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viernes, 27 de marzo de 2026

DERECHO A MORIR

 


JULIO MARTIN GARCÍA

Algunos sois unos hipócritas que utilizáis a Dios únicamente cuando os resulta conveniente. Y lo peor no es la hipocresía en sí, que ya es bastante, sino la seguridad con la que la ejercéis. Como si tuvierais el monopolio de la moral. Como si vuestra interpretación de lo que es sagrado fuera la única válida. Todos podemos coincidir en que una chica tan joven haya perdido las ganas de vivir es algo que nos desgarra como sociedad. Es duro. Es muy duro. Y merece reflexión, merece empatía, merece que nos preguntemos colectivamente qué estamos haciendo mal. Pero estemos o no de acuerdo con su decisión, eso es precisamente lo que fue: su decisión. Nadie la asesinó. Nadie la mató. Era una persona que llevaba años arrastrando una depresión profunda, que había agotado sus fuerzas, y que simplemente no quería seguir en este mundo. Eso es real. Eso es lo que había. Y negarlo o distorsionarlo no os hace más defensores de la vida, os hace más deshonestos.

Porque entonces llegaron los grupos ultracatólicos. Y en lugar de dolor, trajeron presión. En lugar de acompañamiento, trajeron ruido. Se inventaron bulos sobre donación de órganos, difundieron información falsa, la convirtieron en un campo de batalla ideológico en uno de los momentos más vulnerables que puede vivir un ser humano. Curioso, muy curioso, que entre todos esos principios religiosos que tanto proclaman no aparezca con más fuerza el de decir la verdad. O el de no hacer daño. O el de respetar al prójimo, que creo que ese sí lo tienen por escrito en algún sitio.

Pero lo que más me indigna, lo que realmente no puedo pasar por alto, es la selectividad. La defensa de la vida que practican muchos de vosotros tiene unas condiciones muy concretas: que la persona sea blanca, que viva en un país desarrollado, que su historia quepa bien en un titular y que su sufrimiento sea fotogénico. Fuera de esos parámetros, la vida parece valer bastante menos.¿Qué pasa con los niños que nacen en Gaza? ¿Con los que mueren antes de tener nombre? ¿Con los que sobreviven pero crecen entre escombros, sin agua, sin comida, sin nada? ¿Esos no tienen derecho a la vida? ¿Dónde están las cadenas de oración por ellos? ¿Dónde están las campañas, los comunicados, las presiones? Porque ellos, con toda certeza, sí quieren vivir. No tienen ninguna depresión. Tienen un futuro entero por delante, o lo tendrían, si alguien les dejara tenerlo. Ah, claro, pero es que están en guerra. Es que la situación es compleja. Es que hay contexto. Siempre hay contexto cuando el que sufre no es de los vuestros. Siempre hay una explicación, un matiz, una razón por la que ese dolor concreto no cuenta de la misma manera. Y mientras tanto, el recién nacido del que hablamos no entiende de contextos ni de geopolítica. Solo existe, y eso debería ser suficiente.

La vida, si de verdad la defendierais como decís, no tendría asteriscos. No dependería de la nacionalidad, del color de piel, de la religión ni de si la historia encaja con vuestra narrativa del momento. Pero resulta que sí tiene asteriscos. Muchos. Y eso lo dice todo. No es necesario insultaros más de lo que vosotros mismos os insultáis con vuestras propias contradicciones. El nivel de hipocresía que manejáis algunos es, simplemente, lamentable.

#Noelia #Eutanasia #Religion


NOELIA CASTILLO. (Pintura anónima)


martes, 22 de noviembre de 2022

LA MUERTE Y LA NIÑA

 Cuento corto de Mónica Bardi


La niña estaba muy enferma y hacía rato que guardaba cama. Como mucho se aburría la mayor parte del tiempo leía. Los libros la ayudaban a viajar, a soñar e imaginar un amor pasional al que nunca llegaría. Lo que más lamentaba de estar enferma era no poder ir a trotar a la vera del río Majaceite en los espléndidos días del verano. Recordaba con nostalgia los recodos desbordantes de cascadas con agua inquieta y refrescante, la fila interminable de higueras y su piadosa sombra. Recordaba con nostalgia la rutina de ir al cole y ver a su chico preferido en las horas del recreo.  Muchas cosas añoraba pero no dejaba que la tristeza se notara porque no quería angustiar más a su mamá. Las dos sabían que aquélla enfermedad era el final de su corta vida, pero ninguna hablaba de eso. Para consolarse se sumergía en las mil batallas de intrépidos aventureros milenarios y de la mano de Heródoto y Homero volaba por esas tierras y tiempos remotos donde los dioses se disfrazaban para hablar con los humanos y no al revés, como el cura de la iglesia.

Así que leía y leía; y al igual que a don Quijote las cosas del pasado la fueron atrapando más y más mientras se le agigantaba la imaginación. Su recién descubierto personaje del mundo antiguo era Hipatia, la gran científica y filósofa egipcia que vivió en Alejandría, faro cultural de la época y poseedora de una biblioteca única en el mundo, cargada hasta los topes de rollos de papiro. Vio la maravillosa película de Amenábar sobre la vida de Hipatia y cuanto más entraba en detalles, más la admiraba. Se sugestionaba soñando despierta o dormida, que ella era la gran Hipatia caminando con sus discípulos  entre esas columnas mudas de reverencia y respeto. Una mujer lúcida, culta y profundamente reflexiva que tuvo el apoyo familiar y el valor inmenso para sobresalir como la cresta de una ola, en un mundo destinado a los hombres. 

Y hablando de mujeres, por fin vino La Muerte a charlar un ratito y luego a llevársela de la mano. Era alta y flaca; se vestía con sencillez y con calzado cómodo porque siempre tenía mucho trabajo. Se sentó en la cama y le dijo con amabilidad: "¿Qué tal? ¿Estás preparada?"

"Si" contestó la niña "pero antes te querría pedir un favor". 

"Te escucho". Replicó la Muerte, que tenía mucha paciencia.

"¿Recuerdas a Hipatia?"

"Claro. Un mujer excepcional de la escuela neoplatónica. ¿Cómo olvidarla? Vivió en la época del imperio romano. Tuvo una muerte horrible que no voy a detallarte, a manos de los cristianos. Yo me la llevé lo más rápido que pude. No me gusta ver sufrir tanto a la gente". 

"¿Tú no podrías cambiar su destino y volverla a su tiempo para que viva hasta viejita y logre grandes cosas?"

"No, niña, así no funciona este tema".

"¿Pero no puedes cambiar la vida de alguien por la de otra persona?"

"Bueno, teóricamente se puede pero jamás lo he hecho. Es complicado, me pueden denunciar por tráfico de influencias". 

"Te lo pido por favor... era una mujer extraordinaria. No merecía ese triste  destino siendo tan joven e inteligente".

"¡Pero, niña, si de eso está el mundo lleno!".

Si, pero de Hipatias no", replicó muy seria y convencida.

"A ver, espera, no me distraigas que me ha llegado un WhatsApp"

Cavilando se quedó la Muerte mirando a su móvil. Los minutos pasaban y seguía pensativa... mientras la niña la observaba expectante y llena de esperanza en sus enormes ojos redondos. 

"Quizás pueda complacerte... ¡Qué curioso! Pocas veces puedo innovar y esta es una gran oportunidad. Se aprobó la ley de la eutanasia. Podríamos cambiar a Hipatia por alguien a quien todavía no le toca, pero ya pidió una cita conmigo".

Loca de alegría saltó la niña de la cama muy exaltada. Casi se arranca el suero por plantarle un sonoro beso en la mejilla a La Muerte, que sonreía satisfecha. 

"Bueno, ¿nos vamos?" finalmente dijo.

"Si, ya estoy lista. Y muchas gracias".

En ese mismo instante, en el siglo IV d.C. Hipatia corrió y corrió, como si sus pies tuvieran alas, huyendo de los cristianos, mientras iba perdiendo papiros por el camino a los que llevaba abrazados como si fueran niños. Se escondió en un recodo de las catacumbas de Kom el Shukafa. Así pudo salvarse. Logró escapar de esos salvajes monoteístas y tuvo una larga y fructífera vida en la que cambió los paradigmas de su época, escribiendo un capítulo diferente en la historia de la ciencia. 


miércoles, 31 de marzo de 2021

EUTANASIA

 ESTO ES POLÍTICA. Soledad Gallego-Díaz. 

(...) "Afortunadamente, en los debates de la Ley sobre Regulación de la Eutanasia ha existido una cierta contención. Quizás porque desde el punto de vista de gran número de ciudadanos la peor práctica posible entre seres humanos es la que supone la ausencia de piedad, la falta de compasión ante el mal del otro. Algo que en LA DIVINA COMEDIA estaba condenado con un gran castigo. Dante únicamente se atrevió a cruzar "al otro lado", el infierno, cuando tuvo la garantía de la protección de Lucía, precisamente aquélla que "aborrece el sufrimiento".


"Lo expresó con otras palabras MARÍA LUISA CARCEDO, médica de formación y la persona, la mujer dedicada a la política, que, primero desde el Ejecutivo como ministra de Sanidad (2018-2020) y después como diputada por Asturias, ha sido quién ha impulsado esta ley. {El dolor, el sufrimiento- explicó Carcedo, dirigiéndose al PP desde la tribuna parlamentaria- no tiene ideología}. Esta ley consagrará un derecho, uno que usarán después incluso, muchos de aquéllos que ahora votarán que no y muchos de aquéllos ciudadanos que votan a sus siglas. Lo usarán ustedes y sus familiares, porque nadie puede impedir que una persona que sufre opte por una muerte digna". 

El recorrido de esta ley, a través de los debates en la Comisión de Justicia del Congreso, las enmiendas incorporadas, su retoque final en el Senado  y su vuelta al pleno final de la Cámara baja, fue pausado y argumentado, como lo fue la votación final: 202 votos a favor, 141 en contra y 2 abstenciones. Es decir, la ley recibió un voto transversal, capaz de unir a muchos grupos y a muchos diputados del Congreso; un voto no marcado por una raíz ideológica, sino por el reconocimiento generalizado de que debe existir ese derecho y de qué es imprescindible regular ese comportamiento. Es cierto que el Partido Popular y Vox mantuvieron (88 más 52 escaños) su rechazo y negativa total, pero también que prácticamente todos los demás grupos de la Cámara- y en este momento están representados nada menos que 20 partidos, coaliciones y agrupaciones electorales diferentes-votaron a favor. Gracias, señora Carcedo: gracias señores diputados".

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ. 

jueves, 8 de diciembre de 2011

MUERTE...DE UN TABÚ: eutanasia y donación de órganos.

Bélgica, 2005. Una paciente de 43 años de vida acomodada, tenista y algo excéntrica, con 3 hijos y un novio, después de un ictus cerebral (2003) que la deja imposibilitada físicamente casi por completo, decide dar un final a su vida y se dirige, para ello, a sus médicos.
Pero es que también quiere donar sus órganos. NOVEDAD MUNDIAL, nunca, que se sepa, se hizo algo así legalmente. El 29 de enero del 2005 a las 13.30hs, muere con la ayuda del personal médico. Lo excepcional es que la paciente no padecía una enfermedad terminal, podía haber vivido muchos años más, pero no quiso, porque las secuelas del ictus la privaron de orientación espacial y, aunque las paredes de su casa estaban marcadas con colores, ella se chocaba contra ellas, no podía lavrse ni ir al baño sola. Pasaba el día sentada en un sillón. Trató mucho tiempo de rehabilitarse pero llegó un momento en que las lesiones cerebrales superaban sus buenas intenciones y su esfuerzo.
Los 3 médicos que la ley belga obliga a consultar en estos casos deciden "que el procedimiento de la eutanasia tiene que estar completamente desligado de la donación de órganos". Estaban preocupados por la opinión pública y decidieron que " el asunto se mantendría bajo llave durante un tiempo indeterminado". "nosotros no somos doctors of death, médicos de la muerte, sino que tratamos de mantener una calidad de vida plena". De hecho, rechazaron una eutanasia a una anciana con demencia senil porque era feliz. No había indicio de sufrimiento insoportable.
Al final, ya decidido todo se duerme a la paciente primero, se inyecta luego un relajante muscular que paraliza la respiración y otros dos medicamentos para proteger los órganos a donar de la falta de oxígeno temporal.
Para que los cirujanos extractores no influyan en la decisión deben esperar en una habitación contigua ya preparados con la vestimenta estéril. Paro cardíaco (el corazón no se puede donar en este caso por la falta de oxígeno. Si lo hubieran querido aprovechar la muerte la habría provocado la extracción del órgano y no los medicamentos. No se debe matar a personas vivas para extrerle los órganos), paro respiratorio, pupilas inmóviles. Clínica Universitaria de Amberes. 29 de enero de 2005. Varios pacientes continuaron con una vida normal gracias a los órganos de esta paciente que se llama Carine. Este caso se hizo público en el Congreso Europeo sobre anestesia celebrado en Milán en 2009.
Hasta ahora, en Bélgica, 8 pacientes se han convertido en donantes tras una muerte deseada.
 P.D.: El escritor y candidato al premio Nobel HUGO CLAUS, pidió la inyección letal para evitar el avance del Alzheimer y se le concedió pero en esa época no se había pensado en la donación de órganos. (artículo de Martina Keller,  El País Semanal, 20/11/11)