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domingo, 26 de mayo de 2024

BORGES Y DIOS

 


¿Cree usted en Dios?

—Si por Dios se entiende una personalidad unitaria o trinitaria, una especie de hombre sobrenatural, un juez de nuestros actos y pensamientos, no creo en ese ser. En cambio, si por Dios entendemos un propósito moral o mental en el universo, creo ciertamente en Él. En cuanto al problema de la inmortalidad personal que Unamuno y otros escritores han vinculado a la noción de Dios, no creo, ni deseo ser personalmente inmortal.

Que hay un orden en el universo, un sistema de periodicidades y una evolución general, me parece evidente. No menos innegable es para mí la existencia de una ley moral, de un sentimiento íntimo de haber obrado bien o mal en cada ocasión.

—¿Quiere decir entonces que en esencia todo eso probaría la existencia de Dios, o que Él haya sido el creador, el principio y el fin de las cosas?

—No sé si Dios está en el principio del proceso cósmico, pero posiblemente está en el fin. Dios es tal vez algo hacia lo cual tiende el universo.

—¿Y por qué cree usted de esta manera en Dios?

—Creo por intuición y además porque sería desesperante no creer. Si suponemos que hay un ser perfecto y omnipotente que está al principio de la historia universal, y suponemos que creó el mundo, entonces no comprendemos por qué existe el dolor o la maldad; en cambio si suponemos un Dios que está creándose a través del proceso cósmico o de nuestros destinos personales, en esa única forma podemos creer en Él, es decir, como canalización evolutiva hacia la perfectibilidad.

—¿Y cómo aplica su creencia a la vida práctica cotidiana?

—Trato de aplicarla. Dentro de la vida para la cual estoy condicionado hago lo más que puedo. Además no exijo a la finitud de mi ambición más de lo que el proceso natural de mi propia evolución podrá darme. Trato de ser un hombre justo, pero no siempre lo consigo.


* En Mundo Argentino, Buenos Aires, Año XLVI, Nº 2.369, 11 de julio de 1956

domingo, 23 de enero de 2022

SER JUDÍO CON FRANCO

 RAFAEL CANSINOS-ASSÉNS:  ESCRITOR, POETA Y EL GENIAL TRADUCTOR DE LA EDITORIAL AGUILAR, SU SINO FATAL Y SU AMISTAD CON BORGES.

PEDRO ARRIOLA.

Hace poco llegó a mis manos el libro "BORGES, biografía verbal" escrito por quien fuera su amigo, discípulo y directo colaborador, Roberto Alifano. El libro recoge testimonios personales del célebre escritor argentino, sazonados con datos históricos hasta hoy poco conocidos. 

Jorge Luis Borges siempre reconoció a Rafael Cansinos-Asséns como su entrañable maestro. Incluso llegó a decir que el mayor acontecimiento de su vida fue su amistad con Cansinos. "Ese erudito fabuloso que podía saludar a las estrellas en catorce idiomas diferentes".

Agrega Borges: "Cansinos-Asséns vivía solo para la literatura, sin preocuparse para nada del dinero ni de la fama. Yo lo recuerdo también como un excelente poeta. Antes de conocerlo, había leído un poema suyo dedicado al mar, que me parecía muy bueno. Tímidamente lo felicité. Y me contestó: 'Sí, cómo me gustaría ver el mar antes de morir'. De manera que él había escrito ese poema y nunca había visto el mar". 

Borges le reconoce genio a Cansinos y afirma que era el mejor lector que llegó a conocer. "Una vez fui a visitarlo a su casa y me llevó a su biblioteca; yo debería decir más bien que toda su casa era una gran biblioteca. Allí había libros en todos los idiomas del mundo. Era como meterse en una gran selva. Como carecía de dinero para proveerse de estanterías, los libros estaban apilados hasta el techo, lo cual obligaba a buscar el camino entre aquellas verticales columnas. Yo sentía la sensación, cuando estaba con Cansinos, que encerraba todo el pasado de Europa...algo así como el símbolo de toda la cultura Occidental y Oriental".

Y sobre el Cansinos traductor, Borges dice: "Era el traductor más fabuloso que yo conocí. Él hizo una traducción directa del árabe de Las Mil y Una Noches, que es muy libre si la comparamos con la de Lane y Burton, pero mucho más grata de leer. Tradujo del griego Las Meditaciones de Marco Aurelio, El Comedor de Opio de De Quincey, las novelas de Barbusse, Las Vidas Imaginarias de Marcel Schowb, y luego emprendería una tarea casi titánica: la traducción de las obras completas de Goethe y Dostoievski".

Evocar a Cansinos era para Borges otro motivo de felicidad. Era mucho lo que le debía a su maestro. Esa gratitud la expresó toda vez que tuvo oportunidad de hacerlo: "Yo le debo muchas cosas; entre ellas supo transmitirme su amor por la literatura. Además estimulaba mis lecturas. Me consideraba especialmente por el conocimiento que yo tenía de los clásicos y de la literatura inglesa y escandinava". 

La  infinita gratitud de Borges hacia Cansinos quedaría luego eternizada en un poema que compuso especialmente para él:


"RAFAEL CANSINOS-ASSÉNS

La imagen de aquel pueblo lapidado

y execrado, inmortal en su agonía,

en las negras vigilias lo atraía

con una suerte de terror sagrado.

Bebió como quien bebe un hondo vino

los Psalmos y el Cantar de la Escritura.

Y sintió que era suya esa dulzura

y sintió que era suyo aquel destino.

Lo llamaba Israel. Íntimamente

la oye Cansinos como la oye el profeta

en la secreta cumbre, la secreta

voz del señor desde la zarza ardiente. 

Acompáñeme siempre su memoria; 

las otras cosas las dirá la gloria".

Don Rafael Cansinos-Asséns nació en 1882 y murió en 1964. Pobre y olvidado. Él, hasta 1936 fue un reconocido y respetado escritor, poeta y vital animador de la vida literaria madrileña. De su pluma salieron libros fundamentales como "El candelabro de los siete brazos", "La novela de un literato" o "Bohemia", entre muchas otras obras. Pero su sino fatal comenzó con el triunfo del nefasto franquismo, en España. Sus orígenes judíos y su declarado y asumido judaísmo le valieron el desprecio, la marginación y el sometimiento al ostracismo forzado por parte de Franco y sus esbirros. Es allí donde entra a tallar don Manuel Aguilar y su histórica Editorial Aguilar. 

Cansinos traduce para Aguilar muchas de las obras reconocidas del pensamiento y la literatura universales. Su dominio perfecto, y a nivel literario, del inglés, francés, ruso, alemán, árabe, griego, hebreo, etc, etc, hizo posible que se editaran en español las obras  de los grandes escritores de todos los tiempos. 

De no haber sido por el trabajo de traductor que le dio don Manuel Aguilar, no solo no tendríamos sus traducciones históricas sino don Rafael Cansinos-Asséns habría perecido en la miseria. Ni con su muerte lo dejaron tranquilo. Carlos Arias Navarro, el criminal y sanguinario chacal de Franco y  quien fuera su jefe de gobierno, hizo expropiar la casa que fuera de Cansinos y echaron a la calle a su viuda y sus dos hijos. 

Hoy, a 54 años de su muerte, la España que lo trató como cruel madrastra, intenta corregir tanto abuso. Hay ya esfuerzos por reivindicar su valiosa obra y colocarlo en el lugar que nunca debió escamoteársele. Borges fue siempre la voz en el desierto que defendió, con devoción, la memoria y obra de su maestro. 

PEDRO ARRIOLA. 


Como dato curioso, agrego que a su familia pertenecía Margarita Carmen Cansino, más conocida como Rita Hayworth, la cual, que sepamos, no sufrió ninguna persecución por sus orígenes judíos. Y menos en EEUU. 


domingo, 16 de enero de 2022

MALTRATO

 Episodio del enemigo, Jorge Luis Borges.


Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con un bastón, con un torpe bastón que en sus viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no sé griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón, que no volví a ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero solo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.

Me incliné sobre él para que me oyera.

-Uno cree que los años pasan para uno -le dije-, pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.

Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.

Me dijo entonces con voz firme:

-Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Le tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.

Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y solo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:

-En verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.

-Precisamente porque ya no soy aquel niño -me replicó- tengo que matarlo. No se trata de una venganza, sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.

-Puedo hacer una cosa -le contesté.

-¿Cuál? -me preguntó.

-Despertarme.

Y así lo hice.

lunes, 3 de enero de 2022

LUZ

 Amanecer, Jorge Luis Borges


En la honda noche universal

que apenas contradicen los faroles

una racha perdida

ha ofendido las calles taciturnas

como presentimiento tembloroso

del amanecer horrible que ronda

los arrabales desmantelados del mundo.

Curioso de la sombra

y acobardado por la amenaza del alba

reviví la tremenda conjetura

de Schopenhauer y de Berkeley

que declara que el mundo

es una actividad de la mente,

un sueño de las almas,

sin base ni propósito ni volumen.

Y ya que las ideas

no son eternas como el mármol

sino inmortales como un bosque o un río,

la doctrina anterior

asumió otra forma en el alba

y la superstición de esa hora

cuando la luz como una enredadera

va a implicar las paredes de la sombra,

doblegó mi razón

y trazó el capricho siguiente:

Si están ajenas de sustancia las cosas

y si esta numerosa Buenos Aires

no es más que un sueño

que erigen en compartida magia las almas,

hay un instante

en que peligra desaforadamente su ser

y es el instante estremecido del alba,

cuando son pocos los que sueñan el mundo

y sólo algunos trasnochadores conservan,

cenicienta y apenas bosquejada,

la imagen de las calles

que definirán después con los otros.

¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida

corre peligro de quebranto,

hora en que le sería fácil a Dios

matar del todo Su obra!


Pero de nuevo el mundo se ha salvado.

La luz discurre inventando sucios colores

y con algún remordimiento

de mi complicidad en el resurgimiento del día

solicito mi casa,

atónita y glacial en la luz blanca,

mientras un pájaro detiene el silencio

y la noche gastada

se ha quedado en los ojos de los ciegos.

                                      JORGE LUIS BORGES

sábado, 27 de noviembre de 2021

ALARMANTE BELLEZA

 


[**] En una nota titulada “Una mujer muy bella…”, Borges relata esta anécdota: “Estaba en Montevideo en un almuerzo de escritores. En realidad no sé cuántos años hace de esto, treinta o más, no recuerdo. Había mucha gente importante, entre ellos Fernán Silva Valdés, Pedro Leandro Ipuche y Emilio Oribe. Me llamó la atención una señora de belleza casi alarmante. Me senté a su lado. Hablamos de todo. De la Argentina y de la República Oriental, de nuestros escritores y poetas. Por supuesto, no sé si por mera cortesía o por congraciarme con ella hice el panegírico de Herrera y Reissig. Ella, por no ser menos, el de Lugones. Era una carrera de virtudes literarias que no paraba. Mientras mi interlocutora se empecinaba en las dotes del argentino, más insistía yo en el oriental. Y así durante dos horas que no resultaron largas. La competencia no cejaba. Para mí Herrera y Reissig era extraordinario —en realidad no sé si lo creía así— porque uno no es dueño de lo que dijo ayer, ni de lo que dirá mañana. Lo cierto es que casi la tenía convencida, un capricho, no sé. La discusión llegaba a su fin. A los postres, y quizá un poco cansado, le pregunté: —¿Y usted, quién es? —Me llamo Juana de Ibarbourou, ¿y usted? —Yo me llamo Jorge Luis Borges.  No nos veríamos nunca más”. Véase Clarín, 19 de julio de 1979.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

FLOR DE ARGUMENTO

 


ALVARO CATAÑO dice, en una respuesta que me resultó brillante, en un página de Facebook destinada a la vida y obra de Jorge Luis Borges, lo siguiente:

"Borges.. :Mejor que no te hubieran otorgado el Premio Nobel.. Ellos no te merecían... ¿Quiénes? Pues los de la Academia Sueca de la Lengua.. Ellos no saben que diferencia hay entre fantasía y ficción. ¡Tan elemental como que Gabriel García Márquez si lo sabia...! Y por esto, Borges le infundía tanto respeto a Gabo. Mario Vargas Llosa también lo tenía en su Olimpo literario a Borges... Sucede que la modestia de Borges no era falsa, se trataba de su honestidad y respeto con el lector, siempre consideraba la trascendencia del lector. El jurado del premio Nobel, no pudo ni podría asimilar los cuentos tan llanos como los duelos de los cuchilleros de su querido Barrio Palermo o los empireos insondables como el empireo de Dante Alighieri en el paraíso, aún así no estuviese allí Beatriz Portinari, su amada... Borges no se dejó circunscribir a las coordenadas de los atlas geográficos... Se nos dice, lo decía Borges, que el tiempo, por ser incesante es algo así como un efecto circular. No se explica uno como no pudieron entender los del Nobel (el jurado), que nada de nuevo hay en lo que Borges sostuvo de su incredulidad en un dios personalizado, que se arriesgaría a hacerse responsable de Borges (asi lo diría irónicamente), aquí no hay nada nuevo... Entonces..?? La opción fue estigmatizar. Se olvidan los inquisidores que EPPUR SI MUOVE, como lo sostuvo G. Galileo Galilei, o sea, los inquisidores no advierten el SAPERE AUDE, le temen como le temen las tribus supersticiosas  y  fetichistas a los fenómenos meteorológicos como el rayo, los truenos y los relámpagos. Borges quiso sustraernos  de este achatado sistema solar, y arrojarnos al limbo de los agujeros negros. Pero nos dio terror caer al fondo de su ficción, que no era sólo su Aleph, es algo tan irrefutable como el fondo oscuro de un  aljibe en una casa de Tucumán, de Palermo o de La Chacarita... Pero los fondos oscuros siempre atemorizan a los que no descienden hasta ellos. Borges no era un literato de constelaciones.. Borges nos indujo a la galaxia... Y la galaxia es sempiterna, sin límites y sin medición de tiempo arbitrario. Por pensar así, como el hombre del Mito de la  Caverna de Platón, trataron de exiliar a Borges al noveno nivel del infierno de Dante en su Divina Comedia, para que se congelara su sangre y su Sapere Aude, pero NUNCA lo lograrán.. Porque..?? Pues porque Borges sí amo, sí practicó la ternura, sí se enamoró, y no una, ni dos veces, y no solamente de María Kodama. Borges tuvo la osadía que tuvo Odiseo (Ulises), de perderle el respeto a Poseidon, y tener la valentía del gaucho para regresar a Itaca (ver poema de Kavafis), y conquistar el amor de Penélope (M. Kodama), así ella continúe aquí en este planeta de sátrapas... pero Borges estará allí en el EMPIREO del paraíso de La Divina Comedia, para declamarle sus sonetos alejandrinos  o endecasilabos (no importa) y anonadarnos con su DOLCE  STILL  NOVO a su manera. ¡¡¡Así, Jorge Luis, maestro, estarás más allá de la luz y de las  sombras  como lo estuvo el ciego Homero...!!!"

jueves, 4 de noviembre de 2021

DIÁLOGO



               Dibujo anónimo de Macedonio 

               Fernández.

DIÁLOGO SOBRE UN DIÁLOGO.

(Minicuento - Texto completo de Jorge Luis Borges)

A- Distraídos en razonar la inmortalidad, habíamos dejado que anocheciera sin encender la lámpara. No nos veíamos las caras. Con una indiferencia y una dulzura más convincentes que el fervor, la voz de Macedonio Fernández repetía que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho más nulo que puede sucederle a un hombre. Yo jugaba con la navaja de Macedonio; la abría y la cerraba. Un acordeón vecino despachaba infinitamente la Cumparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas personas, porque les mintieron que es vieja… Yo le propuse a Macedonio que nos suicidáramos, para discutir sin estorbo.

Z (burlón)- Pero sospecho que al final no se resolvieron.

A (ya en plena mística)- Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos.

FIN

JORGE LUIS BORGES - EL HACEDOR (1960)

miércoles, 3 de noviembre de 2021

KODAMA

 


Kodama y el inesperado estudiante de árabe:

Se sabe poco de la intimidad de Borges, y, menos aún, de la de sus días finales. La viuda, María Kodama, aprovechó estos días su presencia en Casa América para desvelar a una legión de fieles lectores borgianos algunos detalles poco conocidos de la coda vital del que fue su marido. "Para Borges la intimidad era sagrada, él se autodenominaba como un caballero del siglo XIX. Y fue ese pudor lo que le llevó a querer morir en Ginebra. No quería ver su agonía empapelando su ciudad [Buenos Aires]", relató Kodama.

Como prueba de su insaciable y legendario apetito intelectual, Kodama recordó que el escritor "pasó sus últimos días estudiando árabe". "Él quería que continuáramos nuestros estudios del japonés, pero no encontré ningún profesor a domicilio. Buscando al japonés vi el anuncio de un egipcio de Alejandría que enseñaba árabe. A Borges le animó la idea. Le llamé sin más, sin reparar en que eran las once de la noche, que en Suiza es como las cuatro de la madrugada en el resto del mundo, y le di todo tipo de explicaciones porque no podía tener un no por respuesta. Yo estaba desesperada. Le cité el fin de semana en el hotel. Cuando le abrí la puerta y vio a Borges se puso a llorar. '¿Pero por qué no me lo dijo?', me preguntó entre sollozos. 'He leído toda la obra de Borges en egipcio'. Yo no le dije nada porque quería que fuera el destino el que decidiera, no quería decirle que las clases eran para Borges, prefería que pensara que yo era solo una señora loca. Aquel profesor le dedicó horas bellísimas en los últimos días de Borges, dibujando en su mano las preciosas letras del alfabeto árabe. Bebíamos té, hablábamos. Lo pasamos divino".

Borges murió un 14 de junio de hace 25 años. Y ahora sabemos que entre todos los saberes que se extinguieron con él se contaba también un incipiente conocimiento de árabe.

lunes, 4 de octubre de 2021

UN CUENTO DE BORGES

Ilustración de ALBERTO BRECCIA


EMMA ZUNZ de Jorge Luis Borges. 

El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Fein o Fain, de Río Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto. 


Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto continuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería. 


En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día del suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre "el desfalco del cajero", recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder. 


No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico... De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera. 


El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió. 


Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova... Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman. 


¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue una herramienta para Emma como ésta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia. 


Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día... El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que lo advirtieran; en la esquina subió a un Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que no le vieran la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas. Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Paradójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin. 


Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el cajón de su escritorio, nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada muerte de su mujer - ¡una Gauss, que le trajo una buena dote! -, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz. 


La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se atareaban como los de quien reza en voz baja; cansados, repetían la sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir. 


Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un instrumento de la Justicia, ella no quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así. 


Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías. Sentada, tímida, pidió excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando éste, incrédulo de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se desplomó como si los estampidos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en español y en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los labios obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la acusación que había preparado ("He vengado a mi padre y no me podrán castigar..."), pero no la acabó, porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca si alcanzó a comprender. 


Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble... El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga... Abusó de mí, lo maté... 


La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.


JORGE LUIS BORGES - EL ALEPH (1949)


Ilustración: ALBERTO BRECCIA

miércoles, 30 de junio de 2021

RESPETO

 


¿Será cierto?

Borges haciendo cola para renovar pasaporte: ¡ejemplo!

Respetar a los otros, el ejemplo de Borges

(Silvia Zimmermann d.Castillo LaNación)

Rememoro la mañana de lluvia en que acompañé a Borges a renovar su pasaporte. Al llegar al desangelado recinto donde se hacían los trámites, nos topamos con una larga y lenta fila de personas que esperaban su turno. 

Le advertí a Borges que tendríamos para mucho tiempo, y tomamos estoicamente nuestro lugar en la cola, con un sentimiento de deber antes que de resignación. Apoyado sobre su bastón, Borges me hablaba entretanto de las sagas islandesas.

La gente se volvía a mirarlo y me llegaban los rumores: “¿Ese que está ahí no es Borges?”. 

Sí, era el autor de Ficciones y de El Aleph. 

Un hombre se acercó: “Maestro”, le dijo, “permítame cambiar su lugar con el mío, que está más adelante. Para mí será un honor”. Borges tartamudeó al responder: “Muchas gracias, señor, pero prefiero seguir en mi lugar”. Y en el colmo del pudor, agregó: “Es que si llegué más tarde que usted, es porque soy más perezoso”.

Se sucedieron otros ofrecimientos que Borges insistió en declinar, hasta que un agente del orden lo invitó a que pasara a tomar asiento en una oficina contigua. “Muchas gracias, pero prefiero esperar aquí; no quisiera perder mi turno por una distracción”, balbuceó. 

Yo tengo para mí que, con ese acto, Borges expresaba lo que por exceso de timidez no ponía en palabras: el respeto a los otros.

Evoco ese episodio con melancolía [...]. Borges declinó un privilegio merecido que le dispensaba la sociedad con legitimidad. Otros, en cambio, se arrogan el derecho de ejercer un privilegio concedido entre bambalinas en un flagrante abuso de poder. Borges sintió la felicidad de ser ciudadano entre ciudadanos. Otros se vanaglorian de ser personal estratégico no se sabe bien de quién ni para qué. He ahí la diferencia entre la grandeza y la mediocridad. Y puesto que el privilegio es la cuestión, oportuno es saber qué significa.

La palabra proviene del latín privilegium: ley privada. Así las cosas, los privilegios son propios de los sistemas feudales y de las monarquías. En las democracias modernas, podría decirse que se contraponen a los derechos universales [...]

jueves, 11 de marzo de 2021

TANGO

 Recordamos al gran Astor Piazzolla a 100 años de su nacimiento. 



"Alguien le dice al tango" 


Tango que he visto bailar

contra un ocaso amarillo

por quienes eran capaces

de otro baile, el del cuchillo.

Tango de aquel Maldonado

con menos agua que barro,

tango silbado al pasar

desde el pescante del carro.


Despreocupado y zafado,

siempre mirabas de frente.

Tango que fuiste la dicha

de ser hombre y ser valiente.

Tango que fuiste feliz,

como yo también lo he sido,

según me cuenta el recuerdo;

el recuerdo fue el olvido.


Desde ese ayer, ¡cuántas cosas

a los dos nos han pasado!

Las partidas y el pesar

de amar y no ser amado.

Yo habré muerto y seguirás

orillando nuestra vida.

Buenos Aires no te olvida,

tango que fuiste y serás.


Letra: Jorge Luis Borges

Música: Astor Piazzolla

sábado, 13 de febrero de 2021

LOS GENIOS HACEN CHISTES ASÍ.

 


Impacientes porque en una conferencia Bioy llegaba tarde, Borges les dijo: "No se preocupen. Hay dos cosas seguras: una, que Bioy Casares siempre llega tarde. Dos:  cuánto más tarde llegue, más seguro que llegará. Si viniera ahora, es posible que nunca llegue". 

miércoles, 19 de agosto de 2020

SIEMPRE BORGES.

"El presente no es otra cosa que una partícula fugaz del pasado.
Estamos hechos de olvido."

Jorge Luis Borges.

jueves, 13 de junio de 2019

SIESTA ANDALUZA.

Era un espléndido día primaveral en Chiclana de la Frontera, la ciudad española donde vivo actualmente. Así que mientras todos se iban a la playa, yo me dirigí resueltamente a mi sillón reclinable para insuflarme una siesta catamarqueña. Catamarca es una provincia argentina, famosa por el calor y la sequía y también famosa por las siestas integrales a las que se someten sus habitantes.
Para relajarme me pongo auriculares y busco alguna música o narración que me enganche. Así fue como me topé con un cuento relatado por Darío, un filósofo argentino; de Jorge Luis Borges, el Aleph; y lentamente me fuí sumergiendo en un estupor que orillaba cíclicamente el sueño y las ensoñaciones.
Iba y venía de un mundo de imágenes y sonidos que se mezclaban placenteramente.
¡Qué agradable es salir de las obsesiones por un rato! ¡Qué agradable es salir de una misma!
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"Traté de razonar.
_Pero, ¿no es muy oscuro el sótano?
-La verdad no penetra en un entendimiento rebelde. Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.
-Iré a verlo inmediatamente".
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El candelabro de dos velas cincelaba luces y sombras sobre el ruinoso y coqueto empapelado rosa, en un inútil esfuerzo por concretar fantasmas.
El Aleph seguía relatándome sus hechos extraordinarios cuando súbitamente entraron por la puerta principal (no la del consultorio) de la casa de Témperley, en Argentina, mi papá y mi mamá, que habían muerto hacía muchos años.
-Por fin- les dije sacándome un auricular- ya iba a llamarlos. Bueno, luego hablamos.
Ellos se fueron al interior de la casa y yo seguí con Borges.
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"Bajé con rapidez, harto de sus palabras insustanciales. El sótano apenas más ancho que la escalera tenía mucho de pozo. Con la mirada, busqué en vano el baúl de que Carlos Argentino me habló".
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El escenario iba mutando y una terrible punzada casi, casi me despierta. Aquéllo dolía mucho y se prolongaba demasiado. "Así que esto era parir", pensé con desesperación, porque solo tenía 4 centímetros de dilatación, me informaron.
-Hay para rato- dijo el médico y se fue.
Lo sobrellevaba jadeando y mirando los húmedos y hostiles azulejos de un color inexistente que, encima, permanecían mudos. Una enfermera rondaba periódicamente pero entre sus tareas no figuraba la de darle una palabra de aliento a la parturienta.
Estaba completamente sola si exceptuamos al bebé que también luchaba denodadamente por salir.

¿Era necesario pasar por todo este sufrimiento para graduarse de MUJER, como decían antiguamente? ¡Qué despropósito!
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"Cumplí con sus ridículos requisitos; al fin se fue. Cerró cautelosamente la trampa; la oscuridad, pese a una hendija que después distinguí, pudo parecerme total. Súbitamente, comprendí mi peligro: me había dejado soterrar por un loco, luego de tomar un veneno. Las bravatas de Carlos transparentaban el íntimo terror de que yo no viera el prodigio; Carlos, para defender su delirio, para no saber  que estaba loco, tenía que matarme. Sentí un confuso malestar, que traté de atribuir a la rigidez, y no a la operación de un narcótico. Cerré los ojos, los abrí. Entonces, vi el Aleph.
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Y por fin lo ví.  Era un precioso varón mi primer hijo. No le faltaba ningún dedo ni en las manos ni en los pies. El intenso dolor había pasado y yo, con eso nada mas y mi hijo al lado, ya estaba en la gloria.
Una enfermera me explicó que me iban a dar unos puntos de sutura pero sin anestesia, porque eran pocos y no valía la pena. No protesté ya que me encontraba en estado de beatitud.
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"En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba". (...) "...vi el Aleph desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo".
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Sentía con lacerante nitidez como la aguja y el hilo penetraban la carne de mis castigados genitales externos pero de pronto fui consciente de que aquello no me dolía. Muy sorprendida, me encontré en otro plano de la percepción. Esa epifanía, que había logrado abolir la transmisión del dolor, me hizo llorar de felicidad; sabía que no se iba a repetir. Miré a mis ahora amigos, los húmedos azulejos del paritorio porque allí, además, allí se reflejaban las miradas de mis padres y mi tía Elsa,  bañadas en miel.

Y ahora, 45 años mas tarde, recuerdo mi particular Aleph en mi sillón reclinable de Chiclana a la hora de la siesta.


domingo, 22 de julio de 2018

BORGES Y ELLA, capítulo 3

"Esta ciudad que yo creí mi pasado
es mi porvenir, mi presente;
los años que he vivido en Europa son
ilusorios,
yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires".
Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899 en una casa con patio y aljibe, que aparecerán repetidamente en sus poesías. Por ejemplo: UN PATIO
"Con la tarde
se cansaron los dos o tres colores del patio
Esta noche, la luna, el claro círculo,
no domina su espacio.
Patio, cielo encauzado.
El patio es el declive
por el cual se derrama el cielo en la casa.
Serena, 
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas. 
Grato es vivir en la amistad oscura
de un zaguán, de una parra y de un aljibe".
Su familia pertenecía a una larga e ilustre estirpe de escritores y militares. El padre de Borges daba clases de Psicología, que en aquélla época debía ser algo así como hoy la física de partículas. Muy vanguardista; pero una ceguera progresiva (la misma que heredó su hijo) lo obligó a jubilarse y buscar tratamiento oftalmológico en Europa en plena Gran Guerra. Se instalaron en Ginebra, para evitar los bombardeos. Allí, Borges y su hermana Norah fueron al colegio. 
En las escuelas argentinas a él lo trataban muy mal. Se burlaban porque era tartamudo, tímido, anteojudo, culto y no le gustaban los deportes.
En cambio en Ginebra fué muy bien recibido y tratado. LO ADMIRABAN. Eso dice mucho de ciertos países...y de otros. Aprendió francés y él solito, con un diccionario, alemán. ¿Sería por esa remota razón que casi 80 años más tarde quisiera morir y ser enterrado allí?
Y hablando de muertes, no podemos olvidar la fuerte influencia que doña Leonor Acevedo de Borges ejerció en el gran escritor: fue inteligente, aprendió inglés de grande para ayudar a su hijo con las traducciones. Pero sobre todo fue dominante y, sin duda alguna, le arruinó la relación con las mujeres, sobre todo con Estela Canto. A pesar de ello, Borges adoraba y respetaba reverencialmente a sus padres. Y aquí transcribo un pedacito de un diálogo con Antonio Carrizo:


Juan Domingo Perón nació en Lobos, provincia de Buenos aires, el 8 de octubre de 1895 y fué el primer presidente en ser elegido por sufragio universal y el único en ser reelecto en 3 ocasiones.
Desde lo 2 primeros cargos favoreció a la clase obrera: impulsó los convenios colectivos, el Estatuto del peón de campo, los tribunales de trabajo y la extensión de las jubilaciones a los empleados de comercio, el voto femenino, los hospitales públicos y gratuitos y algo fundamental para ella: la universidad que ya era pública, la hizo gratuita. Todas estas medidas le pusieron en contra a quien ya sabemos...y al embajador de EEUU, por supuesto.
Durante la Guerra Fría se mantuvo equidistante de la Unión Soviética y EEUU. Se enfrentó con la iglesia católica (en esa época se agudizaron los enfrentamientos entre peronistas y antiperonistas, que duran hasta hoy mismo, y no sabemos por cuántos siglos más) y fué derrocado en septiembre de 1955.
Perón se exilió y en Argentina se  prohibió hasta mencionar su nombre (yo lo recuerdo), lo cual trajo como consecuencia la creación de la resistencia peronista. MÁS PROHIBICIÓN, MÁS RESISTENCIA.
En marzo de 1973, ganó las elecciones, en el exilio, con el lema: "Cámpora al gobierno, Perón al poder". Cuando volvió se produjo la masacre de Ezeiza, en los alrededores del aeropuerto internacional.
Pero él aterrizó en otro lugar y luego apoyó a los sectores más ortodoxos, dando lugar a la formación de los comandos parapoliciales, entre ellos la temible triple A. En 1974 murió y dejó la presidencia en manos de su esposa, que fué derrocada sin haber terminado el mandato por un golpe militar. Y luego se nos vino LA NOCHE: hubo 4 presidentes sin elecciones, o sea, dictadores militares: Videla, Viola, Galtieri y Bignone, la represión, los desaparecidos, los vuelos de la muerte, 340 centros clandestinos de detención, la inflación acumulada desde 1976 a 1983 fué del 517.000%., se enviaron 14000 hombres a la Guerra de las Malvinas. murieron 649 soldados y se suicidaron 350 veteranos, una vez finalizado el conflicto. ..y ¿para qué seguir?
¿Y ella? ¿Dónde estaba ella? Nació en el barrio porteño de la Boca, en Villafañe 337, el 26 de septiembre de 1947 (así quedó sellado su futuro profesional en la cavidad oral por siempre jamás. Justo ese mes se promulgó la ley electoral que permitía votar a las mujeres). Un año y medio más tarde nació un hermanito precioso y talentoso. Su padre tenía el consultorio en esa misma vivienda que compartía con un oftalmólogo. Hasta hace pocos años ella recordaba su nombre, pero se van muriendo las personas a las que se les puede preguntar lo que se va olvidando. Allí se reunían algunas noches los amigos de su padre a jugar al póker, juego que ella aprendió rápidamente y le sigue encantando hasta el día de hoy. Su hermanito enfermó y a ella la llevaron a la casa de su abuela Victoria Molfino de Bardi, en Burzaco, para que no se contagiara. Allí se afianzó su vínculo con su tío Menes (protésico) y su esposa MariEsther (radióloga), que perduró hasta la muerte de ambos y que tuvo una fuerte influencia en su manera de ver el mundo. Pasaron muchas cosas que los 3 personajes de esta historia real vivieron como contemporáneos: BORGES, PERÓN Y ella. Ella, con minúsculas, no sea cosa que alguien piense que se quiere poner al mismo nivel que esas dos personas que influyeron tanto a lo largo del siglo y siguen influyendo y que, todo hay que decirlo, no simpatizaban entre ellos para nada, aunque desconozco si alguna vez se vieron personalmente. De hecho, Borges se vió seriamente afectado en su trabajo, porque lo perdió, durante la presidencia de Perón. Era director de la Biblioteca Nacional y lo degradaron por razones políticas. Una gran injusticia. Pero eso es un asunto entre ellos. A esta jovencita los dos le llegaron desde distintos lugares y con diferentes consecuencias: gracias a Perón pudieron ella y su hermano concurrir a la universidad pública y gratuita. Gracias a Borges (y a otros escritores, pero sobre todo Borges), ella aprendió la música del idioma castellano y logró, muchos años más tarde, escribir decentemente para mantener viva la historia de su familia, pero, sobre todo, a leer y releer los cuentos y las poesías del maestro, saboreándolos cada vez desde un diferente ángulo y teniéndolos siempre cerca, como una compañía omnipresente a lo largo de la vida. Como un ser querido de verdad: siempre a su lado. 

domingo, 1 de mayo de 2011

HASTA PRONTO, SÁBATO

No voy a hacer una necrológica. Sólo poner algunas frases suyas: "No sé por qué , pero siempre fuí especialista en hacerme enemigos". Nunca se le perdonó que participara en una comida con Videla, en 1976, aunque luego, cuando fué conciente de qué pie calzaba la dictadura militar, firmó todas las peticiones por los desaparecidos. Lo que pasa es que lo del perdón es cosa de espíritus generosos y de esos hay muy, muy pocos.
"No dejes de escribir, no dejes de escribir nunca. Es lo único que merece la pena", le dijo a Juan Luis Cebrián.
20 de septiembre de 1984: ese día inolvidable entregó el INFORME SÁBATO (NUNCA MÁS)  al Dr. Alfonsín, con una minuciosa lista que hizo con su poderosa mente científica (era físico), en la que se documentó 8960 desapariciones y 340 centros de detención ilegal donde se torturaba. Yo nunca lo pude leer, aunque lo intenté varias veces. Miré unos párrafos de reojo y....no pude seguir.
El kirchnerismo consiguió el apoyo de las élites universitarias (¡¡Qué asco, Dios!!) en contra de Sábato, porque decían que equiparaba  al terrorismo de estado con los terroristas, pero él jamás dijo que ERP y Montoneros eran tan culpables como los jerarcas de la dictadura. ¡¡¡¡Mama mía, pobre Sábato!!! ¿Por qué los demás, que se llenan asquerosamente la boca de mentiras no utilizarían el mismo espíritu científico que tenía él, para mantener, al menos en público, la objetividad?
Sábato siempre se opuso a la ley de Punto Fnal, y a los indultos concedidos por Carlos Menem.
"Ustedes no entienden nada. Yo me despierto cada mañana y me doy cuenta de que soy argentino" dijo en medio de una fuerte depresión. Como para no estar deprimido. Ya no escribía, pero pintaba.
"La razón no sirve para la existencia", decía. Del hombre afirmaba que "estamos ante el animal más siniestro".  "Escribo esto para los que, como yo, se acercan a la muerte, y se preguntan por qué y para qué hemos vivido y aguantado..." Contradictorio como Borges y tan denostado como él, en un país que no acepta la discrepancia  (¿pensamiento único?). Todavía hoy recuerdo el Informe sobre ciegos, en su "Sobre héroes y tumbas" que leía sorprendida y que generó una fuerte polémica entre mis amigos y conocidos. (ya nunca miramos a los pobres ciegos con los mismos ojos...je, je nunca mejor dicho y que me perdone la ONCE). Bueno, por lo menos recibió el Premio Cervantes en 1984. Si, como dicen , la historia le pondrá en su lugar, seguro que será la del hombre contradictorio, cascarrabias pero HONESTO y el escritor cuya prosa ha sido elogiada por Saramago y Magris, entre otros. Más de uno que lo critica no le llega a la suela de los zapatos. ¡¡¡Hasta pronto, querido, has vivido para que muchos, además de mí, te recordemos con admiración y amor!!