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sábado, 27 de mayo de 2023

¡VAYA PAREJA!

 


Cuento corto de Mónica Bardi: el sol y la luna. 

Parece un milagro, aunque los científicos dicen que no lo es; que todo ha sido aparentemente casual pero regido por estrictas leyes físicas, aunque aclaran que el azar también ha tenido mucho que ver. Los tamaños y las distancias pusieron a esos cuerpos celestes de manera tal que sus dimensiones coinciden exactamente con los kilómetros que los separan y forman un círculo perfecto en las lunas llenas y en los eclipses, por ejemplo. 

 Se recortan, se esconden, se escinden, se turnan, se reflejan y cada 24 horas el espectáculo sufre eternas e imaginativas versiones. ¡Qué misterio, qué burla se traen esos dos, qué requiebro romántico habrá en esa incesante persecución!

Difícil es creer que esa depurada  escenografía no oculten a un burlón titiritero, cuando cada dia el dorado y la plateada juegan al escondite sin medir las consecuencias. 

Indiferentes a las mareas aquí, en la Tierra y a sus distantes compañeras, allá, en las estrellas. Mientras tanto, unos raros monos desnudos, los sapiens, no dejan de hablar de ellos, de estudiarlos, de escribirles poesías y de observarlos. ¡Si hasta pisaron el suelo de la plateada! ¡Qué osadía! A ella le enviaron unos extraños artilugios que se han quedado a vivir en su polvorienta superficie sin  siquiera pedir permiso. Al dorado no se le animan: es demasiado caliente y beligerante y podría lanzar una flamígera lengua ardiente cuando le dé la gana. 

Dicen los científicos que la Tierra parió a la Luna. Fue un acontecimiento brutalmente catastrófico para nuestra limitada visión de humanos pero un hecho insignificante para el cosmos, acostumbrado como está a engullir inmensas estrellas con sus famosos agujeros negros. ¡Vaya familia! ¡Todo es tan descomunal, tan violento en ese cielo engañosamente sereno!

Por eso, mejor tumbarse en el césped, bajo nuestra querida y protectora atmósfera terrestre y disfrutar de la grandiosidad mirando caminar a una hormiga. 



sábado, 6 de marzo de 2021

ARGENTINOSAURUS II

 

            FLORENTINO AMEGHINO

                    JOSÉ BONAPARTE. 

Florentino Ameghino murió en 1911 y José Bonaparte en 2020. Uno a principios del siglo XX y otro a principios del siglo XXI. Vivieron tiempos distintos, pero compartieron una pasión: la prehistoria y sus habitantes. 

Quizás por eso, en vez de ir a cielos o infiernos, se quedaron, después de muertos, merodeando en donde más cómodos se sentían: los museos de historia natural,  mientras seguían conversando sobre sus respectivos trabajos, investigaciones y taxonomía. Las novedades científicas volaban y ellos no querían quedarse atrás. 

"¿Te enteraste que encontraron a un hijo del gigantón que descubriste en la Patagonia, José?" preguntó Florentino, hojeando el diario. 

"No. Cuéntame"- contestó Bonaparte, mientras miraba un trilobite con una lupa. 

"Estos jóvenes investigadores no leen el diario: pasan de todo" pensó Florentino pero no dijo nada. "Resulta que una niña encontró un esqueleto casi entero de un argentinosaurus bebé, a poca profundidad, al lado de la ruta 40, cerca de donde tú encontraste al primer ejemplar". 

"¡Bien por la niña!" se alegró José. "Lo llevarán al museo de plaza Huincul, junto al otro ejemplar, seguro y podremos ir a verlo". 

"Ahí te equivocas, se lo llevaron, casi por la fuerza, unos funcionarios del museo de Mercedes, porque, como sabrás, es una joya que muchos ambicionan"se lamentó Florentino. 

"¡Pero eso no puede ser!" casi gritó Bonaparte, apartando bruscamente la vista de la lupa. "Ese tesoro pertenece a la provincia del Neuquén"

"Así es la política, mi amigo, todos se quieren colgar la medallita, pero ya hay un litigio en marcha, que, como te imaginarás, durará una eternidad entre sellos y papeleos, abogados y oficinas... claro que a nosotros nos da igual. Tenemos toda la eternidad para ver cómo se resuelve. La que me da lástima es la niña, que parece que está muy triste, ya que ella habló con el esqueletito del saurus y éste extraña a su mamá. El saurito querría estar a su lado. Naturalmente, nadie le creyó". 

"¿Y nosotros no podemos hacer nada? "musitó José, muy pensativo. 

Florentino lo miró, también pensativo: "como no vayamos al programa de la tele de Iker Jiménez, Cuarto milenio, no se me ocurre más nada. Con la burocracia que inventamos estando vivos, no hay nada que hacer: nos pedirían hasta la vacuna del último perro que tuvimos. Y robarlo no podemos porque buscarían culpables entre los vivos: sería injusto". 

"Sin embargo" los ojos de José se iluminaron de golpe con una luz sobrenatural, como en todos los difuntos suele ocurrir, porque para eso están kaput. "Algo muy loco sí podemos hacer...pero llevará mucho tiempo".

"Tiempo es lo que nos sobra, José, cuéntame tu idea". 

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"Ya sé lo que voy a estudiar de mayor, mamá: paleontología" anunció Luna a Selene, con una prometedora sonrisa, saliendo de su melancolía y de su aislamiento. 

"Anda ya, niña, déjate de pavadas. Vas a estudiar odontología, como tu padre y tu abuelo. El futuro asegurado, que es lo más importante"-dijo Selene, sin dejar de hacer veinte cosas a la vez, como todas las mujeres y más, si son madres,  pero con una secreta alegría de ver a su hija otra vez contenta. 

"Si, mami, dientes estudiaré, pero los de los fósiles; ya verás, y de hambre no me moriré, ma, en todo caso heredaré tu piso". 

"¿Mi piso? Ja, ja, después de la guerra civil con tus hermanos te quedará medio dormitorio, con suerte.  Pero volvamos al tema de marras, todo esto se te ocurrió por lo del argentinito, ¿verdad, tesoro? Eso te afectó mucho". 

"No, mami, no es por el esqueletito, es porque hace varias noches que vengo charlando con 2 paleontólogos famosos y ellos me interesaron mucho en estos temas. Me contaron historias fabulosas de antropólogos que trabajan en la sierra de Atapuerca hace más de 20 años, en Burgos,  en España. Ya veré luego en qué me especializo porque la prehistoria es un período de tiempo inmenso, ¿sabías, mamá? Es una maravilla. Todo, todo me lo están contando ellos. 

"Ah, claro... hablas con ellos por Internet".

"No, mami, ellos ya murieron, hablo con ellos face to face, como quien diría. "

Selene se acercó alarmada a su hija y le tocó la frente: "¿otra vez sin fiebre y hablando con fantasmas?" pensó y al borde de un ataque de ansiedad, interrogó a Luna. 

"Dime, hijita de mi alma, desvelo de mis días y mis noches, tesoro de mi cuore ¿quiénes son esos señores con los que hablas, en lugar de dormir?"

"Florentino y José". 


Continuará.








viernes, 5 de marzo de 2021

ARGENTINOSAURUS I

En este viaje de verano en la caravana súper- nueva que habían comprado "con mucho sacrificio", como no se cansaba de repetir su madre Selene a toda la parentela, para que no pareciera que estaban forrados en dólares; la niña Luna aprovechaba para disfrutar libre como un pájaro en esa infinita Patagonia argentina. Estaban  descansando padre, madre e hija, haciendo la comida, al borde de la ruta 40, en Buta Ranquil, cuando la niña vió una enorme mosca muerta en el suelo. La movió con un palito y la observó detenidamente. 

Luna razonó de la siguiente manera: "si todos tenemos un esqueleto, las moscas también deben tener uno. Seguro, muy, muy pequeño y delgado pero esqueletito al fin.  (Los conocimientos de biología de la pequeña eran todavía muy limitados).

Basada en esta hipótesis de trabajo hizo un pocito en el suelo y la enterró cuidadosamente. Esperó un tiempo prudencial (a su juicio) para que se le pudriera toda la carnecita, o sea, un par de días. Al cabo de ese tiempo y presa de enorme curiosidad se puso a desenterrarla con su palita pero no encontraba nada, así que siguió y siguió cavando y siguió cavando en la tierra haciendo un hoyo cada vez más profundo hasta que ella misma se perdió de vista. De repente apareció un hueso. "Pero es enorme para ser el de la mosca", pensó. Eso la estimuló a seguir y fueron apareciendo más y más huesos como los de un animal de un tamaño de un perro grande. Eran tantos que fabricó una repisa de tierra para ir armando el esqueleto como había aprendido con sus juegos apasionantes de paleontología. 




Ya era de noche y estaba totalmente concentrada en la tarea cuando llegó esa voz que siempre la agarraba en el mejor momento: "¡¡A comeeeeerrrr!!" aulló su madre, el ser más inoportuno de todos los existentes. La madre de Luna se llamaba Selene (que es luna en griego), porque había como una tradición familiar con llamar a las niñas con el nombre de nuestro romántico y omnipresente satélite natural, "espejo del tiempo", como dijo un poeta. Resoplando contrariada, Luna salió del agujero llena de tierra y fue directamente a ducharse para evitar las insoportables  indagaciones del "ojo que todo lo ve", el PANÓPTICO: su madre, mientras pensaba: "Cuándo seré libre, mein Gott". Al día siguiente, voló tempranísimo de la cama. Estaban de viaje de vacaciones, menos mal, no tendría que perder el tiempo yendo al cole. La profe era una pesada que nunca acertaba con lo que a ella le gustaba. Se metió en su agujero secreto y buscó con la linterna a su interesantísimo esqueleto, que, inesperadamente le dijo: "Bueno, niña, ¿ me vas a terminar de armar?". Sobresaltada, gritó: -"¡¡Ohhhh, como la novia cadáver!!" 

-"¡No, no soy la novia cadáver, soy argentinitosaurus!"-parloteó el esqueleto ya de pie, con una voz ancestral y rarísima, pero por lo menos castellana. "No te asustes, por favor". La niña tragó saliva, su corazoncito bajó la frecuencia cardíaca un poco, y, armándose del resto de valor que le quedaba, dijo, toda transpirada y con un hilillo de voz: "¿argintiniwhatttttt?"


-"Argentinitosaurus, hijo de argentinosaurus huinculensis. Me dijo mi mamá que somos el espécimen más grande que nunca caminó por el planeta"- afirmó muy digno el espécimen óseo. "Estoy muy cansado de estar 97 millones de años enterrado, necesitaba ver la luz del sol y lo que más quiero es estar al lado de mi mamá". 

-"Pero, pero" -protestó la niña- "¿dónde está ella? ¡Además, eso es absurdo, tú estás muerto y ella, seguramente también". 

-"Bueno, pero yo quiero estar muerto al lado de mi mamá muerta, por supuesto. Somos fósiles, pero tenemos sentimientos, ¿sabés? Sufrimos mucho, nos liquidó un meteorito, una bola de fuego inmensa que dejó el planeta a oscuras muchos años. Eso lo sabe todo el mundo". 

-"Pero, pero, ¿cómo vamos a encontrar a tu mamá? Puede estar enterradísima, como tú. Yo te encontré por casualidad". 

"Si, pero también puede estar "corpore insepulto".  O a lo mejor la encontraron, siendo gigantesca como era y está expuesta en un museo". 

"Un fósil culto...¡qué cosas! Casi no le entiendo, bueno, a ver como resolvemos esto. Yo te quiero ayudar aunque no sé cómo, argentinitoetcétera. A propósito, me llamo Luna". Los dos tenemos nombres muy originales, ¿verdad? Tendremos que recurrir al Dr. Google para hacer algunas averiguaciones". 

"¿Un paleontólogo?"

"No precisamente. Pero es muy útil. Ya verás". Trajo la niña el laptop y, ante la mirada atónita del fósil, empezó a teclear y lo encontró: "José Bonaparte (vaya con el nombrecito, podría formar parte de este club de nombres raros): paleontólogo argentino considerado el MAESTRO DEL MESOZOICO, fue autodidacta y fundó, a los 19 años, con un grupo de amigos, el Museo Municipal de Ciencias Naturales de Mercedes, provincia de Buenos Aires, su ciudad natal. Halló el CANOTAURUS SASTREI, el primer fósil de dinosaurios con cuernos y el ARGENTINOSAURUS HUINCULENSIS, considerado el dinosaurio más grande que caminó sobre la Tierra. Vivió en el cretácico superior. Está en el museo municipal CARMEN FUNES, PLAZA HUINCUL, PROVINCIA DEL NEUQUÉN. 

MUSEO CARMEN FUNES

Había un dibujo del gran ejemplar y Luna se lo mostró al argentinito, que gritó: "¡Ésa es, ésa es mi mamá, la reconozco porque...porque...es mi mamá y por las manchas del lomo! ¿Dónde está?"

"Qué buen identikit", pensó Luna. "Ahora hay que llevarlo hasta el museo. Es lejos. ¿Cómo lo haré? Mientras pensaba en todo esto aprovechó para enterarse que no iba a encontrar ningún esqueletito de mosca porque ellas son artrópodos que tienen exoesqueleto, es decir, como una cáscara externa que se pierde junto con el resto de los tejidos blandos. Bueno, suspiró Luna, todos los días se aprende algo. 

De pronto, tuvo una idea: pediría la ayuda de los científicos más cercanos: los del museo de su ciudad, Mercedes, provincia de Buenos Aires. Cuando Luna mandó una foto por e-mail de su esqueletito, en el museo hubo una pequeña revolución porque los paleontólogos inmediatamente se dieron cuenta de la importancia del descubrimiento. Y contestaron por correo electrónico: "Qué extraordinario ejemplar para nuestro museo. Todos estaremos muy orgullosos, Luna. Tráelo lo más pronto posible y no lo comentes mucho, que sea nuestro secreto, ¿OK? O mejor: iremos nosotros a recogerlo, no sea cosa que se pierda. Ya sabemos dónde estás por tus coordenadas del celular". 

"¡Ehhhhh, noooo, momento, él quiere estar con su mamá, que está en el museo de Plaza Huincul, en la provincia del Neuquén" -replicó por WhatsApp alarmada Luna. 

"Pero eso no es posible, su mamá está lejos, en la provincia del Neuquén; imagínate toda la burocracia que hay que hacer para cambiar de provincia" replicó alarmado el paleontólogo, que veía esfumarse a su extraordinario fósil como arena entre los dedos. 

"Ya lo sé, ¡pero es lo que él quiere y espera hace millones de años!"- se desesperó Luna. 

"Luna, ¿qué estás diciendo? ¿No ves que no siente ni padece?: está muerto, es un fósil y su lugar está aquí, tú lo has descubierto y ésta es la ciudad donde has nacido".

Arrastrando los pies y con infinita pena, Luna se arrepintió muchísimo de haber recurrido a ellos. Volvió a la caravana, se metió en la cama y rompió a llorar. "Pobrecito argentinito...los mayores no entienden que los fósiles tienen sentimientos, en realidad, los mayores no entienden nada ¿Y yo, para qué habré abierto la boca?  Ya me tienen localizada por el celular. ¿En quién podría confiar para llevar a mi argentinito al lado de su mamá?" No tardó mucho tiempo en darse cuenta que ésa era la primera batalla perdida de su corta vida: no había nada que hacer. 

Continuará.

viernes, 4 de mayo de 2012

LUNA LUNERA CASCABELERA....

LA LUNA GRANDE
En las noches del próximo sábado día 5 y el domingo, día 6, habrá la “Luna grande”. La Luna estará en fase llena, pero se verá más grande de lo normal, de verdad, no por efecto óptico. Resulta que hay mucha gente que cree que cuando la Luna llena se ve cerca del horizonte es más grande que cuando está en lo alto del cielo y lo atribuye a que está más cerca, pero esto no es así. Cuando la Luna llena se ve grande es por un efecto óptico al compararla con el paisaje que tiene muy cerca; en cambio, cuando está en lo alto del cielo no tiene ningún paisaje a su alrededor y se produce el efecto óptico de verla más pequeña; por lo tanto es un fenómeno aparente, no real.
Pero… el próximo sábado y domingo veremos salir la Luna por el horizonte doblemente grande: por el efecto óptico y porque realmente estará más cerca. Resulta que el perigeo (mínima distancia a la Tierra) tendrá lugar tan sólo unos minutos después de la fase Llena (que tendrá lugar por la madrugada del domingo); esto hará que se vea un 14% más grande y un 30% más luminosa que cuando coincide la Luna llena con el afelio (máxima distancia). La última vez que esto sucedió fue hace más de un año: el 19 de marzo de 2011.