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domingo, 9 de noviembre de 2025

DOLORIS CAUSA

 


Pintura de Carlos Alonso

DOLORIS CAUSA 

Prosa poética de Heraldo Melipal

Me duele un hombre desnudando penas en su guitarra y en su canto. Me duele su hijo que pasa la gorra y ensaya unos coros tan tristes como el aire de los trenes.

Me duele la angustia de quienes presagian el abismo social ante sus pies indefensos.

Me duele el corazón del mundo, las sístoles y las diástoles que arrullan la sangre cansada de los derrotados.

Me duele la inocencia empecinada de quienes prosiguen y proyectan a pesar de tanta muerte; me duelen sus ingenuos balbuceos bajo la certeza tenebrosa de los dioses del mercado.

Me duele el hambre desbocada, el cómpreme señor que tengo cinco hijos, el vértigo del que revuelve la basura, el cuerpo que se desvanece en la calle bajo cartones y trapos cuando la noche aúlla su intemperie definitiva.

Me duele la zozobra de los compañeros, el encono y la mutua desconfianza que se profesan a la hora crepuscular en que el poder homicida se frota las manos con algarabía; me duelen mucho los compañeros y sus debates encendidos, la dialéctica crucificada en los reproches, la lengua que se desliza sobre la escamosa piel del desencuentro; me duelen bastante los compañeros y ese aire de no saber en qué momento seremos pasados a riguroso degüello.

Me duele el tiempo que gotea sus sombras entre los amantes desconocidos.

Me duele el silencio inoportuno tanto como la palabra desmedida.

Me duele el desconsuelo del infinito difuminado en el horizonte, me duele la revolución que envejece en los manuales, me duele la humanidad en franco plan de retrocesos insalvables, me duelen las flores resecas en las tumbas anónimas, me duelen los números desiertos que el dolor no puede contar con sus dedos mutilados.

Me duele el amor y la fe que se empujan enloquecidos en mi furia y en la tuya.

Me duele la rabia inaudita que se asoma cuando los magnates celebran su aquelarre y la noche nos busca con su milicia atestada de perros y reflectores.

Me duele el ser que no soy en estos trances. 

El que huye aturdido por los techos del universo.

domingo, 30 de mayo de 2021

MI CIUDAD

 



TÉMPERLEY por Heraldo Melipal


El sur me vino de tus manos abiertas y morosas, de la música callada de tus siestas, del vértigo festivo de la infancia y de las tertulias incansables que en las veredas tuvieron hace años ecos de la Rubia Albion y de William Wallace, de Mrs Duncan saludando en la puerta de su casa o Mr Gidford protestando porque confundiamos su Escocia nada menos que con Inglaterra 

El sur llegó en en el diamante de tus rieles, en trenes entusiastas y también cansados, expuestos al látigo del sol y abiertos a la noche como los ojos de los gatos.

El sur amaneció en tus techos a dos aguas,en los recreos bulliciosos de la Escuela 37, en los antiguos carros pregoneros, en la feria de los dias en los cuales no habíamos perdido aún la inocencia.

El sur se cristalizó en las noches de vigilia, en los búhos del campanario de la Piedad, en el sueño manso de las esperas, en el amor y los ardores resonando en tus esquinas.

El sur abrió las puertas de las historias que aún se acurrucan en el umbral de la Farmacia Duchini , en los codos fantasmales del Hipódromo , en el mostrador eterno del bar Benito, en las serenatas crepusculares de Dorrego, Brandsen o cualquiera de tus calles que tocaron mi alma.

El sur vistió una casaca celeste y supo morder el césped de sábados airosos o domingos donde tu nombre vendía muy cara su derrota.

El sur explota hoy en los colores y las formas que el Comando Flor hizo nacer en las paredes roídas por la tristeza, hasta convertirlas en jardines de la Delicia, en resurrecciones de alegrias que nuestra artista hace inmortales

El sur se despierta cada día en la mesa y el café de siempre del Bicentenario,mi segundo hogar, el que me cobija antes del comienzo o en la pausa del regreso, el que ha sido testigo de mis dolores o mis algarabías y ha susurrado no pocos de mis textos de fiebre.

El sur tiene la marca de las Torres, la hondonada de Brown y 14 de Julio, la bella sobriedad de Villa Grampa, los recuerdos que acuden en tropel de la mano de mi viejo, el rezo de mi vieja o la risa de mi hermana; la inconmensurable felicidad que fotografía el rostro de mis hijos en la vieja calesita de la plaza.

El sur, definitivo y revelador, ha nacido en el arco amoroso de tu nombre.

                                Heraldo Melipal