Esta historia tiene 2 puntas: por un lado la familia Álvarez, asturianos que emigraron a EEUU en 1887. Por otro lado, la empresa petrolera PEMEX, que buscaba petróleo en 1950 en el Golfo de México. ¿Qué pasó para que estas personas sin aparente conexión entre si convergieran en un enorme descubrimiento de un pasado remoto?
Empecemos de una vez: el abuelo Luis Fernández Álvarez dejó España con 13 años y estudió medicina en Stanford, EEUU. Chico listo de dinastía de chicos listos. Sus hijos, Walter Clement, también médico; Luis Walter estudió física y ganó el premio Nobel en 1968 y Walter (a secas) fue profesor de Berkeley en geología y elaboró la "hipótesis de Álvarez", porque encontró en determinadas zonas de la corteza terrestre unas inusuales cantidades de IRIDIO, elemento químico escasísimo en la Tierra, por lo cual dedujo que serían de origen extraterrestre, o sea, de un meteorito, por ejemplo.
En la foto Álvarez padre y su hijo Walter Álvarez.
En 1980 presentaron él y su padre sus conjeturas a un congreso internacional pero fueron olímpicamente ignorados, aunque ellos sabían que ese iridio tenía que haber venido del espacio y también sabían que, en ciencia hay que tener paciencia. Calcularon (no me pregunten cómo) que el tamaño del meteorito sería de unos 12 km. de diámetro dejando, en su caída, un anillo de 200 km de ancho, aproximadamente. También calcularon, (no me pregunten cómo) que ese cataclismo podría que haber ocurrido hace unos 66 millones de años. Todo eso sabían pero no lograban encontrar el lugar de la caída.
En esos años ya se barajaba la hipótesis de que los dinosaurios y otros millones de especies murieron como consecuencia de un impacto provocado por un hecho absolutamente catastrófico: la caída de un meterito que originó enormes tsunamis que arrasaron con todo. Larguísimos años el sol quedó oculto, lo cual impidió que los vegetales pudieran hacer la fotosíntesis, que están en la base de la cadena alimenticia y de la cual dependen todos los demás seres vivos. La mayoría de las especies se extinguieron pero... pero la vida se abre camino.
Aunque había otro problema: ¿dónde buscar? ¿Dónde pudo haber caído? ¿Por qué no hay rastros visibles de ese impacto inconmensurable? Imposible saberlo.
Mientras tanto, en 1950, los geólogos de PEMEX hallaron una estructura circular, en la península de Yucatán, México, con un magnetismo anormalmente alto; pero la empresa no permitió que esa información trascendiera al mundo científico. En 1978 se repite la exploración buscando petróleo pero esta vez con un avance tecnológico: un examen magnético aéreo. Así que, por un lado tenemos a los Álvarez buscando al enorme hueco dejado por el meteorito (1981) y por otro tenemos a buscadores de petróleo frente a un enorme hueco, creyendo que era el cráter de un volcán extinguido (1978).
¿Y quién hizo la conexión? Pues en 1990, un periodista de Texas, que trabajaba en el Houston Chronicle llamado Carlos Byars lo pensó y lo publicó. Este hombre era, sin duda, un tipo imaginativo con neuronas bien despiertas.
Imaginó que el "cráter" de Yucatán, en el Golfo de México, llamado Chicxulub, donde se encuentran los famosos CENOTES, depósito de agua azul de manantial, paraíso de los buceadores podía ser lo que andaban buscando los Álvarez, un agujero enorme causado por la caída del meteorito, de las dimensiones calculadas por ellos y bajo agua.En 1988, una científica nacida en Colombia, criada en Argentina y trabajando en EEUU, llamada Adriana Ocampo, asistió a un congreso en Acapulco, y el corazón le dio un vuelco al escuchar que esa formación circular podía ser la señal que apuntaba a la línea de investigación a la cual había dedicado su vida profesional. El final del Cretácico y el comienzo del Cenozoico.
Finalmente, en 2014, el investigador Hermann Bermúdez encontro depósitos de esférulas (pequeñas perlas de vidrio) que se formaron cuando el calor y la presión del impacto derritieron esos minerales, expulsándolas a la atmósfera y que luego volvieron a caer por la acción de la gravedad. Las evidencias se acumulaban y así funciona el mundo científico. Todo es provisional en cuanto a que permanentemente serán contrastadas una y otra vez. El tiempo será el que de o quite la razón.


































