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sábado, 20 de junio de 2026

MILEI

 


De la página de Facebook de María Claudia Orueta

Que tristeza todo. Un presidente impresentable al lado de un corrupto descarado y una turba de desclasados gritando "Presidente presidente" como si estuvieran ante un gran estadista. Todo mi mundo está muriendo. Me siento (e intuyo que como yo se sentirán millones) como el Quijote, añorando un tiempo que ya estaba muerto. Pero sin Sancho Panza para hacerme creer el delirio. Estamos solos. Sin escudero ni piedad. Allí donde nosotros vemos molinos de viento ellos ven cirptomonedas. Allí donde nosotros vemos dignidad ellos ven coimas. Alli donde nosotros vemos lucha ellos ven narcos. 

El mundo se ha vuelto opaco. Lo veo cada día en mis escuelas. Los pibes ya no creen en nada. Nacen vacíos. Los llenan de mierda. Nos cercan los protocolos de burócratas  y perdemos todo contacto. Y mientras tanto el engendro ahí, desencajado en todo sentido presidiendo el país y ella en su balcón de Constitución encerrada. Y nosotros acá tan aturdidos. Tan huérfanos. Tan quijotes sin Sancho Panza. 

Mi tiempo está muriendo. Mi forma de ver el mundo. Mi música. Mis canciones. Y veo en los pibes que frecuento cada día en mis escuelas un vacío que no parece querer tomar la posta. Hablan todo el día de dinero. Es impresionante. Mi hijo de 12 también. Sus compañeritos de la escuela. El tema de esta generación es volverse millonario. Tener dinero. Lamborghinis. Mansiones. Aviones privados. Por eso Adorni no espanta. Porque es la encarnación de la utopía actual. Un tipo cuyo norte es hacerse millonario. Punto. Fin.

Y Adorni lo hizo. Manoteó lo que la oportunidad le ofrecía y listo. ¿Qué tiene eso de malo? ¿Cuál es el problema? Lo banca. Despeinado en el acto oficial por Belgrano que lo hubiera fusilado.

E.T

sábado, 22 de noviembre de 2025

ARTURO

 CUENTO CORTO DE MÓNICA BARDI


Mientras se duchaba, pensaba Arturo: "Uffff, justo un domingo y tengo que hacerle un favor a este amigo". Se vistió parsimoniosamente, pero recordando que el otro lo estaba esperando. Tenían que ir a la casa de la suegra para cambiar la bañera por un plato de ducha, antes que la vieja se resbalara y tuvieran un disgusto. Recordaba Arturo la frase de Benedetti: "aquí no hay viejos. Sólo nos llegó la tarde. Viejo es el mar y se agiganta. Viejo es el sol y nos calienta. Vieja es la luna y nos alumbra". 

Algo raro pasó cuando llegaron: la viejita dueña de casa se presentó muy educadamente y ambos se dieron la mano. Este simple acto de estrecharse las manos, tan común en otros contextos, era algo inusual en éste. La gente no suele darse la mano al presentarse, sino un simple "Hola" o dos besos si hay mas proximidad personal. Despues de esta primera toma de contacto, ella quedó algo perpleja, como hipnotizada; de lo cual Arturo ni se dió cuenta y siguió a lo suyo. 

Mientras hacía cálculos y tomaba medidas algo raro notó. La mujer lo observaba fijamente pero él, mientras continuaba mecánicamente su trabajo,  reflexionó para sí que los ancianos tienen actitudes indescifrables y, además, siempre viven en el pasado sumergidos en sus recuerdos. Así lo atestiguaban unas fotos antiguas que lo miraban desde su color sepia, muy serios, sobre el pequeño escritorio del dormitorio contiguo. Cuando terminó sus cálculos se fue saludando ceremoniosamente. 

"Adiós, papá" susurró la viejita con los ojos llenos de lágrimas. 

Y se despertó. 

domingo, 16 de febrero de 2025

BRAGAS NEGRAS

 


EL PORQUE DEL CALZÓN NEGRO

 Aquí va una pequeña muestra de la picardía dicha en prosa y rima, sin una sola grosería, es de admirar el ingenio y que siendo algo complicado, no incluya palabra obscena:

Salió una anciana del baño,

 Su viejito la miraba

 Y al punto le preguntaba:

“De dónde es el gusto extraño".

 Pues ya llevas varios años

 Usando ropa interior

 De oscuro y serio color,

 Y ya mi vista se aburre,

 ¿Qué acaso no se te ocurre? 

¿Qué eso te da más calor?


 La viejita indiferente

 caminando paso a paso

 Levanta en su mano un vaso y allí sumerge los dientes.

 Al viejo mira de frente para darle explicación.

 Se acomoda en el colchón y guarda una breve pausa,

 Aquí te digo la causa

 De lo negro del calzón.


 Muchos colores usé,

 Pues la carne firme estaba,

 El fuego que me quemaba

 Contigo lo disfruté.

 Hace tiempo lo apagué.

 Por no hacerlo disoluto,

 te fui fiel en lo absoluto.

 Lo que te digo es muy cierto:

 Cuando el pájaro está muerto,

 El nido viste de luto.🌼💜💜🤦🏻‍♂️

sábado, 11 de enero de 2025

NEUROCIENCIA

EL PAIS, 5/1/2025 SOCIEDAD. 

[...] Rafael Yuste, 61 años, madrileño, dirige el Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia (EEUU) pero además trabaja para dar forma inminente al Centro Nacional de Neurotecnología (Spain Neurotech), que se instalará en la Universidad Autónoma de Madrid. 

Cuenta que hace una década, un experimento cambió su vida. "Estudiando la corteza visual de un ratón, pudimos no solamente descifrar lo que estaba viendo, sino manipular su actividad cerebral para hacerle creer que estaba viendo cosas que no estaba viendo. Como si le metiésemos una alucinación en su cerebro. Y el ratón se  empezó a comportar como si realmente estuviese viendo una imagen falsa. Lo manejábamos como una marioneta. Aquella noche no dormí". [...] "Hemos abierto la puerta a unos problemas éticos y sociales gordísimos, como le ocurrió al físico Robert Oppenheimer con la bomba atómica". 

Pregunta: "¿Cómo será el Centro Nacional de Neurotecnología?"

Respuesta: "Tendrá más de 250 investigadores y tres grandes departamentos dedicados a fabricar dispositivos para medir la actividad del cerebro y modificarla. Uno de neurobiólogos, otro de neuroingenieros y otro de inteligencia artificial. Y otros tres departamentos pequeños para coordinar ensayos clínicos en toda España y aplicar las neurotecnologías a los pacientes, una pequeña incubadora de empresas para generar valor económico y otra de ética y derechos humanos. No existe nada similar en el mundo".

Pregunta: "El Ministerio de Ciencia se ha comprometido a poner 120 millones de euros, incluidos 40 millones de los fondos europeos; la Comunidad de Madrid, 78 millones, y la Universidad Autónoma  de Madrid, dos millones ¿Es suficiente?"

Respuesta: "Es fantástico. Ha sido una cosa preciosa, que se tiene que contar. Con la tragedia del covid, llegaron los fondos europeos para reconstruir el tejido tecnológico, industrial y científico. Surgió una oportunidad histórica para la ciencia española y las dos administraciones más enconadas que te puedes imaginar han puesto a la ciencia por encima de sus diferencias. Me he reunido varias veces con Isabel Díaz Ayuso (del PP) como con el presidente Sánchez (del PSOE) y no tengo ninguna queja. Han puesto todo lo que tenían que poner y más". 

[...]Pregunta: "Usted preside la Fundación de Neuroderechos, dedicada a alertar de las implicaciones éticas de la neurotecnología".

Respuesta: "Hemos conseguido que la actividad cerebral esté protegida por ley en cuatro lugares del mundo. Primero fue Chile, que hace tres años se convirtió en el primer país donde se protege la actividad cerebral de la ciudadanía. En 2023 lo hizo el Estado brasileño de Río Grande del Sur, y en 2024 , dos estados de Estados Unidos, Colorado y California, incluyeron leyes de protección de datos cerebrales. También hay proyectos de ley en Uruguay, Ecuador, México y Brasil. 

Pregunta: "¿Y en España?"

Respuesta: "Todavía no se ha hecho nada, pero ha habido dos reuniones". 

El artículo termina diciendo que lo mejor sería una regulación mundial pero que, de momento, es complicado. ........................................................................

Bueno, otra caja de los truenos que se abre, pienso. Otro brutal desafío por delante. Todo avance tiene, como ya sabemos, sus partes buenas y de las otras. Pero lo que a mí me da que pensar mucho, muchísimo, es que los avances tecnológicos que tanto nos sorprenden siempre están relacionados con la economía, o sea, todo eso es caro, carísimo. Y los aparatajes necesarios para llevar adelante esos temas están en manos de LOS MISMOS DE SIEMPRE, o sea, de personas y países con gran poder, es un monopolio... y eso a mi me pone muy nerviosa.

jueves, 19 de septiembre de 2024

AMOR LESBIANO

 

Microrrelato de Mónica Bardi

Escribió con un rotulador en la pared de su piso aquéllas inolvidables palabras: "nuestros cuerpos, impermeables al descrédito, seguirán exudando pasiones, aunque ya no tengamos úteros".

domingo, 12 de marzo de 2023

LA CAÍDA

 


El Palacio de la luna

Paul Auster

Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraordinario: me enteré de que había gente que me quería. Que le quieran a uno de ese modo lo cambia todo. No disminuye el terror de la caída, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caída de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de la gravedad. ¹

jueves, 19 de enero de 2023

HUÉRFANOS

 PADRES EN FUGA por Sergio Sinay

Respecto del asesinato de Fernando Báez Sosa hay una cuestión de la que se habló poco y nada, y que viene operando en las tragedias y crímenes que involucran a jóvenes, sea como víctimas o como victimarios. 

La argentina es una sociedad de hijos huérfanos con padres vivos. La peor orfandad. La que deja hijos a la deriva, sin brújula, sin límites orientadores, sin vectores éticos y conductuales, en una eterna inmadurez psíquica. Padres “amigos” de sus hijos que abandonan su función esencial. Que creen que basta con el aporte económico. Que apoyan, justifican y excusan a sus hijos cuando estos transgreden normas, e incumplen deberes. Que, en lugar de asociarse a los docentes responsables de la instrucción de sus hijos, los agreden física o verbalmente. Que se vanaglorian ante sus hijos de sus propios incumplimientos de deberes, de su propia falta de respeto a los semejantes, de sus propias transgresiones. Que remplazan coraje moral por machismo explícito. Que se desentienden de sus hijos con la frase “No sé qué hacer con él (o ella)”. Que avalan el consumo de alcohol en las previas, las permiten en sus propias casas y se justifican con palabras irresponsables como “Prefiero que tome acá y no en otro lado”. Padres convencidos de que su función es complacer a los hijos en lugar de guiarlos o limitarlos saludablemente, porque en muchas ocasiones frustrar a los hijos es amarlos, cuidarlos y darles herramientas para conducirse en la vida. Padres que avalan y fomentan adolescencias eternas, cobijando adultos que no crecen ni maduran jamás. Padres que temen la mala cara o el mal humor de los hijos y para evitarlos no ponen límites ni normas abandonando sus funciones y responsabilidades. Padres que delegan sus funciones indelegables en docentes, funcionarios, dueños de boliches, proveedores de alcohol y droga o niñeras electrónicas (como son los celulares, internet, las redes sociales).

Como Telémaco (el vástago de Ulises), el hijo de hoy espera desesperadamente el regreso de su padre porque en la ausencia de este todo es desorden, crimen y devastación en el reino de Itaca.

(De la columna de Sergio Sinay “Asesinato y orfandad en Villa Gessell”, publicada en El Día, de La Plata, el 26/1/20)

miércoles, 11 de enero de 2023

CARTA

 



Carta a María Teresa de JUAN GONZALO ROSE GROS

Para ti debo ser, pequeña hermana,

el hombre malo que hace llorar a mamá.

Yo me interrogo ahora

¿por qué no he amado sólo

las rosas repentinas,

las mareas de junio,

las lunas sobre el mar?

¿Por qué he debido amar

la rosa y la justicia

el mar y la justicia,

la justicia y la luz?

Fui un niño como todos.

También mi infancia

la atravezaba un río

y tenía una hora misteriosa

en la cual las palomas

a mi alma obedecían.

Pero me preguntaba

¿por qué en mi calle

la alegría es un viento

fugaz e inesperado?,

¿Por qué no siembran trigo

también sobre mi pecho,

si aquí en mi corazón,

todas las noches

se desbordan los ríos?

Por eso fue la noche

el rostro de mi madre,

astro de cera y llanto

en el cielo apagado de mi celda;

por eso me negaron

el Perú en mi desvelo,

y vanamente grito:

devolvedme mi patria,

devolvedme mi escuela de palomas,

mi casa frente al mar,

devolvedme su calle más pequeña;

su lámpara más rota,

su más ciego lugar.

A pesar de todo esto,

para ti debo ser, pequeña hermana,

el fantasma que vuelca

la sal sobre la mesa,

el mal hado que rompe

las puntas de los días:

y es que a ti te hace daño

ver llorar a mamá.

Mas una tarde, hermana,

te han de herir en la calle

los juguetes ajenos;

la risa de los pobres

ceñirá tu cintura

y andando de puntillas

llegará tu perdón.

Cuando esa hora suene

es que amarás las rosas,

las mareas de junio,

el jardín de diciembre

donde los niños van;

es que amarás mis sueños

y mis cosas,

¡Sabrás por qué se rompe

fácilmente

por la mitad el pan!

Cuando esa hora suene

y se empadrine en mi padre mi orfandad,

iremos de la mano

por las calles de Lima,

en trinidad de gozo:

la risa de mamá.

jueves, 5 de enero de 2023

ESCLAVOS

Cuento de Mónica Bardi

Corría el año 1859 en EEUU y parece que no había escapatoria para el esclavo negro. Samuel ya empezaba a peinar canas y soñaba, tanto dormido como despierto, con volver a la zona libre de esclavitud, en New York, de donde fue secuestrado siendo joven y vendido por unos traficantes como mercancía a otros desgraciados que lo maltrataban. Ya había recibido severos castigos por defender a otra esclava.

Trabajaba de sol a sol en las plantaciones de algodón en Kentucky. Ni siquiera podía leer algo, que tanto le gustaba, en algún minuto libre, para evadirse de esa vida miserable y dejar volar su imaginación a destinos más hospitalarios. Estaba rigurosamente prohibido que los esclavos supieran leer y escribir. Los patrones temían y desconfiaban de esa libertad mental, de ese viaje individual y silencioso que podía proporcionar la lectura. Además, recelaban de esos esclavos que eventualmente podrían  escribir a alguien de zonas libres de esclavitud para pedir ayuda. Por ejemplo, a su familia. Así que Samuel escondía celosamente ese valioso conocimiento aprendido precozmente en el cálido hogar donde había nacido. Dominaba el inglés y el español, hablado y escrito. Temblaba de sólo imaginar los brutales latigazos que recibiría si lo pescaban in fraganti, así que simulaba ser analfabeto, incluso ante los demás esclavos. No podía fiarse de nadie. 

Un día cualquiera, sin embargo, algo inesperado lo impulsó a escapar. Había encontrado tirado un resto de papel de periódico donde se enteró que se estaba gestando una ley en contra de la esclavitud y eso lo animó. Pensó que una vida así no valía la pena de ser vivida y quizás por eso empezó a preparar su fuga. El riesgo que correría sería inmenso porque muchos kilómetros lo separaban de la zona libre. Tenia que remontar el río Kentucky, luego el río Ohio y encontrar por allí lo que llamaban el "ferrocarril subterráneo" que no era ferrocarril ni era subterráneo, aunque así se denominaba coloquialmente a una larga red clandestina de personas, que, a la manera de eslabones, formaban una cadena solidaria hacia la libertad. También los llamaban "carriles" y conducían a estados no esclavistas o a Canadá. Seres generosos ayudaban a esos pobres desafortunados proporcionándoles refugio, escondite, comida y orientación en ese trayecto desesperado, aún sabiendo que estaba penado por la ley. La heroína más conocida de esta red fue una temeraria mujer negra llamada HARRIET TUBMAN que había escapado en 1849 de la plantación hacia Filadelfia. Ella había sufrido terribles daños y vejaciones de su patrón que la habían llevado al borde de la muerte. No obstante, ya libre, con un espíritu más combativo que nunca y encima con un alto precio por su cabeza; había vuelto en numerosas ocasiones a rescatar a más gente, entre ellos a sus padres. Nunca la pillaron. 

Si él pudiera contactar con alguien de esa red... era difícil. No podía confiar en nadie pero la historia de Harriet lo envalentonaba. Por fin, un día Samuel se decidió. Esperó la noche y con el sigilo de un gato se largó a correr a la vera del río que había oído que lo podía acercar al "ferrocarril subterráneo".

                 Harriet Tubman

                             CAPÍTULO II

En el Egipto de los faraones los esclavos eran considerados subhumanos, es decir, no personas, sino cosas y podían hacer con ellos lo que quisieran, incluso matarlos, como quien rompe un jarrón. 

Esta espantosa situación cambió radicalmente en el mundo grecolatino, donde las leyes de Petronio y Cornelia prohibían matar a un esclavo. Incluso los tratos brutales no estaban bien vistos. 

Había varias categorías de esclavos: públicos, que trabajaban sin remuneración como policías, conserjes, secretarias, etc. pero también estaban los privados o domésticos, encargados de la enseñanza secundaria (ludimagister) a los hijos de las familias ricas. A esta última categoría pertenecía Flavio, el otro personaje de esta historia. Procedente de la antigua Grecia, su amo patricio consideraba que tenía mayor y mejor educación que la suya propia. El pobre Flavio, aunque había nacido libre, adquirió la condición de esclavo porque, además de haber contraído deudas que no podía pagar, era prisionero de guerra. 

Los hombres libres y ricos valoraban la cultura aunque miraban con malos ojos la docencia, propia de "seres inferiores" o sofistas, tramposos que se conocían todos los trucos de la retórica para ganar una discusión. Flavio no vivía mal si se portaba bien y obedecía sin chistar todo lo que se le ordenara, aunque mayormente estaba sumergido en sus obligaciones de docente sin demasiadas exigencias. Hablaba, leía y escribía con fluidez griego y latín. Dominaba la filosofía, la poesía y la música y tenía la suerte de que sus alumnos parecían esponjas y por todo se interesaban. Un día cualquiera consiguió permiso para dar un paseo y salió de la casa del amo, en la calle romana de Cardo Maximus con la idea de reflexionar sobre ciertas cuestiones aristotélicas que lo traían de cabeza como el "estado contemplativo", mientras miraba correr las aguas del río Tíber. 

              CAPÍTULO III

¡Ya lo habían visto! ¡Los cazadores de esclavos habían visto a Samuel! ¡Horror! Enloquecido, el negro se lanzó al río a una muerte segura en sus aguas caudalosas. No obstante, logró aferrarse a una ramas podridas que lo hacían retroceder más que avanzar, por el sentido de la corriente. Aún así, a unos pocos kilómetros logró llegar a la orilla opuesta, totalmente extenuado. Al ponerse de pie con gran dificultad quedó perplejo con un inesperado paisaje. Hipnotizado como un zombie, miraba en derredor sin comprender nada. "¿Habría muerto y éste era el otro mundo?" se preguntaba. El entorno salvaje del que había salido dejó paso a una ciudad populosa con aires de antigüedad. ¿Qué era aquéllo?

Superado el primer trance de la delirante situación intentó encajar lo que estaba viendo en un marco racional. Después de todo, era un hombre culto. Y entre muchas otras personas vio a un paseante totalmente absorto en sus pensamientos y, como le pareció inofensivo, se acercó y le balbuceó algo con profunda humildad.  El hombre, sorprendido, salió de su burbuja y le contestó en un idioma desconocido, más sobresaltado por sus extrañas ropas que por su aspecto mojado y miserable. Los dos se miraron durante unos momentos con cierta tensión y luego, como autómatas, retomaron el camino juntos, sin entender nada, confiando solo en sus miradas piadosas y en sus instintos. Después de todo, ambos eran sobrevivientes. 

Fue muy difícil para Samuel y Flavio llegar a comunicarse. El docente pudo ir hilvanando algo gracias a su enorme conocimiento del latín y Samuel se arregló bastante bien con gestos y su dominio del inglés y español. Eran lenguas hermanas, después de todo. 

Flavio le buscó un escondite a Samuel y le trajo comida y ropa, profundamente conmovido cuando vio la espalda del náufrago con las terribles cicatrices de los latigazos. Los dos entendieron que ambos eran esclavos pero que por algún salto mágico ininteligible, se habían encontrado en diferentes épocas y continentes. Pasados unos pocos días de práctica ya podían mantener una conversación sencilla. 

-¿Entonces tú eres maestro? ¿Y puedes ser maestro siendo esclavo?- preguntó Samuel, el norteamericano, muy extrañado.

-Si, no me pagan pero me gusta lo que hago. La mayoría de los docentes romanos somos esclavos- contestó Flavio, acompañándose de gestos para ser comprendido.- Me considero un ser privilegiado, vivo con bastante comodidad; mis alumnos son inteligentes y respetuosos y aunque no pueda tener casa ni familia propia, me conformo. Millones de hombres, mujeres y niños están mucho peor que yo.  

-Ya lo creo, aunque no puedas tener familia.¡Qué pena! Pero al menos puedes leer poesía, filosofía; lo que quieras. Un gran consuelo- dijo Samuel, pensativo mientras rebobinaba la palabra "romanos". Y continuó: -En cambio, yo tenía mujer e hijos en la zona libre de esclavitud hasta que me secuestraron hace 12 años y ahora, como esclavo, no puedo verlos ni comunicarme con ellos. Creerán que estoy muerto. Ni una simple carta les puedo escribir y por eso me escapé.  

- ¿Existen zonas sin esclavitud? Increíble. Pero eso no puede ser: ¿quién hace todo el trabajo?- se extrañó Flavio. 

- Por ley la esclavitud está prohibida en muchos lugares del mundo. Y el trabajo lo hacen personas a las que se les paga. Pero a lo que iba: mis amos, personas muy crueles, jamás deben saber que yo puedo leer y escribir. Es mi gran secreto; si se enteraran, me ahorcarían. Sospecharían de inmediato que podría escribir a mi familia y ellos mandarían un abogado para rescatarme. 

-¿Abogado?

-Si, letrados que defienden a los acusados de algún delito. Concretando: decidí escaparme pero lo que no logro entender es qué misterioso encantamiento me ha traído hasta aquí.  

- Yo tampoco lo entiendo. Algún dios pudo haberte traído. Los dioses son caprichosos. ¿Y de qué siglo dices que eres?

-XIX... después de Cristo, naturalmente.

- ¿XIX? ¡Qué barbaridad! ¿Qué has dicho... después de Cristo? ¿Quién es Cristo?

Samuel se quedó sin habla. Ese hombre era de la época de antes de Cristo. Apenas balbuceó: "Jesucristo". 

Flavio asintió pero sin tener ni idea de quién podría ser ese señor Cristo Jesucristo. "Seguramente un emperador", pensó, siempre dando por sentado que el imperio romano era eterno. "Para que lo usen como punto de referencia, habrá sido muy importante". Y viendo a Samuel tan profundamente interesado en la lectoescritura, le explicó  minuciosamente que su trabajo como educador era transmitir lo escrito por escritores ya muertos que utilizaban su voz, (la suya y la de los otros esclavos lectores), para contar en voz alta lo escrito. Ellos eran meros transmisores, los encarnaban, ya que el escriba se había apoderado de sus cuerdas vocales temporalmente. El espíritu del escribiente había entrado en ellos, sus sirvientes. 

-¿Eso creen? ¿de verdad lo creen? ¿Que el alma del que escribió entró en vuestro cuerpo? ¿Cómo si resucitara? - preguntó incrédulo Samuel.

-Eso es asi, indudablemente. No lo creemos, lo sabemos con certeza-. afirmó rotundo Flavio- ¿y dónde dices que vives?

-En Norteamérica. 

- ¿Norte... qué? No he oído nunca esa tierra. ¿Queda por Hispania, yendo a poniente?

- ¿España? Bueno, para ese lado queda, pero mucho más al oeste, cruzando el océano Atlántico. 

- ¿Atlántico, dices? No conozco ese mar. El mundo termina en las columnas de Hércules. Más al oeste no hay más que agua y luego, la nada. "Non plus ultra". 

Las certezas inapelables de Flavio alejaron a Samuel de cualquier intento de descripción de la historia posterior al imperio romano. Viendo la imposibilidad de contarle la fantástica epopeya del descubrimiento de América y el océano Pacífico por los españoles, optó por cambiar de tema y preguntó cómo se llamaba ese río y esa ciudad donde se encontraban ahora. "El río es Tíber, el emperador es Tiberio y la ciudad es Roma" explicó orgulloso Flavio y a continuación se explayó un poco en describir su presente ante la mirada maravillada del negro, que obnubilado, pensaba: "estoy en el imperio romano... Tiberio... claro... antes de Cristo... no lo puedo creer, este es un sueño del cual no quiero despertar. Tanto que leí sobre el imperio romano y sus inmensas conquistas, sus calzadas y sus acueductos, con todo el Mediterráneo a sus pies". 

     


                         CAPÍTULO IV

Pasaron muchos días en los cuales los dos esclavos estrecharon su amistad y se narraron sus vivencias saltando de sorpresa en sorpresa por sus descripciones de cosmogonías tan distintas. 

Pero ya no había manera de seguir ocultando a Samuel de las autoridades romanas. Así que Flavio, compadecido y temeroso por el futuro, sugirió ir al Templo de la Concordia a pedirle a sus dioses públicos (también había privados) una ayuda urgente para su amigo venido del futuro. Se dirigió a Júpiter, principal deidad de la mitología romana, padre de dioses y de hombres; a su esposa Juno, y a Minerva, la diosa de la sabiduría y les suplicó que  devolvieran a Samuel a su tiempo y a su espacio. Espantado, éste rogó que no lo regresaran al mismo lugar porque su vida corría peligro, pero luego se dió cuenta que no podía pedir tanto. Callado, dejó hacer al otro, que parecía saber mucho más sobre conversaciones con dioses.  

-"Confía en mis dioses" afirmó el maestro, "ellos nos hicieron dueños del mundo. Nuestra polis replica una energía cósmica. A propósito, ¿cuáles son tus dioses? Ni los has nombrado". 

"Somos monoteístas. Tenemos uno solo". 

"¿Uno? ¿Solo uno? ¿Y con eso alcanza?".

"Mucho me temo que no", respondió apesadumbrado Samuel.

"Logice". declaró triunfante Flavio. Y le explicó a Samuel que las ofrendas eran como un pacto contractual. Si los dioses no les hacían caso, él no les rendiría más culto y punto final. "Casi como un contrato comercial. ¡Qué asombroso!" pensó Samuel y recordó a su único dios verdadero, ése que nunca le había ayudado en todos estos años, por mucho que le rezara. "Quizás me iría mejor con estos dioses" razonó con ironía, casi riéndose de sus propios pensamientos. 

Júpiter sumió a Samuel en un profundo sueño, mientras Juno lo acunaba y Minerva le susurraba al oído vaya a saber que cosas en latín. Despertó, en brazos de unos pescadores, justo antes de ahogarse, en el río Hudson, en el estado de Nueva York, a salvo ya de los esclavistas. 

                 CAPÍTULO V

Nunca contó a nadie como había logrado llegar hasta ahí y que había ocurrido en ese mágico salto cuántico. Si hasta él mismo dudaba que todo no hubiera sido más que un sueño del otro mundo. Como Borges, "acaso sueño haber soñado". Sus tres hijos, ya crecidos, se habían acostumbrado a esos extraños trances místicos en los que parecía caer su padre de cuando en cuando, nombrando y agradeciendo a tres remotos dioses paganos y a un hombre llamado Flavio, cuyos nombres sonaban a historias milenarias y al reino de la fantasía. Los hijos pensaban que serían secuelas psíquicas por tanto sufrimiento no superado de su etapa de vida como esclavo. 
Muchos años después, y ya muy, muy viejito, Samuel le contó todo lo sucedido, hasta en sus más mínimos detalles, a su nieta menor Pamela. La memoria había mantenido intacto ese tesoro y su nietita era la primera persona en la que confiaba. Ella le creyó absolutamente todo mientras lo escuchaba con respeto y veneración en sus redondos ojos negros. Todavía era pequeña, podía seguir creyendo.

FIN





domingo, 1 de enero de 2023

DIOS

 

                Foto de Oscar Larco


PROSA DE FERNANDO PESSOA

No creo en Dios porque nunca lo vi. 

Si él quisiera que yo creyera en él, 

sin duda vendría a hablar conmigo 

y entraría por mi puerta 

diciéndome, ¡Aquí estoy! 

(Esto es tal vez ridículo a los oídos 

de quien, por no saber qué es mirar las cosas, 

no comprende a quien habla de ellas 

con un modo de hablar que a reparar en ellas enseña.) 

Pero si Dios es las flores, los árboles, 

los montes y sol y la luz de luna, 

entonces creo en él, 

entonces creo en él a toda hora

y mi vida es toda una oración y una misa, 

y una comunión con los ojos y por los oídos. 

Pero si Dios es los árboles y las flores 

y los montes y la luz de luna y el sol, 

¿Para qué llamarlo Dios? 

Lo llamo flores y árboles y montes y sol y luz de luna; 

porque si él se hizo, para que yo lo vea, 

sol y luz de luna y flores y árboles y montes, 

si él se me aparece como siendo árboles y montes 

y luz de luna y sol y flores, 

es que quiere que lo conozca 

como árboles y montes y flores y luz de luna y sol. 

Y por eso yo le obedezco, 

(¿Qué más sé yo de Dios que Dios de sí mismo?), 

le obedezco viviendo, espontáneamente, 

como quien abre los ojos y ve, 

y lo llamo luz de luna y sol y flores y árboles y montes, 

y lo amo sin pensar en él, 

y lo pienso viendo y oyendo, 

y ando con él a toda hora. 


sábado, 12 de noviembre de 2022

MAL TIEMPO

 

"INSTRUCCIONES PARA CAPEAR EL MAL TIEMPO"

ALEJANDRO ROBINO

En primer lugar, no se desespere y en caso de zafarrancho no siga las reglas que el huracán querrá imponerle.

Refúgiese en la casa y asegure los postigos una vez que todos los suyos estén a salvo.

Comparta el mate y la charla con los compañeros, los besos furtivos y las noches clandestinas, con quien le asegure ternura.

No deje que la estupidez se imponga.

Defiéndase.

A la estética, ética.

Esté siempre atento.

No les bastará empobrecerlo y lo querrán someter con su propia tristeza.

Ríase estentóreamente.

Mófese: la derecha está mal cogida.

Será imprescindible cenar juntos cada día hasta que la tormenta pase.

Son cosas simples, sencillas, pero no por ello, menos eficaces.

Diga hacia el costado buen día, por favor y gracias.

Y la concha de tu madre cuando lo soliciten desde arriba.

Tírele con lo que tenga, pero nunca solo.

Ellos saben cómo emboscarlo en la desprevenida soledad de una tarde.

Recuerde que los artistas serán siempre nuestros.

Y el olvido será feroz con la comparsa de impostores que los acompaña.

Todo va a estar bien si me hace caso.

Sobreviviremos nuevamente, estamos curtidos.

Cuidemos a los pibes que querrán podarlos.

Solo es menester bien pertrecharse y no escatimarnos amabilidades.

Deberemos dejar a mano los poemas indispensables, el vino tinto y la guitarra.

Sonreírles a nuestros viejos como vacuna contra la angustia diaria.

Ser piadosos con los amigos.

No confundir a los ingenuos con los traidores.

Y aún con estos, tener el perdón fácil para cuando vuelvan con las ilusiones forreadas.

Aquí nadie sobra.

Y eso sí, ser perseverantes y tenaces, escribir religiosamente todos los días, todas las tardes, todas las noches.

Aún sostenidos en terquedades si la fe se desmorona.

En eso, no habrá tregua para nadie.

La poesía les duele a estos hijos de puta.


Alejandro Robino: Dramaturgo, Director Teatral, Docente, ha escrito desde 1991 más de diez obras teatrales y dirigido más de veinte entre propias y ajenas. Sus piezas han sido estrenadas y publicadas tanto en Argentina como en el exterior, así como obtenido Premios en la especialidad. Ejerce la docencia en la Universidad de Buenos Aires, en el Teatro del Pasillo y en su taller particular. De continua actividad pedagógica itinerante en su país y en el exterior, ha dictado numerosos cursos, talleres y seminarios en las disciplinas: actuación, dirección, dramaturgia y análisis de texto.

martes, 1 de noviembre de 2022

NOCHE DE REYES

 



Con toda la ilusión del mundo, pusieron los dos hermanitos los zapatos en la chimenea la noche de reyes. Y se fueron a la cama mirando hacia atrás y quizás pensando: "¡cuánto falta para mañana!".

El arbolito de Navidad hacía guardia con su tenue iluminación. Los padres estaban sospechosamente silenciosos, hasta que por fin todos se durmieron bajo la atenta mirada de las estrellas. En medio de la noche Mónica despertó sobresaltada. Pudo ver con total nitidez a los 3 reyes magos, sonrientes, espiando detrás de la puerta del dormitorio. Cerró los ojos con fuerza haciéndose la dormida. 

Por fin la luz del día fue clareándolo todo y los niños saltaron de la cama a la caza de los regalos: un oso grande de peluche, una bicicleta pequeña... el papel de envolver crujía mientras reía, de tanto que se divertía.

En cierto momento Mónica advirtió algo raro: al lado de sus zapatos, en un lugar poco visible, había un ratoncito muerto. Su preciosa gata Mimi también quiso recibir un regalo. 

lunes, 3 de octubre de 2022

EL BESO EN EL VASO

Pintura de Fernando Izaguirre

LEÍ ESTO EN ALGUNA PARTE Y ME GUSTÓ MUCHO. PERO NO SÉ QUIÉN LO ESCRIBIÓ. 

En secreto / recogí el vaso en que habías bebido / y lo llevé a mi casa. / Por las tardes, cuando llego del colegio, / lo coloco debajo del grifo / y veo flotar un beso en el agua. 

                            

domingo, 26 de junio de 2022

94 AÑOS

Extraído del muro de Gabriel Bobrow.

Me llaman Lilo pero mi verdadero nombre es Liselotte Leiser de Nesviginsky. Tengo 94 años, nací en Berlín, en una familia judía que era dueña de una importante cadena de zapaterías y llegué a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. Soy viuda luego de haber estado casada más de 50 años con un hombre extraordinario, buen compañero de vida y aventuras. Mi único hijo se llama Jorge, 58 años. Soy, también, una sobreviviente del nazismo. Claro que ese calificativo no alcanzaría para definirme como persona, pero creo que es una forma posible de empezar a presentarme. Voy a ir por partes. La cadena de zapaterías de mi familia, "Leiser", llevaba nuestro apellido y tenía más de treinta y cinco sucursales.

Para el año 1933 aproximadamente estuvo de visita en uno de nuestros negocios Alberto Enrique Grimoldi, el conocido fabricante argentino de zapatos, hijo a su vez de quien fundó esa empresa en 1895. Alberto había venido para aprender en los negocios de mi familia todo lo relacionado con la atención al cliente, la venta de calzado al público, la comercialización del producto.

Recuerdo como si fuera hoy que Alberto se sentó en banquito de madera de esos que se usaban entonces para ver en detalle, en vivo y en directo como se dice ahora, el procedimiento que utilizaban los vendedores de la firma. Ninguno de nosotros podía imaginar la importancia que tendría ese hombre que de tal modo se cruzó con nuestras vidas para siempre. Pasaron los años y la oscura estrella de Hitler siguió ascendiendo en una Alemania que se volvía cada vez más peligrosa y temible.

En el año 33 la cadena Leiser, cuyas fotografías pueden verse hoy en el Centro Conmemorativo del Holocausto de Montreal, fue "arianizada" y, como consecuencia de ese despojo cruel y racista, mi familia fue obligada a "asociarse" en forma compulsiva con una persona no judía y así pasar el negocio a manos "arias". En noviembre de 1938 se produjo la tristemente célebre noche de los cristales rotos, esa que quedó en la historia de Alemania con el nombre de Kristallnacht

A partir de ese episodio vinieron ataques permanentes y cada vez más duros contra los judíos con persecuciones de todo tipo. Sin ir más lejos, ya unos años antes, yo asistía a un liceo de señoritas hasta que a la edad de catorce años fui notificada por una profesora diciéndome, con una sonrisa entre cínica y fría, pero también como un alerta de lo que se venía, que debía buscar inmediatamente otro lugar ya que por ser judía no podría continuar estudiando en ese liceo.

Cuando la situación se volvió intolerable para todos nosotros, mis padres decidieron viajar conmigo desde Berlín a Holanda procurando buscar un lugar más seguro y tranquilo.

Recuerdo ese momento crítico y angustiante con el mayor detalle que mi débil memoria permite. Íbamos a embarcarnos, creo, en un avión de la línea Lufthansa. En la aduana los SS nos desnudaron por completo para comprobar que no lleváramos joyas escondidas en el cuerpo. Así era la vida entonces. En Amsterdam mi familia poseía también una cadena de zapaterías conocida como Huff, no tan grande como la de Alemania, pero igualmente importante y prestigiosa. En el nuevo destino no disfrutamos de la suerte esperada. En mayo de 1940 también ese país fue invadido y ocupado por los nazis. Ante el riesgo de perder también los negocios en Amsterdam se produjo la segunda y milagrosa intervención de Grimoldi, quien se hizo cargo de la cadena en Holanda mediante una operación comercial obviamente ficticia y con la promesa de devolver el patrimonio recibido no bien terminara la Guerra. Un verdadero pacto de caballeros. También aunque yo era muy joven para conocer el detalle sé que cuando mi familia aún estaba en Alemania le envió dinero a él con la sola promesa de palabra de que luego lo devolvería.

Y así fue. A veces me preguntan por qué mi familia confió tanto en Grimoldi. La respuesta es mucho más simple de lo que podría suponerse. Mis padres decidieron asumir el riesgo y, así, aferrarse a la promesa de ese hombre que, en un mundo que se les caía encima, les generaba confianza. A veces en la vida hay que dar un espacio a los valores permanentes de la condición humana.

Lo que pasó después es algo muy triste de contar y evocar para mí. Un día, a las seis de la mañana yo estaba parada y como perdida en la puerta de nuestra casa en Amsterdam; en la noche anterior había salido a bailar con unos amigos en un bar de las cercanías cuando llegaron los de la Gestapo. Debo advertir que un poco antes de eso, en un último y desesperado intento de prevención y anticipo de la tragedia inminente, mi familia obtuvo a cambio de una fuerte suma de dinero pasaportes costarricenses.

Fueron otorgados por el conde Rautenberg, cónsul por entonces de ese país centroamericano. Me animo a decir que la posesión de esos documentos que nos brindaron la ciudadanía de un país que jamás conocimos nos salvó la vida. Y no exagero. De no contar con ellos nuestro destino seguro eran las cámaras de gas de Auschwitz.

Pero aún con esa ventaja adicional nos llevaron primero a un colegio grandote donde dormíamos en el piso en condiciones muy precarias y finalmente terminamos alojados en el campo de concentración de Westerbork, un lugar de tránsito en realidad. Fue el mismo donde estuvo Ana Frank, la autora del famoso diario íntimo, antes de ser trasladada a Auschwitz para matarla como ya lo habían hecho los nazis con una tía mía, su esposo y su pequeña hija. En Westerbork dormíamos en barracas ruinosas y fuimos tratados como animales o menos que eso. De un lado pusieron a los hombres y del otro a las mujeres. Hacíamos nuestras necesidades en letrinas asquerosas, simples agujeros cavados en el piso, y nos limpiábamos con papel de diario cuando había. Las camas, de dos o tres pisos de alto, eran de hierro y con colchones de paja. Por las mañanas nos lavábamos como podíamos en los mismos bebederos que se usaban para el ganado. Tengo de esa época un recuerdo insignificante pero, quién sabe por qué, muy importante para mí. Secretamente me hice una almohadita rellena con crines de caballo que llevé y usé en todos los lugares por donde anduve en la vida. Aún hoy la conservo.

Dentro de todo, y en comparación con los demás, tuve suerte porque una prima mía ya estaba en el campo y se había hecho amiga de uno de los médicos que trabajaban ahí. Si no me equivoco se trataba del doctor Spanier, también judío y obligado a trabajar como todos en el hospital del lugar. Yo, usando un brazalete que todavía conservo al igual que la estrella amarilla que nos obligaban a llevar en todo momento, trabajé en el hospital como cocinera. Para alimentar a mis padres y a otras personas juntaba a escondidas viejas cáscaras de papas, zanahorias o batatas y con eso, más algunos huesos que encontraba por ahí, preparaba una especie de sopa horrible que sin embargo sirvió de alimento para muchos.

Lo que sigue a esta historia tiene que ver con la ansiada liberación. Llegó al lugar una autoridad de la cancillería alemana y constató la autenticidad de nuestros pasaportes costarricenses. Hacia 1944 nos trasladaron entonces a un campo de refugiados en Francia llamado la Bourboule. Una semana después se produjo el desembarco en Normandía y, qué emoción me da contarlo ahora, nos abrazamos todos llorando y corrimos hacia los alambrados de púas, los cortamos casi con los dientes y gritamos la palabra libertad, libertad, libertad, una, dos, cien veces. Una nueva vida empezaba para mí en ese instante.Y lo vivido entonces fue inolvidable para mí, para mis padres y para las demás víctimas judías o de otro origen que habían conseguido sobrevivir a una vida espantosa en el mejor de los casos, o a una muerte segura. Dado que conocíamos a gente amiga y familiares en Uruguay nos embarcamos hacia ese país, más precisamente a Montevideo, donde, en el barrio de Pocitos, permanecimos alojados durante aproximadamente nueve meses en una pensión. 

Queríamos ingresar a la Argentina pero eso no parecía posible por razones políticas: sabemos que la Argentina puso trabas para la inmigración de los judíos durante esa época.

Es entonces cuando se produce la tercera y nuevamente milagrosa aparición de Alberto Enrique Grimoldi, a quien por supuesto no olvidábamos. Él tenía contactos a diferentes niveles gubernamentales de Argentina y actuó como garante personal para permitir nuestra llegada a este país. Parece que le dijo al gobierno, presidido entonces por Perón, que nuestro conocimiento era fundamental para potenciar sus planes en la empresa. Acto seguido Grimoldi devolvió a mi familia el dinero y todo el patrimonio de los negocios de Holanda que habían quedado a su nombre, un gesto que mi familia conoce muy bien y que rescato en mi memoria como un tesoro inapreciable y eterno. Es curioso lo que pasó después o... lo que no pasó.

Junto a mi marido me dediqué a la actividad turística, llegamos a organizar el primer contingente de viajeros argentinos a la Antártida, la vida siguió su curso. Pero lo cierto es que finalmente perdí todo contacto con los Grimoldi. Alcancé a saber que el hombre que nos había ayudado tanto en momentos de grave riesgo para mi familia había muerto. Si no me equivoco en 1953. Todo lo vivido pareció entonces perderse para siempre en el olvido. Un día, no sé por qué, me puse en campaña junto a Virginia, una gran amiga y asistente, para ubicar a los Grimoldi. Fue como querer retomar en parte el hilo que se había roto. Ayudó en tal sentido un artículo aparecido en un diario donde se mencionaba a esa familia y su historia con algún detalle. Virginia, bastante más moderna que yo en el manejo de Internet y esas cosas, se ingenió para dar con Grimoldi hijo, el actual presidente gerente de la empresa. Le enviamos juntas un mensaje electrónico y así se retomó el vínculo. Fui invitada a una reunión convocada en la fábrica con toda la familia para que yo contara el comportamiento que tuvo Alberto con nosotros. Eso fue muy emocionante para todos. Lo que dije en ese encuentro lo repito ahora. Ojalá todos los hombres actuaran como lo hizo Grimoldi. Su hijo, Alberto Luis, es el actual presidente y gerente de la empresa y más allá de eso es, debo decirlo con todas las letras, un amigo permanente de la familia que nunca se olvida de nosotros

Tengo 94 años y pese a todo lo pasado y sufrido estoy feliz de estar aún en el mundo.

miércoles, 12 de mayo de 2021

EL BANQUITO

 "Nos dejamos la vida cuando amamos, cuando vivimos. El fondo se desvela solo a aquél que logra rehacerse en plena caída transformándola en vuelo"

                                      HANNAH ARENDT


Canta Serrat: "de vez en cuando la vida nos besa en la boca y a colores se despliega como un atlas..."



Año 2016, Sancti Petri, Chiclana, Cádiz, España. Pequeño bar familiar bastante cutre con toldo azul al aire libre. Viento de Levante. Pequeño puerto pesquero, voces y fichas de dominó. Risas y comentarios que sólo esos viejos pescadores con sobrepeso y pelo blanco son capaces de entender a fuerza de sobreentendidos. El y ella sentados en una mesita bajo el toldo azul en medio de la vieja y abandonada almadraba. 

Serrat canta: "...de vez en cuando la vida se hace de nuestra medida, toma nuestro paso y saca un conejo de la vieja chistera". 

Y efectivamente el conejo debe haber salido de la vieja chistera, porque "alguien" con una varita mágica transforma un momento agradable pero casi habitual, en algo excepcional que nos brinda una nueva y emocionada mirada. Algo no inmanente se apodera del entorno. Entonces todo se ilumina y brilla con una luz diferente. Las dimensiones de la realidad han cambiado, las percepciones se han alterado y como si de una epifanía se tratase se oye una música que no existe. El tiempo de enlentece y cambia de sabor. 

El banquito. Ese vulgar banquito de madera y los sorprendentes e infantiles recuerdos del hombre alrededor de ese banquito. El banquito multiusos desata primero la sonrisa de ella y luego la risa. Pero no sabe exactamente de qué se ríe. Quizás la divierta que un insignificante, humilde y gastado objeto de antigua madera atraiga tanto la atención de él. ¿Tantas historias ya pasadas contiene el dichoso banquito? Lo absurdo e insólito de la situación le da todavía más risa. ¿O será la varita mágica que la ha drogado? ¿¡ O será la felicidad!?

El banquito de marras, objeto indispensable para coser viejos calcetines, para apoyar los vasos cuando la mesa está ocupada con las fichas de dominó, para que los niños pequeños se trepen y puedan alcanzar la ansiada y elevada caja de galletas y quién sabe cuántas aplicaciones más, adquiere de repente una personalidad propia con una historia centenaria que ella desconocía por completo. 

Lo mira y lo vuelve a mirar y esta vez es ella la sorprendida. Hasta los árboles añosos que sobreviven a la ruinosa almadraba ríen a carcajadas sacudidos por el viento de Levante, mientras el banquito nos cuenta su centenaria vida. El calor aprieta pero no es momento de quejarse. "...nos regala un sueño tan escurridizo que hay que andar de puntillas por no romper el hechizo", sigue cantando Serrat. 

En una pared cercana a punto de derrumbarse alguien pintó a una mujer azul que huye mirando de soslayo con ojos atemorizados. Ha robado un atún de la almadraba y se lo lleva con los dedos crispados. Ella solita simboliza a millones de mujeres que roban para darle de comer a sus familiasy seguramente la mujer azul usó el banquito multiusos.

"...de vez en cuando la vida afina con el pincel, se nos eriza la piel y faltan palabras, para nombrar lo que ofrece a los que saben usarla". Otra vez Serrat. Todo esto ha creado una magia, ha propiciado esta atmósfera en la que él, con su brillante mirada color miel, se transformó como por ensalmo en quién realmente era, abandonó sus máscaras y mostró su esencia. A partir de ahí hablaron un lenguaje sin palabras que solo ellos dos son capaces de entender.  


viernes, 5 de marzo de 2021

ARGENTINOSAURUS I

En este viaje de verano en la caravana súper- nueva que habían comprado "con mucho sacrificio", como no se cansaba de repetir su madre Selene a toda la parentela, para que no pareciera que estaban forrados en dólares; la niña Luna aprovechaba para disfrutar libre como un pájaro en esa infinita Patagonia argentina. Estaban  descansando padre, madre e hija, haciendo la comida, al borde de la ruta 40, en Buta Ranquil, cuando la niña vió una enorme mosca muerta en el suelo. La movió con un palito y la observó detenidamente. 

Luna razonó de la siguiente manera: "si todos tenemos un esqueleto, las moscas también deben tener uno. Seguro, muy, muy pequeño y delgado pero esqueletito al fin.  (Los conocimientos de biología de la pequeña eran todavía muy limitados).

Basada en esta hipótesis de trabajo hizo un pocito en el suelo y la enterró cuidadosamente. Esperó un tiempo prudencial (a su juicio) para que se le pudriera toda la carnecita, o sea, un par de días. Al cabo de ese tiempo y presa de enorme curiosidad se puso a desenterrarla con su palita pero no encontraba nada, así que siguió y siguió cavando y siguió cavando en la tierra haciendo un hoyo cada vez más profundo hasta que ella misma se perdió de vista. De repente apareció un hueso. "Pero es enorme para ser el de la mosca", pensó. Eso la estimuló a seguir y fueron apareciendo más y más huesos como los de un animal de un tamaño de un perro grande. Eran tantos que fabricó una repisa de tierra para ir armando el esqueleto como había aprendido con sus juegos apasionantes de paleontología. 




Ya era de noche y estaba totalmente concentrada en la tarea cuando llegó esa voz que siempre la agarraba en el mejor momento: "¡¡A comeeeeerrrr!!" aulló su madre, el ser más inoportuno de todos los existentes. La madre de Luna se llamaba Selene (que es luna en griego), porque había como una tradición familiar con llamar a las niñas con el nombre de nuestro romántico y omnipresente satélite natural, "espejo del tiempo", como dijo un poeta. Resoplando contrariada, Luna salió del agujero llena de tierra y fue directamente a ducharse para evitar las insoportables  indagaciones del "ojo que todo lo ve", el PANÓPTICO: su madre, mientras pensaba: "Cuándo seré libre, mein Gott". Al día siguiente, voló tempranísimo de la cama. Estaban de viaje de vacaciones, menos mal, no tendría que perder el tiempo yendo al cole. La profe era una pesada que nunca acertaba con lo que a ella le gustaba. Se metió en su agujero secreto y buscó con la linterna a su interesantísimo esqueleto, que, inesperadamente le dijo: "Bueno, niña, ¿ me vas a terminar de armar?". Sobresaltada, gritó: -"¡¡Ohhhh, como la novia cadáver!!" 

-"¡No, no soy la novia cadáver, soy argentinitosaurus!"-parloteó el esqueleto ya de pie, con una voz ancestral y rarísima, pero por lo menos castellana. "No te asustes, por favor". La niña tragó saliva, su corazoncito bajó la frecuencia cardíaca un poco, y, armándose del resto de valor que le quedaba, dijo, toda transpirada y con un hilillo de voz: "¿argintiniwhatttttt?"


-"Argentinitosaurus, hijo de argentinosaurus huinculensis. Me dijo mi mamá que somos el espécimen más grande que nunca caminó por el planeta"- afirmó muy digno el espécimen óseo. "Estoy muy cansado de estar 97 millones de años enterrado, necesitaba ver la luz del sol y lo que más quiero es estar al lado de mi mamá". 

-"Pero, pero" -protestó la niña- "¿dónde está ella? ¡Además, eso es absurdo, tú estás muerto y ella, seguramente también". 

-"Bueno, pero yo quiero estar muerto al lado de mi mamá muerta, por supuesto. Somos fósiles, pero tenemos sentimientos, ¿sabés? Sufrimos mucho, nos liquidó un meteorito, una bola de fuego inmensa que dejó el planeta a oscuras muchos años. Eso lo sabe todo el mundo". 

-"Pero, pero, ¿cómo vamos a encontrar a tu mamá? Puede estar enterradísima, como tú. Yo te encontré por casualidad". 

"Si, pero también puede estar "corpore insepulto".  O a lo mejor la encontraron, siendo gigantesca como era y está expuesta en un museo". 

"Un fósil culto...¡qué cosas! Casi no le entiendo, bueno, a ver como resolvemos esto. Yo te quiero ayudar aunque no sé cómo, argentinitoetcétera. A propósito, me llamo Luna". Los dos tenemos nombres muy originales, ¿verdad? Tendremos que recurrir al Dr. Google para hacer algunas averiguaciones". 

"¿Un paleontólogo?"

"No precisamente. Pero es muy útil. Ya verás". Trajo la niña el laptop y, ante la mirada atónita del fósil, empezó a teclear y lo encontró: "José Bonaparte (vaya con el nombrecito, podría formar parte de este club de nombres raros): paleontólogo argentino considerado el MAESTRO DEL MESOZOICO, fue autodidacta y fundó, a los 19 años, con un grupo de amigos, el Museo Municipal de Ciencias Naturales de Mercedes, provincia de Buenos Aires, su ciudad natal. Halló el CANOTAURUS SASTREI, el primer fósil de dinosaurios con cuernos y el ARGENTINOSAURUS HUINCULENSIS, considerado el dinosaurio más grande que caminó sobre la Tierra. Vivió en el cretácico superior. Está en el museo municipal CARMEN FUNES, PLAZA HUINCUL, PROVINCIA DEL NEUQUÉN. 

MUSEO CARMEN FUNES

Había un dibujo del gran ejemplar y Luna se lo mostró al argentinito, que gritó: "¡Ésa es, ésa es mi mamá, la reconozco porque...porque...es mi mamá y por las manchas del lomo! ¿Dónde está?"

"Qué buen identikit", pensó Luna. "Ahora hay que llevarlo hasta el museo. Es lejos. ¿Cómo lo haré? Mientras pensaba en todo esto aprovechó para enterarse que no iba a encontrar ningún esqueletito de mosca porque ellas son artrópodos que tienen exoesqueleto, es decir, como una cáscara externa que se pierde junto con el resto de los tejidos blandos. Bueno, suspiró Luna, todos los días se aprende algo. 

De pronto, tuvo una idea: pediría la ayuda de los científicos más cercanos: los del museo de su ciudad, Mercedes, provincia de Buenos Aires. Cuando Luna mandó una foto por e-mail de su esqueletito, en el museo hubo una pequeña revolución porque los paleontólogos inmediatamente se dieron cuenta de la importancia del descubrimiento. Y contestaron por correo electrónico: "Qué extraordinario ejemplar para nuestro museo. Todos estaremos muy orgullosos, Luna. Tráelo lo más pronto posible y no lo comentes mucho, que sea nuestro secreto, ¿OK? O mejor: iremos nosotros a recogerlo, no sea cosa que se pierda. Ya sabemos dónde estás por tus coordenadas del celular". 

"¡Ehhhhh, noooo, momento, él quiere estar con su mamá, que está en el museo de Plaza Huincul, en la provincia del Neuquén" -replicó por WhatsApp alarmada Luna. 

"Pero eso no es posible, su mamá está lejos, en la provincia del Neuquén; imagínate toda la burocracia que hay que hacer para cambiar de provincia" replicó alarmado el paleontólogo, que veía esfumarse a su extraordinario fósil como arena entre los dedos. 

"Ya lo sé, ¡pero es lo que él quiere y espera hace millones de años!"- se desesperó Luna. 

"Luna, ¿qué estás diciendo? ¿No ves que no siente ni padece?: está muerto, es un fósil y su lugar está aquí, tú lo has descubierto y ésta es la ciudad donde has nacido".

Arrastrando los pies y con infinita pena, Luna se arrepintió muchísimo de haber recurrido a ellos. Volvió a la caravana, se metió en la cama y rompió a llorar. "Pobrecito argentinito...los mayores no entienden que los fósiles tienen sentimientos, en realidad, los mayores no entienden nada ¿Y yo, para qué habré abierto la boca?  Ya me tienen localizada por el celular. ¿En quién podría confiar para llevar a mi argentinito al lado de su mamá?" No tardó mucho tiempo en darse cuenta que ésa era la primera batalla perdida de su corta vida: no había nada que hacer. 

Continuará.

jueves, 2 de mayo de 2019

OTRA DE FILÓSOFOS.

Tras oír que Platón definía al hombre como "un animal de dos patas sin plumas", el filósofo Diógenes le envió a la academia, un GALLO DESPLUMADO, con un comentario: "Aquí está el hombre de Platón".
Éste, entonces, de vio obligado a añadir a su definición: "...con uñas anchas y planas".

viernes, 5 de noviembre de 2010

LEVITEMOS, CHEEE!!!

Leo en el diario que el padrino (Dr. Geim) de la tesis doctoral del último jovencísimo premio Nobel de Física una vez hizo un experimento guiado por la inspiración y la curiosidad.
Logró hacer levitar ranas en un campo electromagnético, mereciendo por ello el IgNobel (premio .alternativo y humorístico). ¿No es sorprendente? Yo no sé que sintieron las ranas porque no se los he preguntado...pero yo sí QUIERO LEVITAR, SÍ, SÍ QUE QUIERO...!!!