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jueves, 27 de julio de 2023

LOLA GAOS

 


HOMENAJE A UNA PERSONA ÍNTEGRA

Poco antes de morir Lola Gaos participó en un capítulo para televisión que creo fue su último trabajo antes de abandonarnos para siempre. Estoy hablando de  hace 30 años. 

Lola, que no era demasiado mayor pero se encontraba muy mal físicamente, estaba viviendo prácticamente en la miseria y subsistía de una manera muy penosa. Bien es verdad que su carácter era fuerte y era incapaz de andar picando puertas para mendigar un  papel. 

Yo había escrito  el  guión de aquel capítulo y todavía no la conocía personalmente, pero como me habían comunicado su situación, pedí que la contrataran. 

Recuerdo que un día el realizador me invitó a que me desplazara al lugar del rodaje, un pueblo casi abandonado, donde ella debía salir a la puerta de su casa para atender a una señora que acudía allá  para preguntarle por algún familiar ya fallecido. Mientras se rodaba esta escena, me encontraba por allá, detrás de las cámaras, curioseando. En un momento dado, Lola abrió la puerta de la casa y ante mi estupor dijo a la visitante con un gesto duro , un tono destemplado y su típica voz aguardentosa:

- ¿Qué cojones quiere?

Cuando se acabó de rodar la escena, me acerqué al realizador  y le hice ver que en el guión no figuraba esa palabra con tanta fama de malsonante. Y él, quizás temeroso de enmendarle la plana a una actriz tan conocida que había trabajado a las órdenes de Berlanga, de Bardem y de Buñuel, y que había sido premiada como mejor intérprete de cine español por su participación en “Furtivos”, me sugirió que hablara con ella para intentar corregirla. Con mucho respeto me dirigí a ella para decirle que aquel sonoro cojones no estaba en el guión. Entonces, ella, con su tremenda voz y su convincente gesto de pocos amigos, me contestó de inmediato:

- A ver, a ti te despiertan cuando estás echando la siesta en la tranquilidad de un pueblo como este  y … ¿qué es lo que dices cuando abres la puerta?

- Pues sí, Lola, yo diría lo  que tú has dicho, tienes razón.

Así se acabó el debate y se dio por buena la toma, sin dar ni una  vuelta más a la situación. Días más tarde su personaje moría en una calle de pueblo en un día gélido, tiroteada la pobre por un joven policía. A pesar de su salud delicada, Lola cayó al frío y duro suelo, donde permaneció hasta que el realizador consideró que debía levantarse, mientras el policía y todos los demás temblábamos de frío. Después, hizo un par de tomas más sin rechistar y con una enorme profesionalidad. Esa era Lola Gaos, la militante comunista a quien nadie jamás hizo abjurar de sus convicciones políticas. Ni con oro molido lo hubieran conseguido. Poco más tarde, Lola Gaos moría, pero en esta ocasión de verdad. Todavía no había cumplido los 72 años. 30 años después, en esta época de chaqueteos y componendas en la que la extrema derecha se pone cada día más pesada persiguiendo a personas a las que llaman siempre rojos, despectivamente, quiero que estas líneas sean un pequeño homenaje para ella, ya que en vida probablemente nadie le ofreció el que merecía.    JUAN OSÉS 

martes, 29 de marzo de 2011

DR. ARTURO ILLIA: I DE INTEGRIDAD.



DR,USTED ESTÁ CATALOGADO COMO UN HOMBRE HONESTO
RESPONDIÓ EL DR ":MIRE AMIGO YO, NACÍ HONESTO ¿PARA QUE IBA A CAMBIAR?"

Illia en pijama
 
Fue derrocado por sus aciertos y no por sus errores.
Tuvo el coraje de meter el bisturí
en los dos negocios que incluso
hoy más facturan en el planeta :
los medicamentos y el petróleo.
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Fue la ética sentada en
el sillón de Rivadavia
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Por
Alfredo Leuco Columnista político de
Radio Continental  en el programa
“ Bravo.Continental ” conduce
Fernando Bravo L a V de 13 a 17
Columna leída al aire el Lunes 15 de noviembre
             
El sábado, en su glorioso recital, Jairo contó una vivencia estremecedora de su Cruz del Eje natal.
Una madrugada su hermanita no paraba de temblar mientras se iba poniendo morada. Sus padres estaban desesperados. No sabían que hacer. Temían que se les muriera y fueron a golpear la puerta de la casa del médico del pueblo.
El doctor Arturo Illia se puso un sobretodo sobre el pijama, se trepó a su bicicleta y pedaleó hasta la casa de los González. Apenas vio a la nenita dijo: “Hipotermia”.
“No se si mi padre entendió lo que esa palabra rara quería decir”, contó Jairo.
La sabiduría del médico ordenó algo muy simple y profundo. Que el padre se sacara la camisa, el abrigo y que con su torso desnudo abrazara fuertemente a la chiquita a la que cubrieron con un par de mantas.
“¿No le va a dar un remedio, doctor?”, preguntó ansiosa la madre.
Y Arturo Illia le dijo que para esos temblores no había mejor medicamento que el calor del cuerpo de su padre.
A la hora la chiquita empezó a recuperar los colores.
Y a las 5 de la mañana, cuando ya estaba totalmente repuesta, don Arturo se puso otra vez su gastado sobretodo, se subió a la bicicleta y se perdió en la noche.
Jairo dijo que lo contó por primera vez en su vida.
Tal vez esa sabiduría popular, esa actitud solidaria, esa austeridad franciscana lo marcó para siempre. El teatro se llenó de lágrimas.
Los aplausos en la sala denotaron que gran parte de la gente sabía quien había sido ese médico rural que llegó a ser presidente de la Nación.
Pero afuera me di cuenta que muchos jóvenes desconocían la dimensión ética de aquél hombre sencillo y patriota. Y les prometí que hoy, en esta columna les iba a contar algo de lo que fue esa leyenda republicana.

Llegó a la presidencia en 1963, el mismo año en que el mundo se conmovía por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y lloraba la muerte del Papa Bueno, Juan XXIII.

Tal vez no fue una casualidad. El mismo día que murió Juan XXIII nació Illia como un presidente bueno. Hoy todos los colocan en el altar de los próceres de la democracia.

Le doy apenas alguna cifras para tomar dimensión de lo que fue su gobierno.
El Producto Bruto Interno (PBI) en 1964 creció el 10,3% y en 1965 el 9,1%. “Tasas chinas”, diríamos ahora.
En los dos años anteriores, el país no había crecido, había tenido números negativos.
Ese año la desocupación era del 6,1%.
Asumió con 23 millones de dólares de reservas en el Banco Central y cuando se fue había 363.
Parece de otro planeta. Pero quiero ser lo mas riguroso posible con la historia. Argentina tampoco era un paraíso.
El gobierno tenía una gran debilidad de origen.
Había asumido aquel 12 de octubre de 1963 solamente con el 25,2% de los votos y en elecciones donde el peronismo estuvo proscripto.
Le doy un dato mas: el voto en blanco rozó el 20% y por lo tanto el radicalismo no tuvo mayoría en el Congreso.
Tampoco hay que olvidar el encarnizado plan del lucha que el Lobo Vandor y el sindicalismo peronista le hizo para debilitarlo sin piedad. Por supuesto que el gobierno también tenía errores como todos los gobiernos.
Pero la gran verdad es que Illia fue derrocado por sus aciertos y no por sus errores.
Por su histórica honradez, por la autonomía frente a los poderosos de adentro y de afuera.
Tuvo el coraje de meter el bisturí en los dos negocios que incluso hoy mas facturan en el planeta: los medicamentos y el petróleo. Nunca le perdonaron tanta independencia. Por eso le hicieron la cruz y le apuntaron los cañones. Por eso digo que a Illia lo voltearon los militares fascistas como Onganía que defendían los intereses económicos de los monopolios extranjeros. El lo dijo con toda claridad: a mi me derrocaron las 20 manzanas que rodean a la casa de gobierno.

Nunca más un presidente en nuestro país volvió a viajar en subte o a tomar café en los bolichones. Nunca mas un presidente hizo lo que el hizo con los fondos reservados: no los tocó.
Nació en Pergamino pero se encariñó con Cruz del Eje donde ejerció su vocación de arte de curar personas con la medicina y de curar sociedades con la política.
Allí conoció a don González el padre de Marito, es decir de Jairo.
Atendió a los humildes y peleó por la libertad y la justicia para todos.

A Don Arturo Humberto Illia lo vamos a extrañar por el resto de nuestros días. Porque hacía sin robar. Porque se fue del gobierno mucho mas pobre de lo que entró y eso que entró pobre. Su modesta casa y el consultorio fueron donaciones de los vecinos y en los últimos días de su vida atendía en la panadería de un amigo. Fue la ética sentada en el sillón de Rivadavia.
Yo tenía 11 años cuando los golpistas lo arrancaron de la casa de gobierno. Mi padre que lo había votado y lo admiraba profundamente se agarró la cabeza y me dijo:-" Pobres de nosotros los argentinos. Todavía no sabemos los dramas que nos esperan."

Y mi viejo tuvo razón. Mucha tragedia le esperaba a este bendito país. Yo tenía 11 años pero todavía recuerdo su cabeza blanca, su frente alta y su conciencia limpia.
Y yo, Mónica Bardi, emigrada a España por no poder aguantar más los dramas que nos llegaron (como dijo el padre del relator, Y EL MÍO).Por intentar un futuro mejor para mí y mis hijos. Por ser cobarde por no quedarme y modificar, aunque sea con un granito de arena la mala situación decadente que veía ante mis ojos. (Claro que en lugar de un grano de arena hubiera necesitado un meteorito). Sea como sea, nunca, NUNCA, olvidé a ese gran hombre y no sé si esos grandes hombres saben lo que constituyen para nosotros, los que éramos jóvenes,( ahora que ya no lo somos) y podemos ver la historia en perspectiva.
¿Cuántos piensan como yo? Sería un buen termómetro para calibrar la atmósfera moral de nuestro querido y desgraciado país. Díganme, ¿Cuántos piensan como yo?