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viernes, 9 de diciembre de 2022

CARLA

 

Déjame soñar, déjame imaginar. Ya estoy vieja. A esta edad es más fácil fantasear y armar coincidencias echando mano de viejos recuerdos apilados a través de los años, ecos de historias pasadas. Déjame fabular...

Él ya llegó luego de un largo vuelo intercontinental. Su mujer lo esperaba. Son las 4 de la madrugada. Se fue a duchar y luego cayó rendido en la cama. Ella se desveló y empezó a desarmar la maleta: allí venía un montón de ropa linda, nueva y de buen precio comprada en el otro país. Con sorpresa y alegría sacaba cosas y más cosas que eran más que simples cosas: eran vehículos de amor, de interés por la otra persona. 

Desenvolvió ese libro dedicado a ella y lo empezó a hojear. Mas cosas llevaba esa valija: la pintura de pequeño formato de la inolvidable Bombi bull dog francés, la tablet, las zapatillas de colores. Todo salía de esa galera mágica entre sonrisas y revuelo como regalo anticipado de Navidad. Del entusiasmo de tanta novedad, ella se desveló y se recostó al lado de él, ignorando sus ronquidos, haciendo a un lado los papeles de envolver de los regalos. Estaba tan contenta. Todo había sido tan positivo. 

Nada de esto parecía real después de tantos meses malísimos con la pandemia. Un nuevo proyecto les sonreía desde el viejo continente, que no por decadente resultaba menos atractivo. Al igual que otros hitos en la vida de una persona, ese momento se paladeaba más que la propia materialización. Como decía Punset: "la felicidad está en la sala de espera de la felicidad". Y entonces, soñando e imaginando, Carla se quedó dormida. 



sábado, 14 de mayo de 2016

NUESTROS APARATOS ESTÁN MUY CONTENTOS

PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ
                               
                                   JULIO CORTÁZAR (Historias de cronopios y de famas)

"Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo, con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes.
No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj

Mi tablet y mi smartphone están contentos. Les regalaron una Mónica que va a cuidar de ellos. Los va a cargar, los va a cuidar y no los va a llevar a lugares donde se los puedan robar...