, fue profesor de niños de familias adineradas y para escapar del frío estaba muchísimas horas en la biblioteca del Museo Británico porque tenía estufas. Y leía y leía. Y escribía y escribía. Tradujo a Virgilio, a Voltaire, etc. Unos 10 años después llegan a Londres unos diplomáticos chilenos y allí es donde Bello ve la gran oportunidad de volver a su amada América y logra embarcarse cuando los diplomáticos se van de vuelta. Ya en Santiago de Chile despliega las alas: tiene casi 50 años y viendo a un gaucho (hablando como Martin Fierro), a un criollo americano y a un negro americano intentando entenderse sin lograrlo, emprende la tarea titánica de salvar la lengua española. Escribe la gramática castellana en 1847 pero destinada a los americanos y siembra el continente de discípulos. Sus palabras resuenan todavía: "Mis lecciones van dirigidas a mis hispanohablantes americanos". En 1967 México editó el Manual de Gramática Castellana de Andrés Bello. Murió en Chile sin haber podido volver a su amada Venezuela, pero gracias a él uno puede ir desde Tierra del Fuego hasta el río Grande y más allá, entendiéndose con la gente. Esto ocurrió en los siglos XVIII y XIX. Tercer y último salvataje del idioma. Esta valiosa información que he sintetizado la obtuve de un podcast (de YouTube) que impartió la extraordinaria profesora de historia (récord de ventas de sus libros) María Elvira Roca Barea, grabado en Coín, pequeña ciudad mediterránea en la provincia de Málaga, España. Fin del cuento.