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viernes, 2 de abril de 2021

MALVINAS

 


Por Roberto Valero.

El 2 de Abril de 1982, se comenzaba a escribir una de las páginas más trágicas de la historia Argentina que paradójicamente llenó de héroes la nación, generalmente no reconocidos llegados al continente; ese día tropas Argentinas desembarcaron y recuperaron las Islas Malvinas. La secuencia de acontecimientos comienza en 1979. El empresario Argentino Constantino Davidoff, firmó un contrato para el desguace de las instalaciones balleneras abandonadas en la islas Georgias del Sur. Para ello el gobierno británico autorizó el movimiento de barcos Argentinos por la zona, por ello no llamaba la atención ver por la zona el Rompehielos Irizar. El 19 de Marzo de 1982 Davidoff se traslado a la Georgias en el buque “ARA Bahía Buen Suceso” y allí, junto con los operarios argentinos, izaron la bandera Argentina. Ello provocó que el Reino Unido enviara al buque “Endurance”, radicado en Malvinas para sofocar esta provocación. El 23 de marzo, el comandante del Grupo Naval Antártico recibió la orden de trasladarse con el buque “ARA Santísima Trinidad” en apoyo de los obreros; arribó el 24 de Marzo y equilibró la situación. El justo reclamo de soberanía sobre las islas hubiese quedado ahí, pero en Buenos Aires la junta militar estaba jaqueada por el creciente descontento social, y aprovechó el conflicto para dar inicio a una operación que se venía gestando desde la asunción de Galtieri como presidente. Bajo las órdenes y coordinación del almirante Jorge Isaac Anaya se inició la “Operación Rosario”. En el lapso de 5 días movilizó toda la flota Argentina y la infantería de marina hacia las islas Malvinas apoyados por la fuerza aérea y el ejército. La noche del 1 de Abril el submarino “ARA Santa Fe” desplegó buzos tácticos que balizaron una playa cercana a Puerto Argentino y en la mañana del 2 de Abril desde el “ARA Cabo San Antonio” empezaron a bajar los anfibios rumbo a la playa del faro San Felipe. Las tropas argentinas encontraron focos de resistencia, pero para la noche todas las autoridades y los Marines británicos se habían rendido: se había iniciado “La Guerra de Malvinas”.

74 días después, el lunes 14 de junio de 1982, la Argentina se rindió formalmente y así finalizó la Guerra de Malvinas. En total la Argentina envió a más de 23 mil combatientes; Galtieri subía y pisoteaba a los 649 argentinos que fallecieron. De ese total, casi la mitad murieron con el hundimiento del crucero General Belgrano, que fue atacado por el submarino nuclear inglés HMS "Conqueror" en momentos en que navegaba a 35 millas al sur de la zona de exclusión determinada por Gran Bretaña alrededor de las Islas Malvinas. De los 1.093 tripulantes que tenía a bordo, murieron 323, casi la mitad del total de muertos argentinos en la guerra; y unos 770 lograron sobrevivir en balsas inflables, pero debieron esperar varios días en el mar, con temperaturas bajo cero, para ser rescatados. Su hundimiento marcó una antes y después de la guerra. Además, fallecieron 255 británicos y tres civiles isleños. Estimaciones de asociaciones de ex combatientes aseguran que fueron entre 350 y 500 los veteranos que terminada la guerra SE QUITARON LA VIDA. "Váyanse ustedes, que tienen hijos. Yo me quedo” gritó Oscar Ismael Poltronieri mientras disparaba contra más de 600 ingleses desde el Monte Dos Hermanas en las Islas Malvinas hace 37 años. 

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ANÓNIMO. Historia de un valiente. 

Oscar Ismael Poltronieri con 18 años y siendo analfabeto, por sus acciones de combate durante la batalla del "Cerro Dos Hermanas" en la Guerra de Malvinas, quien era operador de una ametralladora, y desoyendo la orden de retirada y quedándose combatiendo él solo, permitió el repliegue de todos sus compañeros (más de 150 soldados incluidos sus superiores) a zonas seguras y disparando al enemigo con su única boca de fuego. Impidió el avance de todo el dispositivo ofensivo británico durante más de 10 horas.

No podía moverse por estar herido. Prefirió quedarse cubriendo la retirada de sus compañeros, consciente de que, herido como estaba, los iba a retrasar . Solito, herido y de noche, se bancó enfrentar a los soldados más profesionales del mundo.

Por este acto recibió la medalla "La Cruz de la Nación Argentina al Heroico Valor en Combate". Es el único soldado conscripto vivo en recibir la máxima condecoración que otorga nuestra Nación.

Luego de la Guerra, Oscar, intento suicidarse, vendió baratijas en los colectivos y trabajó de remisero.

Pero lo más importante fue que soldados y oficiales ingleses lo buscaron para expresar su admiración por él y fue condecorado en Inglaterra con "La Cruz de Hierro al Valor".

En los colegios de nuestro país los alumnos NO lo conocen,  NO saben quién es.

La historia es contar, narrar los acontecimientos, hechos, junto a sus personajes los verdaderos protagonistas. Al contar y compartirlo colaboramos con el maravilloso proceso de construcción de la memoria y el honor de un pueblo, de una Nación Argentina y su transmisión a las generaciones.


"...Los únicos héroes que se mueren son los que se olvidan..."

viernes, 1 de mayo de 2020

CONSPIRACIONES EN LA BUHARDILLA.

Si la casa de la calle Espora hablara, Steven Spielberg vendría corriendo, cámara en ristre. Primera planta (sin ascensor), ciudad de Témperley, a pocos metros de la iglesia católica y enfrente, en diagonal, de la iglesia metodista.
La historia de estas dos familias, que fueron alternativamente propietarias del lugar, se extiende a los años de mi adolescencia, adultez y vejez.
 En esos años fui testigo esporádico de las idas y venidas de esas personas que tuvieron tanta influencia en la construcción de mi subjetividad.
Alrededor de los años sesenta y pocos, algunas alumnas del colegio Nuestra Señora del Huerto ( hoy rebautizadas las aleluyantes niñas del orto) nos solíamos reunir en la casa de la calle Espora, generalmente en la buhardilla, que era bastante grande y el centro de nuestras conspiraciones. Allí vivía la familia Fernández,compuesta por Manolo, el padre, María Luisa, la madre, Carlos (el hermano mayor) y Pilar (Pily para los íntimos, la más chica) que era nuestra compañera del colegio.
Yo recuerdo el enorme cariño que me inspiraba esta simpática familia.
Años años más tarde entendí que una puede estar cómoda en familia ajena mucho más que en la propia, porque en las primeras nos tratan con la cortesía y la amabilidad con las que se atiende a una invitada y, por más confianza que se tenga, las familias no desnudan sus mambos ni pelean delante de extraños. En síntesis: en todos lados se cuecen habas, pero con los invitados se disimula lo mejor posible. 
Magdalena, una señora mayor gallega, era el ama de llaves de dicha familia y tenía la función principal de chivatear todo lo que acontecía en esa casa en ausencia de los padres. Cómo éramos adolescentes y rebeldes, los chismes de la señora Magdalena eran, desde todo punto de vista, INAGOTABLES ya que material para andar chusmeando no le faltaba.
Y así era como se armaban los quilombos entre padres e hijos (y amigos de los hijos).
Mientras tanto, los jóvenes planeábamos largos y elaborados planes de venganza contra la pobre vieja bruja, aunque nunca la sangre llegó al río; pero es que no había río porque sangre sí que hubo. Entre los recuerdos más inocentes ha quedado éste que me recordó Stellita.
Magdalena ignoraba que había una comunicación secreta entre la cocina, abajo y la buhardilla, arriba, por un boquete hecho para la chimenea del calefón.
Aprovechando esa circunstancia la llamábamos por el agujero con voz de ultratumba, repitiendo al son de una campanilla: "¡Magdalenaaaaa, te habla la voz de tu concienciaaaaaaaa!"
Y ella contestaba, toda cagada: "¡Ay, ay, guapas, ¿dónde estáis?, por el amor de Dios bendito, ¿dónde estáis?"
Nuestro objetivo era asustarla lo suficiente como para que no siguiera chivateando, aunque jamás hubo resultados tangibles. Siguió bocinando. Botonear y soplar era lo suyo, lo llevaba en su esencia.
Flora, al revés que Magdalena, era una joven de edad parecida a la nuestra, pero con una diferencia sustancial: era sirvienta. Hoy en día se les dice "asistentas" o "empleadas del hogar" y el trato hacia ellas parece haber evolucionado para mejor.
La pobre Flora buscaba desesperadamente parecerse a Pily, la "niña rica", en cuya casa servía y vivía.
Nosotros, en esa época y a esa edad, carecíamos en absoluto de dulzura o comprensión hacia la gente desfavorecida.
Antes bien, la despreciábamos bastante porque para nosotros eran unos "negros de mierda", dejando meridianamente claro que un negro de mierda podía ser rubio y de ojos celestes, ya que era la condición y la educación lo que marcaba la diferencia y no el aspecto físico. Era nuestra verdad, injusta, xenófoba (palabra que creo que ni existía) y cruel. ¿A qué negarla, por qué maquillarla?
A lo sumo, dejar constancia de que con los años mejoramos y nos volvimos más piadosas y democráticas porque el mundo fue cambiando y nuestra consciencia también. 
Lo que quedó claro es que la concurrencia a una escuela católica no mejoró nuestro punto de vista, más bien todo lo contrario: éramos elitistas. Por suerte, el  tiempo y los cambios sociales se ocuparon de barrer con esos sentimientos propios de la época (junto con el machismo).
Pero a lo que iba: la pobre Flora, en su afán de parecerse a Pily, se compraba la misma ropa, lo cual a esta última, cómo es de imaginar, la hinchaba como una cobra de un encantador de serpientes saliendo de su cesta. ¿Cómo iba a vestirse igual la niña de la casa que la humilde cenicienta? ¿En qué mundo se ha visto esa paridad social?
Un funesto día apareció la rutilante Pily con un elegantísimo abrigo (tapado en Argentina) color turquesa, que se había comprado nada menos que en la galería Alvear, donde tenía una boutique María Rosa, la mujer de Nano, el socio de Manolo, el padre de Pily.
A la pobre Flora le faltó tiempo para ir y comprarse el mismo modelo con el mismo color. Las iras de nuestra querida compañera sólo eran comparables a una tormenta tropical.
Basados en ésta, en el fondo, inocente anécdota tomamos clara conciencia de los enormes prejuicios en los que estábamos inmersos en esa época y en Argentina.
Lo que más me llena de satisfacción es que estoy recontrasegura de que hoy, en ese aspecto, somos mejores personas. Cuando digo mejores personas, más comprensivas, más tolerantes y viendo el mundo desde otro lugar, me refiero estrictamente a nuestro pequeño grupo de egresadas (y no a todas porque a veces hay silencios elocuentes), ya que la sociedad en general, visto lo visto, parece contener más odio y estar más polarizado, tanto en Argentina como en el resto del mundo al que tengo acceso informativamente.  Hete aquí que hemos caído sin quererlo en el mundo de las ideas y, a propósito de ello, la filósofa española Adela Cortina acuñó la palabra APOROFOBIA, que, en breves palabras, significa odio a los pobres y que, según variados indicadores, va en aumento.
Según George Friedrich Hegel, filósofo alemán idealista, el deseo no está en el deseo en si, sino que el otro quiere una cosa, pero la quiere porque es el deseo, a su vez, de otra persona. ES EL DESEO DEL DESEO y quien logre en esa lucha, acceder a ese deseo, representado en una COSA (el tapado turquesa de Pily) y lo haga de su propiedad determinará quiénes mandan y quiénes obedecen. Hegel murió de una epidemia de cólera en 1831. Lo digo porque las epidemias están de moda.
A fin de cuentas, el deseo es el deseo de someter a otros, la esencia intrínseca del homo sapiens y su apego al poder. 
Me fui a la mierda, ¿no? Y bueno, un poco de despegue al etéreo mundo de las ideas no viene mal de vez en cuando y si pensamos que Hegel introdujo la dialéctica en la filosofía y cada movimiento surge como solución a las contradicciones del movimiento anterior, las Aleluyantes niñas del orto hemos resuelto nuestras diferencias de juventud fomentando una amistad que ha sido capaz de dejar atrás todo lo que ya no importa.

sábado, 7 de enero de 2012

¿HACEMOS BALANCE?

Aquí está resumido todo lo que nos empujó a emigrar. Yo no pasé por todo eso porque, a los 40 años, en 1988, ya perdí la fé en nuestros políticos y en nuestra clase dirigente. Me vine a España. Viví 23 años con una estabilidad extraordinaria y pude desarrollar mi profesión de manera satisfactoria, me curé de la alergia y aprendí a agradecer a esta tierra el haberme aceptado. Desde hace un año se acabó para mí esa estabilidad (y para muchas personas se acabó mucho antes), pero es que la vida es así. Las fluctuaciones son inevitables.(a menos que vivas en los países nórdicos). Y hablando de fluctuaciones, Latinoamérica no ha parado de crecer y yo me alegro, pero mucho. Me dicen que Argentina está divina...ahora no puedo viajar, pero me alegro mucho, mucho y de verdad.
Eso no me genera ningún tipo de arrepentimiento con respecto al haber emigrado. Como dije, he vivido 23 años con estabilidad, lo cual no quiere decir que no he tenido que luchar. EMIGRAR ES MUY JODIDO, se necesita mucho valor para alejarse de lo conocido (modestia aparte), se necesita un gran poder de adaptación, se necesita aceptar cosas y personas que, en principio, no entendemos, se necesita aprender los códigos y el metalenguaje. Hay que estudiar algo de la historia del país para que eso ayude a comprender por qué la gente y las cosas son como son. Y mucho más si eres autónoma y tienes que vender un producto o convencer de las bondades de tu servicio.
Por otro lado, NO EMIGRAR TAMBIÉN ES MUY JODIDO, porque se necesita mucho valor para vivir en un país en el que ocurren las cosas enumeradas arriba, pero es que todos los países tienen su leyenda negra. ¿qué grupo humano está exento de pecado? ¿Qué grupo humano no conquistó o fué conquistado, no asesinó o fué asesinado? ¿Qué grupo humano no tuvo sus héroes y sus villanos? ¿En qué lugar de la Tierra han vivido sólo santos o buenas personas, en qué lugar de la Tierra han vivido sólo pecadores o criminales? En NINGUNO.
Supongo que a cierta edad, la mía, por ejemplo, llega el momento de poner las cosas en la balanza y mirar para dónde se inclina. (Todo esto viene porque hablando con un compatriota, él obtuvo un saldo negativo de su aventura). Y bueno, puse la balanza y creo que, para mí y con mi profesión (no sé qué dirán mis hijos, pero no parecen estar mal, todo lo contrario) ha sido una BUENA DECISIÓN EMIGRAR.
Me siento cómoda aquí, con crisis y todo. A veces tengo ataques anti-persona, porque siempre se cruzan situaciones con gente de mierda. Pero es que allá pasaba lo mismo. No encuentro otra frase corta que lo defina, sólo ésta: ME SIENTO CÓMODA y me tocó pasar la parte más larga de mi vida adulta en un país predecible y en el que me acostumbré a no mirar hacia atrás con temor por la noche y en el que, a veces, me olvidaba la reja abierta y no pasaba nada.
Me tocó una época histórica tranquila, sin guerras civiles, ni desparecidos, ni guerras mundiales, ni corralitos, ni hipotecas sub-prime, ni inflación galopante. No sé que pasará más adelante, pero ¿quién lo sabe? Conclusión: tuve suerte y me siento satisfecha. Saludos y 2012 besos a los compañeros de ruta hispanos y argentinos.