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jueves, 9 de junio de 2022

MICROLILIPUTIENSES

 


Vivencias de CARLES TÀVEC

Hoy me siento más internacionalista que nunca. Casi un cobayo andante: dos de Sputnik, una de Pfizer y ayer la de Moderna, que pintaba bien hasta que me desperté a las 10 con bastante dolor en la zona del pinchazo y un estado cercano al de haberme caído de la cama. Nada que no se supere con acetaminafeno pues no tengo ácido acetil salicílico ni ningún otro ácido a mano. Cuando me miré al espejo escuché: «Loco, este año cumplís 70, ¿qué pretendés de vos?». Y ahí caí en la cuenta. Me faltaría una dosis de CanSino o de Sinopharm y otra de AztraZeneca y ya podría declararme ciudadano del mundo.

Lo que voy a contar ahora por favor no lo divulguen porque enseguida aparecen los comentarios condenatorios y empiezan a decir que me faltan algunos jugadores o que estoy «chapita». 

Desde muy temprano escucho voces. Una habla ruso, otra chino, una tercera francés, una cuarta alemán y una quinta inglés. Estas voces hablan todas juntas y arman una especie de Torre de Babel cuyos murmullos me perturban más de lo soportable. Mucho se habló de que con las vacunas venía un nanochip que nos iba a convertir en esto o aquello, pero yo creo que en verdad con el suero ingresaron unos microliliputienses que se alojaron en nuestro cerebro, y como cada fabricante de vacunas tiene sus objetivos geopolíticos y su manera de enfocar los problemas, los discursos me sumen en la indeterminación. Contraté a un intérprete multilingüe para que me traduzca los diálogos, pero a pesar de que comparto mis auriculares con él dice no escuchar nada. ¿Cómo puede ser? Además, el muy ladino me reclama el pago de los honorarios pues dice que no es su culpa si los microliliputienses están durmiendo o se fueron de parranda. ¡Pocas veces vi semejante descaro!

                            CARLES TÀVEC

lunes, 24 de mayo de 2021

BONDAD

 



La importancia de vivir en "Bondad"

Decidir ser buenos, no por solo  concepción religiosa, ni por la recompensa del cielo,  sino por voluntad, por ser el pináculo más elevado de la  inteligencia del hombre, nuestra verdadera naturaleza. 

Una forma de hacer ciencia diferente, dedicada al beneficio universal, son la de los dos científicos: Jonas Edward Salk, investigador médico y virólogo estadounidense, que junto a Albert Bruce Sabin, también científico virólogo, polaco, nacionalizado estadounidense, decidieron no  patentar sus vacunas, las que erradicaron la poliomielitis, renunciado a la suma millonaria, que de ellas pudieron haber obtenido.  Realmente seres bondadosos,  humanista, en favor de la vida. Porqué no imitarlos, porqué no revolucionamos con la bondad, porqué a la humanidad le cuesta practicar la bondad, porqué nos hacemos cada vez menos inteligentes, y somos insensibles, deshumanizados ¿ Por qué?                                   

No hay patente. ¿Acaso se puede patentar el sol? dijo Salk.

Que nada nos haga creer, que ser bueno, es ser débil  o tonto, todo lo contrario.

Mi amigo, el doctor Juan Carlos Elverdin, me recuerda que César Milstein, argentino,  tampoco quiso patentar los anticuerpos monoclonales. Hoy, 25 de mayo de 2021, día de la patria, le rindo un homenaje sincero a César Milstein.