Cuento corto de Mónica Bardi con dibujo en papel y bolígrafoLas casualidades siguieron presentándose cuando un día cualquiera ella y la ex de él coincidieron en la barra de un bar. Charlaron sin tocar temas sensibles ya que las dos sabían de la existencia del hombre y sus mutuas relaciones. Hablaron de política, de arte y se llevaron ambas una buena impresión. Pasaron los meses y como los círculos universitarios eran pequeños volvieron a coincidir varias veces más. Esa nueva amistad contrarió al hombre que no terminaba de entender por qué su mujer y su ex mujer se llevaban tan bien; pero la cosa se puso picante cuando las dos mujeres le plantearon que querían vivir los tres juntos.
_¿Qué?_ exclamó escandalizado_ ¿están locas?
_Pero ¿por qué? _ argumentaban ellas_ ahorraríamos un montón de dinero. ¿No ves que no llegamos a fin de mes? Los tres nos entendemos bastante bien y tenemos la misma manera de ser ahorrativos. No tenemos vicios. Además, estamos siempre fuera de casa estudiando o trabajando. Estar tan ocupados ayuda a la convivencia porque hay menos roces.
_¿Pero yo en que lugar quedo? ¿Con quien me voy a la cama?¿O esto es un trío?
_ Qué trío ni trío, no mezclemos las cosas_ dijo ella, muy seria_ tu mujer soy yo.
_Y yo solo soy tu ex_ dijo la otra_ sería compañera de piso y punto.
El pobre hombre aceptó a regañadientes esa solución que más que solución parecía un problemón, pero con el paso de los meses fue ganando confianza. Después de todo, no había sido tan mala idea ese triunvirato convivencial ya que todo marchaba armoniosamente. Se establecieron turnos para cocinar y limpiar y hasta para las tareas de jardinería. Y, por fin, llegó el viejo sueño de poder ahorrar algo para permitirse unas vacaciones modestas, pero vacaciones al fin.
Ninguna de las dos mujeres consideró conveniente confesarle a él que, en realidad, se habían enamorado y tenían un tórrido romance... a escondidas, claro.