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martes, 28 de febrero de 2023

GABRIELA

 MIEDO

Gabriela Mistral


    


Yo no quiero que a mi niña

golondrina me la vuelvan,

se hunde volando en el Cielo

y no baja hasta mi estera;

en el alero hace el nido

y mis manos no la peinan 

Yo no quiero que a mi niña

golondrina me la vuelvan.


 Yo no quiero que a mi niña

la vayan a hacer princesa.

Con zapatitos de oro

¿cómo juega en las praderas?

Y cuando llegue la noche

a mi lado no se acuesta...

Yo no quiero que a mi niña

la vayan a hacer princesa.


Y menos quiero que un día

me la vayan a hacer reina.

La pondrían en un trono

a donde mis pies no llegan.

Cuando viniese la noche

yo no podría mecerla...

Yo no quiero que a mi niña

me la vayan a hacer reina!


miércoles, 17 de agosto de 2022

HOJAS

POESÍA DE NÉSTOR CARLOS HIDALGO.

(El padre de mis hijos). 


Cuando mueren las hojas de la Parra

las junto en el centro del patio

las observo, las huelo, las acaricio y leo

el intrincado abanico de sus nervios

y el miedo posterior que fluye de ellas. 


La sensación del humo en mi nariz

me arrastra a lo anterior que fue mi origen

En el agua y la piedra está tu rostro,

tu voz, tu forma, tu sabor y aroma. 

El rumor de la nieve en los cipreses, 

El vozarrón del viento entre las piedras

y el secreto murmullo de la lluvia en la arena. 

Vas unida al hogar y a la madera

que crepita su música en la noche.

Estridente silencio de las llamas

porque incendió la angustia. 

La memoria de las hojas caídas aquí, a la siesta. 

                    NÉSTOR CARLOS HIDALGO. 




domingo, 16 de enero de 2022

MALTRATO

 Episodio del enemigo, Jorge Luis Borges.


Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con un bastón, con un torpe bastón que en sus viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no sé griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón, que no volví a ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero solo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.

Me incliné sobre él para que me oyera.

-Uno cree que los años pasan para uno -le dije-, pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.

Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.

Me dijo entonces con voz firme:

-Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Le tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.

Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y solo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:

-En verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.

-Precisamente porque ya no soy aquel niño -me replicó- tengo que matarlo. No se trata de una venganza, sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.

-Puedo hacer una cosa -le contesté.

-¿Cuál? -me preguntó.

-Despertarme.

Y así lo hice.

sábado, 14 de marzo de 2020

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, relato breve.

"Imagínese usted un pueblo pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
—No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
—Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
—Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
—Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
—¿Y por qué es un tonto?
—Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.
Entonces le dice su madre:
—No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
—Véndame un kilo de carne —y en el momento que se la están cortando, agrega—: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice:
—Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.
Entonces la vieja responde:
—Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro kilos.
Se lleva los cuatro kilos; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:
—¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
—¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
—Sin embargo —dice uno—, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
—Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
—Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
—Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
—Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
—Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
—Yo sí soy muy macho —grita uno—. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:
—Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
—Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa
—y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:
—Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca".

Gabriel García Márquez.

domingo, 25 de enero de 2015

MIEDO

MIEDO, por Santiago Rocagliolo. EL PAÍS SEMANAL

Fragmentos:  Grecia y España....." En ambos países, el argumento contra estos nuevos grupos es el miedo. Según los partidos de derecha, Syriza y Podemos ponen en riesgo sus meritorios logros en materia de estabilidad económica. Y sin embargo, los conservadores soslayan un problema económico crucial: su propia corrupción". ............
" En España la crisis no estalló en la banca privada, sino en la pública, donde los políticos de los grandes partidos, y en especial el PP, jugaron a financistas siguiendo intereses políticos - o personales-, alteraron los precios del suelo, distorsionaron el mercado, y cuando todo explotó, salieron a vender acciones para que los ciudadanos pagasen por sus errores. No contentos con ello, cuando está estafa también falló, rescataron a esos bancos con dinero público, o sea, con más dinero de ciudadanos. Yo no diría que eso es un caso de administración ejemplar. No soy necesariamente un defensor de Podemos ni Syriza. No creo que logren poner en práctica todas sus promesas, y de hecho, prefiero que, si gobiernan, no sea en solitario. Pero si el mejor argumento de los partidos conservadores es su manejo de la economía, son éstos los que dan más miedo".