jueves, 5 de septiembre de 2019

BASTA DE AUTOENGAÑOS. Capítulo dos.

Por Mónica Bardi
Decíamos que la "colonial modernidad" violenta, por supuesto, continúa porque ha sido "racionalizada" o "naturalizada", es decir, aceptada como algo lógico y natural.

YA HEMOS ENTRADO EN TERRENOS PANTANOSOS, EN CIÉNAGAS ASQUEROSAS Y LAS MAYORÍAS BIENPENSANTES NO PUEDEN ACEPTAR ESTO.

6) "Las sociedades ricas de este planeta operan con una doble moral, una hipocresía estructural. Siendo sociedades externalizadoras, viven con la verdad negada de la historia de su supuestamente imparable ascenso mundial. Su éxito económico y su riqueza colectiva se basan en la extracción de minerales y de las plantaciones industriales en otras regiones del mundo, en el trabajo de 150 millones de niños alrededor del globo, en la destrucción indiscriminada de la selva tropical. No hay una producción  y menos un consumo ingenuo en Europa. Los ciudadanos europeos vivimos en sociedades que hacen trabajar, o bien ilegalmente o bien en condiciones legales, pero miserables, a migrantes africanos en sus huertas industriales o a migrantes latinoamericanos en sus casa particulares- y que al mismo tiempo declaran que no pueden acoger refugiados porque están al "límite"de sus capacidades".

ESO NO PUEDE SER VERDAD, claman las multitudes. LA MAYORÍA DE LAS PERSONAS PENSARÁN QUE EL ESTADO DE BIENESTAR ES POR LA BUENA GESTIÓN DE LOS GOBERNANTES... Y ALGO DE RAZÓN TENDRÁN, PERO SÓLO ALGO.

7) Tampoco nosotros, los que vivimos bien, deseamos sinceramente conocer las consecuencias de nuestro bienestar. Es muy incómodo y culposo admitir que dañamos a otros para seguir nuestro tren de vida. Por ejemplo: los 150 millones de niños trabajando en condiciones deplorables.

ESO DUELE: NO PUEDE SER EXACTAMENTE ASÍ, claman las multitudes.

8) "Por ello, transformar esto sería un acto heroico, una revolución cultural, decidir si colectivamente dejamos de producir millones de cosas que anulan las libertades de otros, es decir, decidir que no queremos seguir viviendo a costa de otros".

ESTO ES INACEPTABLE, claman las multitudes, NOSOTROS TENEMOS DERECHO A UNA VIDA COMO LA DE ELLOS. ¿Y POR QUÉ NO? ¿SÓLO POR SALVAR LA ESPECIE? ¡PAMPLINAS!

BASTA DE AUTOENGAÑOS. Capítulo uno.

Por Mónica Bardi

En principio, cuando se dice en voz alta que los países ricos viven de los pobres, mucha gente está de acuerdo. Así, en general y de forma abstracta.

El problema viene cuando empezamos a deshojar la margarita: ME QUIERE, NO ME QUIERE y allí, al igual que en las parejas, empiezan los tropiezos.
Este análisis está totalmente basado en un artículo del sociólogo STEPHAN LESSERNICH, publicado por el diario EL PAÍS el 25/8/19.
1) Hay una asimetría global en cuanto a recursos, bienes y servicios.

ACEPTADO, HASTA AQUÍ LA MAYORÍA DE LA GENTE ESTARÍA DE ACUERDO.

2) Dicha asimetría se ha ido fabricando con la colonización violenta, desde la época de los grandes descubrimientos geográficos, aunque las conquistas existieron desde que el mundo es mundo.

ACEPTADO, PERO MOLESTA LA PALABRA "VIOLENTA".

3) La violencia continúa hoy en día con la "colonial modernidad" (Rita Segato).

NO, ESTO YA NO ES TAN FÁCIL DE ACEPTAR HOY EN DÍA LAS COSAS NO SON ASÍ. (EMPIEZA LA CONTROVERSIA).

4) "Las asimetrías económicas, ecológicas y sociales han quedado institucionalizadas en forma de regímenes políticos transnacionales, desde el FMI hasta la Organización Mundial de Comercio o el Acuerdo de París".

CLARO QUE NO, ESAS INSTITUCIONES FUERON CREADAS PARA AYUDAR A LOS PAÍSES A SALIR DE LA POBREZA. (Sigue y aumenta la discrepancia).

domingo, 25 de agosto de 2019

MARCOS DOÑO Y LA MEMORIA.

"Carta abierta a Luis Brandoni

A USTED LE HABLO

Le hablo a usted, Luis Brandoni. Hace ya tiempo que quería decirle algunas cosas. No lo tuteo porque no me conoce, aunque yo sí a usted; bueno, quién no conoce a Luis Brandoni en la Argentina. ¿Ve?, en esto me lleva ventaja, porque mis palabras son las de un ciudadano anónimo, lo que hace que a veces lo que uno dice se transforme en una muda súplica. Pero las suyas son palabras precedidas por la fama de un actor que tiene tantas películas memorables en su haber. Es por eso que creo que hay una responsabilidad especialísima en usted cuando emite una opinión a los argentinos.
De todas las películas que interpretó, hoy quiero recordar una: “La Patagonia Rebelde”. ¿Se acuerda? Seguro que sí, Luis. Se lo abrevio al lector: es una historia real ocurrida en el sur argentino a principios del siglo XX, cuando los trabajadores laneros pedían mejores condiciones y salarios dignos, y el gobierno radical, en defensa de lo intereses de los dueños de las estancias, dio la orden al ejército para que terminara con esas protestas. Usted que es tan memorioso, ¿se acuerda cómo termina esa represión, Luis? El teniente coronel Héctor Benigno Varela, cumpliendo con la orden de “normalizar” la situación, terminó fusilando a casi 1500 trabajadores y deportando a otros cientos hacia Chile y España. En esa película, usted, Brandoni, interpretaba al gallego Soto, Antonio Soto, un español escapado de la miseria de su país, que al momento de las huelgas se desempeñaba como Secretario general de la Sociedad Obrera de Río Gallegos.
¡Qué tiempos esos; los del gallego Antonio Soto y los suyos, Luis, cuando interpretó a ese luchador que enfrentó con dignidad la explotación miserable y el maltrato de los terratenientes!
Pero hagamos más memoria. ¿Sabe de los  apellidos de esa oligarquía estanciera que relata la película? Recordemos algunos: Adolfo Bullrich, vendedor de todo lo que la campaña de Roca le quitó a los pueblos originarios y dueño de la mansión que hoy es el Patio Bullrich. Es el tatarabuelo del ex Ministro de Educación y actual senador macrista Esteban José Bullrich Zorraquín Ocampo Alvear, tal su apellido popular. Y familiar directo de la Patricia, la Ministro de Seguridad de la Nación, la tía segunda de Esteban, descendiente de Honorio Pueyrredón, ministro de Agricultura  y posteriormente ministro de Relaciones Exteriores del presidente Hipólito Yrigoyen, cuando ocurrió la represión en la Patagonia. Estaban también los Braun, los Peña Braun, los familiares directos del “patriota según Carrió” Marquitos Peña, el jefe de Gabinete del Gran Bonete Mauricio. Ah, casi me olvidaba de Pinedo, el apellido que selló el tratado Roca- Runciman, el que entregó a los ingleses el comercio de las carnes, los frigoríficos y tantas cosas que hacían a la soberanía de la Nación. Aquel es el familiar directísimo del calmo don Federico del PRO, el que fue presidente por unas horas. ¡Qué apellidos! Y no por apellidos sino porque cada una de esas familias han transcurrido el siglo XX y ahora el XXI preñados del mismo dogma de clase.
Pero volvamos al presente. Déjeme ahora recordarle al lector, también a usted y a mi, las palabras que por estos días les dirigió a los militantes y argentinos macristas, en un video que grabó en Madrid, adonde aclara que estaba “cumpliendo un compromiso asumido hace muchos meses”. Allí, con una bien actuada voz, tan cercana al tono de homilía dominical de un cura párroco, dijo lo siguiente:
“… acá estamos, en España… ¡preocupado… pero no derrotado! Al contrario, queda mucho por hacer, todavía. Por lo pronto, el sábado, el sábado 24, salgamos a las calles y las plazas de todo el país para mostrar y mostrarnos que somos muchos, muchos más los que queremos un país republicano, democrático y decente. Y prepararnos para la de ‘en de veras’, la del 27 de octubre, con fiscales en todas las mesas, convencidos y seguros.
Perdimos la República muchas veces… otra vez no.” Y finaliza sollozando: “Abrazos y viva la patria… eh.”

¿Qué es lo que lo que tanto le preocupa, Luis? ¿Qué insinúa con ese tono mendicante, de hablar bajito, cuando balbucea: “queremos un país republicano, democrático y decente... con fiscales en todas las mesas, convencidos y seguros.?” ¿A qué argentinos está alertando cuando clama bajito: “perdimos la República muchas veces… otra vez no”?

Su soberbia indigna, pero más su falta de sentido democrático y republicano, el que reclama para sí y para los suyos como patrimonio, dejándome a mi y a millones afuera. Por eso quiero contarle sucintamente quién soy yo, aun a sabiendas de que quizás usted nunca se entere de mis palabras.
Me llamo Marcos Doño; soy periodista y escritor. Como la mayoría de los millones de argentinos, soy un ciudadano común con una historia particular llena de momentos felices y también trágicos. Me crié en una familia de clase media; mis abuelos paternos eran inmigrantes venidos de Turquía y los maternos de Ucrania, escapando a las persecuciones y los pogroms antisemitas. Fueron luchadores incansables, como lo eran todos los inmigrantes llegados a principios y mediados del siglo XX. Mis abuelos paternos trabajaron en la ciudad de Buenos Aires, en Córdoba, en San Isidro y en el Partido de Tigre, donde nació mi padre, un genio natural, músico de jazz y luego un pequeño industrial, un trabajador incansable que se vio obligado a salir al ruedo de la vida desde muy temprano, a los ocho años, trabajando de canillita. Los maternos se asentaron en una colonia de un campo de Entre Ríos, donde junto a otros fundaron una cooperativa agrícola. Eran esos gauchos judíos que cuenta la novela homónima de Gerchunof. Y eran socialistas; socialistas de Palacios y de Repetto, como me decía siempre mi zeide (abuelo). Y hablando de ese patriotismo republicano que usted declama como un puñal que se clava en contra de los otros argentinos, los que usted denuesta con cada sílaba, hay un hecho que quiero destacar: mis abuelos tenían la costumbre de colgar la bandera argentina del balcón en cada fecha patria. Y una de esas banderas me fue dada en herencia como un tesoro invalorable. Así crecí, como tantos millones de argentinos, envuelto en esta identidad, educado en la escuela pública, aprendiendo día a día el sentido fundamental del trabajo y la honestidad como los valores esenciales para una vida digna. La ironía maldita quiso, sin embargo, que un día, mejor dicho una noche eterna, cuando estaba secuestrado y torturado, uno de mis verdugos me dijera“…que seas zurdo vaya y pase… pero donde la cagaste es en que sos judío… vos no sos argentino”. Pero resulta que yo estaba allí, estaqueado en esa cama de metal, desaparecido para el mundo, por ser un joven apasionado que se había decidido a luchar por la Patria, por la República y por la Democracia que usted y los suyos dicen defender y yo no, señor Luis Brandoni.
La República perdida, esa que tanto le asusta se vuelva a perder con el peronismo, fue secuestrada durante la larga noche que dio inicio el 24 de marzo de 1976 con el golpe de Estado. ¿Recuerda usted, Brandoni, los apellidos de esos cruzados de la muerte que asolaron la Argentina durante los años de la dictadura videlista? Busque y se va a encontrar con la sorpresa de que son las mismas familias, los mismos apellidos que vienen de lejos en el tiempo haciendo las mismas iniquidades desde que decidieron que la Argentina sería por siempre su propiedad privada. Son los mismos apellidos que aborrecían a San Martín y Belgrano y su política de construir una América grande, respetando a sus pueblos originarios en su cultura y en el derecho a la propiedad  de sus tierras y sus bienes. A José de San Martín lo odiaban como hoy se odia a otras y a otros. Por eso el Libertador debió irse y morir en Francia, porque no quiso participar de la desunión nacional que promovía el odio a una clase. Y porque su asesinato estaba resuelto. Bien, la mayoría de estos apellidos los va encontrar también reunidos en la Sociedad Rural Argentina. Son los mismos que no tuvieron empacho en insultar y silbar a Raúl Alfonsín, su amado Alfonsín, quien fue claro cuando dijo que Macri era el límite para un radical, en un acto antidemocrático en contra de todo lo que representaba su política distributiva. Usted lo sabe, don Luis, esos gritones ganaderos no eran peronistas.
No, Luis. La vida y la historia no son blanco y negro. Y como en las mejores familias, en los partidos hay de todo; un Alfonsín y un Sanz, un Moreau y un Negri, un Néstor y un López Rega, como el que lo persiguió a usted. Y también a mi, don Brandoni. Y también a tantos peronistas asesinados por esa banda de ultraderecha, las Tres A, que usted siempre pone en punta de lengua cuando quiere tipificar al peronismo de antidemocrático y antirepublicano. Eso se llama maniqueísmo, Brandoni. Porque usted sabe, o debería saber, que el “brujo” López Rega era de la misma estirpe ideológica que Rivarena Carlés, aquel allegado al radicalismo que casi un siglo atrás comandó la Liga Patriótica durante la Semana Trágica.
No hay ángeles ni demonios, como usted quiere don Luis Brandoni. Sólo hay seres humanos. Por eso la historia es así, sinuosa, como los amores y los odios. Pero si se trata de robo, de saqueo masivo, de robar la República, debería coincidir conmigo que son ellos, don Luis, los que verdaderamente se robaron la República, una y otra vez. Y mire usted, son los apellidos que hoy defienden con tanto ahínco como la garantía de la democracia y el republicanismo. Tampoco ignora usted, Brandoni, quiénes llenaron las cárceles de la dictadura de los Pinedo, los Bullrich, los Ortiz Ocampo, los Alvear. En su mayoría eran peronistas. ¿Entonces?
Y conste que por esos días yo no sólo no era peronista sino que muchas veces me había comportado como un gorila profesional. Pero eso sí, mi gorilismo jamás rozó el odio, como el que usted transpira. ¿Cómo podría odiar sabiendo que allí anidaba el clamor de la mayoría del pueblo argentino trabajador? Lo mío era un antiperonismo como el de Julio Cortázar o el del Che Guevara. Era más bien un arraigo cultural, una costra de prejuicio nacida de la mirada general de una clase media que odiaba al general, y también de cierta ortodoxia marxista que cabalgaba en mis venas y que me impedía acceder, como lo haría años después, y como finalmente lo hicieron Cortázar, el Che y tantos, a la comprensión de un movimiento popular que para otros millones nunca dejaría de ser la encarnación de todos los males de la Argentina. Reconozco que en mi siempre había anidado una llama que más de una vez me hacía repensar mi posición.
Esa llama la había encendido mi madre, quien desde lo puramente sentimental se había sentido cerca de ese pueblo peronista al que el odio de clase no esperó para etiquetar como el “aluvión zoológico”, desde ese primer 17 de octubre, cuando las masas obreras llegaron y se concentraron en la Plaza de Mayo. Seguro que usted, Brandoni, como tantos otros millones de argentinos, están convencidos al día de hoy quienes comenzaron con la grieta. Pero no busque tan cerca porque no fue ni Cristina, ni Néstor, ni Perón, ni en alguna grieta lejana en el tiempo, que de tanto en tanto se abre. Esta última, la que divide a peronistas de gorilas, no la va a encontrar en los cuentos y diatribas de Jorge Lanata, Majul, Leuco y usted mismo. ¡No! Al menos tenga valentía intelectual de buscarla en el odio de clase que bautizó  a la clase trabajadora de “aluvión zoológico”, cuando la alegría de sentirse dignificados y visibles los llevó  a marchar y concentrarse por primera vez en la historia en La Plaza de Mayo, ese 17 de octubre de 1945. Ahí la va encontrar, en el odio explícito y explicitado de una clase social en contra de otra. Hoy, el aluvión tiene otros nombres para ese odio de clase. Se llama “grasa militante”, “choripaneros”, “planeros”, “camporistas”, “vamo a volver”.
Por todo esto, por sus dudas y por las dudas que peligrosamente usted está tratando de inyectarle a la población, don Brandoni, quiero decirle lo siguiente: Yo soy un ciudadano común que sufrió la cárcel de la dictadura por espacio de casi dos años. Yo viví la muerte, la tortura y las vejaciones más indecentes en carne propia y las sufridas por mujeres y hombres que lucharon por recuperar la República perdida, la República de TODOS.
Yo soy un ciudadano que se alegró como millones de argentinos cuando la democracia volvió de la mano de Alfonsín como presidente. Un Alfonsín que fue votado por propios y por peronistas. Un Alfonsín que poco tiempo después, cuando su gobierno estuvo acorralado por los militares golpistas carapintadas, se sostuvo en el poder por el apoyo y la lucha de TODOS los argentinos que salimos a defender la democracia y la República.
Yo soy un hombre común, Brandoni. Soy un hombre decente y republicano que a pesar de haber sufrido el exilio y escarnio, y de haber estado tantas veces cerca de la muerte junto a mi esposa, pude formar una familia maravillosa con tres hijos y nietos que somos parte de la construcción de esta Nación que usted cree es honesta sólo si se la piensa como usted. Por eso yo no voy a permitirle que desde el odio y el resentimiento más profundos, únicas guías de su lengua, me acuse a mi y acuse a millones de argentinos de ser parte de una especie de conspiración que quiere destruir la República.
Le pido que repase en su memoria los apellidos que hoy gobiernan este país y que usted defiende con tanta pasión, alimentado por su memoria cada día más selectiva, tan selectiva como lo es una clase dominante en detrimento de la clase dominada. Son ellos, Brandoni. Allí va a encontrar los apellidos que se robaron la República y la Democracia con toda la indecencia que se pueda uno imaginar.
Y concluyo: No lo odio Brandoni como seguramente usted me odia a mi. Lo que sí puedo afirmar y decir con razón, es que le he perdido todo respeto."

Marcos Doño

sábado, 24 de agosto de 2019

POESÍA DE ENRIQUE SAMPONS

Dijo la torda cardiologista:
"He visto electros mucho más piores,
pero el suyo, vea, me despista:
parece un pingo más que un cuore.
Usté no fuma, no anda de copas,
ni hace abuso de sus labores,
pero no entiendo la forma loca
en que palpita su pobre cuore".
"No se sorprenda si anda mi bobo
meta galope, metiendo bulla.
La pena lo infla igual que un globo
Sólo al mirarla, él se hace el coco.
Sepa, dotora, por culpa suya".

lunes, 19 de agosto de 2019

EL POBRE.

Por Mónica Bardi

Va al supermercado. Es una compra rápida y elemental porque viene del trabajo y está cansado. En la puerta un hombre andrajoso, flaco, de mirada verde y barba crecida lo mira suplicante con una lata vacía, también suplicante.
Se detiene un momento con su carrito, mira a ese pobre y le pregunta: "¿Qué te traigo?"
La voz salió renqueante de una boca con dientes estropeados: "Agua y un bocadillo, si puede ser". La mirada verde era extrañamente dulce con pinceladas de tristeza pero el esbozo de sonrisa completaban un cuadro peculiar, dotándolo de una extraña ¿totalidad, humanidad, dignidad?
Eso, era un pobre con humildad, pero digno.
Él no encontraba la palabra que definiera exactamente lo que ese pordiosero le evocaba, aunque era algo especial.
Compró lo que necesitaba rápidamente, salió y le dió fiambre, queso, pan y agua.
"Gracias", murmuró el pobre.
En pocos segundos ya se había armado su bocata y lo devoraba sin contemplaciones.
Cuando minutos más tarde, pasó a su lado con el coche, se saludaron y una mágica vibración de efímero bienestar unió a esas dos personas con un vínculo fugaz, algo así como una sensación de hermandad,  siendo como eran personas que habitaban diferentes planetas ubicados en la misma tierra. Esa tierra calcinada y hostil para unos y divertida y vacacional para otros.

lunes, 12 de agosto de 2019

INFALIBILIDAD.

Por Mónica Bardi

Estaba mi joven tío Laertes muy enfermo de tuberculosis, que por aquéllos años, sin antibióticos, podía ser fácilmente una enfermedad mortal. Calculo que sería 1930 o 1935. La familia vivía en gran estado de agitación y duelo porque ya había muerto mi abuelo prematuramente, por una intoxicación.

Entonces, mi padre, Mario Pedro Bardi, encontró trabajo como empleado administrativo en el ferrocarril para mantener a su madre y sus hermanos, mientras proseguía sus estudios de odontología, con un esfuerzo loable, del cual no se quejaba.
En algunas épocas se podían hacer cosas que hoy suenan del todo imposibles: mantener una familia y estudiar en la universidad.
En la casa de mi abuela siempre había habido música y arte. Tenían un piano, se cantaba y se montaban pequeñas obras de teatro. Las flores y algunas pinturas originales mostraban un buen gusto dentro de la pobreza. Eran jóvenes, alegres; las chicas al final consiguieron casarse con buenos partidos, porque mientras ellas iban al club de tenis, mi papá trabajaba y estudiaba. La vida de aquéllos tiempos era así y todos lo aceptaban: las chicas "bien" no trabajaban.
La muerte del abuelo los pilló desprevenidos. Él era sastre y había mantenido dignamente a su familia, hasta que se fué para siempre y entonces, las desgracias vinieron todas juntas.
No obstante, se repusieron, porque en aquélla época, aceptaban la muerte como parte de la vida.
Pero a lo que iba. Llamaron al tío Emilio, que era médico para que diera su opinión sobre la dolencia de Laertes. No tengo ni idea de con quién emparentaba directamente este Emilio, pero era, según mi abuela, Victoria Molfino de Bardi, la viva encarnación de la mejor medicina y digno de gran respeto.
Llegó a la casa con su porte patriarcal,  revisó a mi tío Laertes minuciosamente y no dijo nada, pero se notaba que veía la gravedad del cuadro clínico. 
Mi padre, con mucha prudencia y en voz baja le dijo: "tío, yo a lo que le temo es a una hemóptisis". Una hemóptsis es la aspiración de un vómito de sangre, algo de lo cual no se salía vivo y que ocurre en las enfermedades pulmonares.
Entonces, el tío Emilio miró a mi jovencísimo padre por encima del hombro con aire de superioridad y en tono paternalista y académico afirmó rotundamente:  "futuro doctorcito, te diré algo: yo en mis veinte años de profesión nunca he visto una, olvídalo". Punto final.
Mi papá pensó: "¿y si ésta fuera la primera?", pero no se animó a decir nada.
Pocos días más tarde mi tío Laertes moría, en medio de espantosos espasmos e interminables intentos de hacer entrar aire en sus pulmones hasta, que por fin, luego de infinitos e inenarrables minutos, el corazón, piadosamente, dejó de latir; todo eso en presencia de la desesperación y los gritos de su madre y sus hermanos. Una tragedia. Una hemóptisis. Desde ese momento, el piano enmudeció para siempre, las risas huyeron en frías oleadas de dolor y un manto oscuro cubrió ese hogar antes luminoso.
Cuando mi papá me contó este luctuoso hecho del pasado, sus ojos grises se agrisaban más y un extra de lágrimas pugnaban por caer, a pesar de sus esfuerzos para evitarlo. Habían pasado muchos años pero el dolor estaba ahí.

viernes, 9 de agosto de 2019

MIRADAS QUE MATAN.

Por Mónica Bardi

Hace unos treinta años, cuando yo era joven y guapa y recién llegada a España, estaba tomando algo con unos conocidos, en una especie de pub llamado "lugar de encuentro" en Algeciras.
Un hombre me miraba fijamente desde cerca, al otro lado de la barra. Es algo extraordinario como jamás olvidé esa mirada. ¿Por qué?
Ahora reinterpreto esa mirada de la siguiente manera: yo era una mujer libre, independiente económicamente, extranjera... una especie exótica o algo así, y se notaba. Ese extraño hombre, que ni se me acercó, me enviaba el siguiente mensaje: "eres libre pero yo te puedo domesticar". Su interés no era sexual, porque al menos se hubiera acercado, hubiera sonreído, hubiera intentado seducirme. Pero no, quería ejercer su poder.
Luego fuí entendiendo que la mujer en España recién empezaba a emanciparse y a salir de la cocina y los hijos. Por lo visto posteriormente, la única manera que el hombre ha intentado volverla a ese lugar es con la violencia.
RITA SEGATO es una antropóloga argentina que trabajó toda su vida con los presos condenados por violación en la penitenciaría de Brasilia y ha tratado de explicar esas conductas como parte de un MANDATO CORPORATIVO DE MASCULINIDAD.
"La precarización de la masculinidad por la precarización de la vida" que apuntaría al comportamiento de las MANADAS.
El problema con las leyes es que consideran estas agresiones como "crimen menor" porque el hombre no pone en peligro la propiedad ni la vida de los propietarios, es decir, no amenaza bienes jurídicos de valor universal y de interés general. La mujer es vista como bien jurídico de valor particular, de interés privado. Es el orden PATRIARCAL MODERNO Y MONOPÓLICO. El orden patriarcal es BINARIO y su estructura es muy diferente a la estructura DUAL del orden comunal.
Antes, el espacio comunal, el lugar de reunión de las familias y los vecinos era compartido, público; era un espacio de sociabilidad. Con la modernidad dicho espacio de prestigio y poder se pierde, se despolitiza y se privatiza. Ya no pertenece al mundo de la comunidad. Se margina y allí queda la mujer con sus hijos.
Afirma RITA SEGATO que los legisladores deben aprender, entender que las agresiones no son un tema de la LÍBIDO, sino del PODER.
"El crimen de género es un crimen de exceso de poder y la vulnerabilidad está del lado de la víctima, que es quien necesita la discriminación positiva, que es quien necesita de la acción afirmativa, pues es quien no ha adquirido todavía el ESTATUS de ciudadanía plena.
Y las pruebas son una gran cantidad de sentencias que no registran ni garantizan la dignidad de persona plena para las mujeres".

miércoles, 7 de agosto de 2019

EMERGENCIA CLIMÁTICA.

Por Mónica Bardi.

Los vuelos han demostrado ser altamente contaminantes. Pero, entonces, ¿cómo se lograría que la gente dejara de subirse a un avión para ir de vacaciones, por ejemplo, cuándo hoy en día las epidemias de turistas no hacen más que aumentar?
La que despertó la alarma fué la ya archiconocida activista medioambiental sueca GRETA THUNBERG, que analiza su presupuesto para viajar en CO2. Nosotros calculamos nuestros presupuestos para viajar en euros, dólares, etc, pero ella los calcula en emisiones de CO2 generadas.  Greta no se ha subido a un avión desde 2015 y afirma: "mi generación no podrá volar más que para emergencias si no nos tomamos en serio la advertencia sobre el límite de 1,5 grados de temperatura".
Ya no se habla de cambio climático sino de emergencia climática.
En Suecia se ha acuñado el término FLYGSKAM, que se podría traducir como "vergüenza de volar" y así deberíamos sentirnos si leyéramos un artículo de la revista SCIENCE en la cual se concreta una cifra: cada tonelada métrica de dióxido de carbono derrite tres metros cuadrados en el Ártico. Si antes los planes para compensar este desastre era la reforestación, hoy la líneas aéreas van a tener que compensar el daño financiando proyectos de energía sostenible. La industria de la aviación va buscando soluciones como combustibles sostenibles y aviones más eficientes.
Lo que yo pienso es que todo eso está muy bien pero que ya es tarde. No se va a cambiar así como así los hábitos de la gente que puede volar. Es exigirle demasiada responsabilidad y no será viable.
En fin, sigamos hasta que la gran catástrofe nos obligue a parar y/o a la desaparición de parte de la humanidad. No suena optimista, ¿no?

martes, 30 de julio de 2019

#PorTodas

(...) "Así, el resultado es bien la normalización del horror (la violencia machista se presenta como una lacra inevitable, casi como un desastre natural), bien su banalización en esas tertulias matutinas que hacen de la desgracia espectáculo. Se huye del análisis de fondo: que la violencia machista no es espontánea, responde a un sistema de organización política, económica y social que se llama patriarcado". EDURNE PORTELA. 

lunes, 29 de julio de 2019

ANCESTROS

MARÍA MARTINÓN es la directora del Centro Nacional de Investigación Humana (España). Nos cuenta en un interesantísimo artículo publicado en el mes de julio de 2019, en la revista EL PAÍS SEMANAL, las supuestas alternativas ocurridas hace unos 100.000 años, año más, año menos, entre los sapiens (nosotros) y los extintos neandertales. Un detalle curioso es el tema de nuestra capacidad para seguir bebiendo leche de adultos, gracias a una mutación que nos permite seguir digiriéndola y eso constituiría una singularidad del ser humano.
También habló del nicho ecológico que es cómo se gana la vida una especie, qué hace. Y el humano hace de todo: en nuestra especie caben todos. Los listos, los tontos, los tímidos, los temerarios, los valientes y los cobardes. En este escenario parece que no dejamos mucho espacio para otra especie; además, otra especie parecida a nosotros.
Pero además los sapiens pudieron llegar a China hace al menos 80000 años y a Israel hace 100000, entonces, ¿por qué no tenemos sapiens en Europa donde los neandertales llevaban viviendo 500000 años?
Probablemente éstos eran más fuertes y estaban mejor adaptados al frío de la era glacial, aunque quizás tuvieron mala suerte. Estuvieron aislados mucho tiempo y la endogamia (reproducción dentro de la misma especie) los agotó genéticamente, de ahí la importancia de la diversidad y la mezcla. Y esa fue una buena suerte para el sapiens que pudo entrar como oportunista cuando al neandertal ya le iban mal las cosas. Si el clima hubiera sido distinto y otras hubieran sido las oportunidades, esta historia quizás la estaría contando una neandertal y no una sapiens.
Gracias, María Martinón, por estas cosas tan interesantes que nos enseñas.


martes, 16 de julio de 2019

FEMINISMO Y TUBERCULOSIS.

BEATRIZ PAUL PRECIADO: de sus palabras,  me resultó sumamente curioso y, además, creo que bastante desconocido, el origen de la palabra FEMINISMO.
Fue acuñada por un médico francés en 1871, como entidad clínica que describía la feminización que sufrían los hombres aquejados de tuberculosis, una enfermedad infecciosa grave.
Entonces, el hijo de Alejandro Dumas, que era un escritor panfletario y satírico, adoptó esta palabra para referirse a los hombres que defendían las causas de las sufragistas.
Nunca hubiera imaginado que esa palabra, el FEMINISMO, hubiera recorrido ese largo camino para llegar a designar a mujeres luchadoras. Gracias a las conferencias de Beatriz Preciado, en las cuales se aprende tanto, me enteré de este hecho sorprendente.

sábado, 29 de junio de 2019

LOS LIBROS DEL ÁRBOL

Por Mónica Bardi

CAPÍTULO UNO.
Había una vez un chico que, debido a unas trágicas circunstancias que luego detallaremos, se quedó, por decisión propia, a vivir solo en medio de un enorme bosque.

Ignoramos como logró sobrevivir, pero el hecho es que lo hizo porque, a fin de cuentas, no era tan pequeño cuando le ocurrió aquéllo. Un chico listo, además. Como el bosque no daba mucho de sí para alimentarse, se acostumbró a sacar comida de la basura por las noches en los pueblos vecinos. Alguien lo había visto y se había corrido la voz de que existía un chico salvaje en los alrededores aunque la mayoría creían que se trataba de un cuento para asustar a los más pequeños. Nuestro joven tenía un apellido que siguió manteniendo como si fuera un apodo: Baum y encontró un lugar idóneo para vivir en un enorme hueco de un árbol legendario. Una ardilla a la que había alimentado le hacía compañía. Un ejército de luciérnagas le iluminaba el sendero en las noches de luna nueva. Su vida era muy sencilla y estaba conforme con ella. Había experimentado la vida "normal" siendo pequeño y como estaba llena de obligaciones y horarios, prefería ésta. A veces echaba de manos a sus padres pero no demasiado porque estaban todo el día discutiendo. Sus compañeritos de la escuela no estaban mal y algunos eran hasta simpáticos pero estar tantas horas tragando información sentado y quieto no era lo suyo. Además, una vez lo llevaron a un médico que le quiso dar unas pastillas para mantenerlo todavía más quieto y tragando más información. Menos mal que su madre se negó alegando que todos los niños sanos son inquietos. ¡Su mamma! A ella la extrañaba, claro que sí. A él no le importaba que se encontrara a escondidas con el vecino, porque el vecino era muy, pero que muy cariñoso... con su mamma y con él. Al que recordaba con una punzada en el corazón era a su hermanito Marius. ¿Por qué tuvo que morir tan chico? Tanto le echaba de menos que a veces le parecía verlo entre el follaje. Otras veces lo oía correr con su vocecita infantil, llamándolo: "¡Baum, ven!" Pero como él no creía en fantasmas ni paridas semejantes, sabía de sobra que su hermanito estaba porque él lo recordaba. Hasta escribió su nombre con un punzón en la corteza del árbol. También añoraba las golosinas de colores que lo llenaban de caries. Y en cuanto al resto de su familia cada uno iba a lo suyo... mejor.


Por eso cuando ocurrió aquél terrible accidente donde murieron todos menos él, caminó sin rumbo en estado de shock internándose en el enorme bosque. Allí se quedó semi-inconsciente hasta que por fin, despertó. No tenía ni idea como volver y entonces fue cuando encontró ese enorme árbol ahuecado y, sin pensárselo dos veces, entró en él como quien vuelve al útero materno. La policía había peinado la zona buscándolo y hasta dragaron el río, pero como no hallaron nada al final se fueron... menos mal, pasaron a su lado pero no lo vieron. No confiaba mucho en la policía porque había visto en la tele cómo apaleaban a los jóvenes universitarios y deshauciaban y desalojaban a los ancianos a la fuerza. Sabía, porque su padre se lo había dicho, que ellos estaban para mantener el orden pero a él le parecía que era un orden injusto. ¿Y si lo culpaban a él del accidente? Después de todo iba al volante, sentado encima de su padre; ellos empezaron a discutir, como siempre y ese camión de frente... además, en varios capítulos de los Simpson tampoco salía la policía muy bien parada. En fin, que confiaba más en los animales y los vegetales. Claro que a veces pasaba frío, la lluvia lo empapaba; y más de una vez llegaban a sus recuerdos esas exquisitas sopas humeantes que preparaba su mamma ... las mismas que él rechazaba, como Mafalda.
A lo que se adaptó pronto fue a la oscuridad del bosque que tímidos rayos de sol apenas arañaban y a los ruidos de las hojas secas como pisadas vegetales de árboles andantes, igual que en el cuento de Chesterton, que leían con Marius antes de dormirse.
Un día que fue a buscar comida a un pueblo, un cachorro hambriento en estado calamitoso se le acercó con mirada suplicante. Baum pensó: "Oh, no, dos para comer" e intentó alejarlo pero como le dió lástima, al final se lo llevó. Lo llamó Riquet, como en el cuento de Anatole France.

 El tiempo pasó y ambos crecieron. La vida del joven se enriqueció enormemente desde que en los pueblos empezaron a reciclar la basura. Mucha gente ya no se interesaba en los libros, los tiraban al contenedor de papel y de allí los rescataba Baum y los devoraba sentado contra su árbol. "Leer es escuchar a los muertos con los ojos", escribió Quevedo y eso le quedó grabado a fuego a nuestro joven lector.  Como no tenía tele, ni móvil ni teléfono inteligente no tuvo más remedio que desarrollar su propia inteligencia de manera autodidacta alimentándose con literatura de gran calidad porque casi nadie tenía paciencia para leer extensos ensayos o largas novelas. Los atlas desplegaban sus maravillas ante sus ojos voraces con casi insolentes e insondables imágenes de galaxias y estrellas que quizás ya no existían. Luego levantaba la vista y estudiaba las constelaciones. Esa oceánica inmensidad lo emocionaba; a veces le parecía que se elevaba de tanto fijar la vista y tocaba a Sirio, la estrella más brillante de la noche, ese misterioso sistema binario que desde lejos parecía uno. Y entonces recordaba esa frase que tanto le costó entender: "Si miras fijamente al abismo, el abismo te devuelve la mirada".
CAPÍTULO DOS.

La noticia corría como la pólvora y como una bola de nieve se agrandaba alimentándose de terror. Alguien había asesinado a dos niños pero la policía carecía de pistas. El criminal había huido sin dejar rastros; no había testigos, sospechosos, nada. Y si había algo era secreto sumarial. El o los tipos podían estar todavía en el pueblo o haberse largado a alguna aldea o país vecino, a la gran ciudad por la autopista... al bosque...al país vecino...
Baum se enteró del crimen por los diarios tirados a la basura y pensó: "a ver si la policía sirve para algo" y se olvidó del tema porque en un restaurante caro cercano habían desechado un montón de exquisiteces recién hechas: lasañas, salchichas, ensaladas de frutas... ¡la boca se le inundaba! La digestión empezaba con la saliva, había leído en un libro de odontología y ese olorcito desencadenaba el proceso.
Con una enorme bolsa y saboreando por anticipado los manjares, se encaminó al bosque. Lo que no calculó adecuadamente fue el peso de lo que acarreaba. "Eso me pasa por glotón" y siguió adelante. "Yo puedo, siempre puedo" se dijo y se repitió a sí mismo.

CAPÍTULO TRES

Griselda se topó con ese árbol añoso y súbitamente entendió que allí vivía alguien.
"Qué curioso", pensó, " está todo lleno de libros. ¿Habrá algo para comer? Sí, hay, ya veo. Aquí me quedo por el momento y si alguien aparece, ya veré lo que hago".
Necesitaba descansar, tenía hambre pero sabía que probablemente la policía la estaría buscando por el tema de los niños, así que tenía que seguir huyendo.
"No tuve más remedio que matarlos, eran increíblemente crueles y al final, aunque lloraron y pidieron perdón, los tuve que matar. Por primera vez en mis 15 años de vida tuve la certeza de que brotaba un germen de justicia. Si, justicia, un poquito, al menos; espero que la policía científica no haga uno de sus rimbonbantes descubrimientos" se decía mientras devoraba unos tomates con patatas medio pasados.
CAPÍTULO CUATRO.

"Siempre puedo con estas cosas pesadas... pero hoy no puedo, es demasiado", se lamentó Baum mentalmente mientras observaba a su apetitosa bolsa medio desparramada en el suelo con las dos asas exhaustas colgando a cada lado, a la vez que pensaba como resolver el tema sentado en una piedra.
De golpe vio que un asa de la bolsa se izaba sola, como impulsada por una fuerza misteriosa. Su perro Riquet puso las orejas tiesas y movió el rabo... pero no ladraba.
El asa derecha se mantuvo erguida como invitándolo a coger la otra. Los segundos parecían horas y Baum seguía petrificado.
Cuando logró a duras penas superar su miedo a lo inexplicable, se acercó temblando y dijo en voz alta: "justo lo que me hacía falta: una mano amiga para poder llegar a destino. Entonces, ¿será verdad? ¿los fantasmas existen? ¿Eres tú, Marius, eres tú, hermanito mío?"
Finalmente, levantó la otra asa y comenzó a caminar con la mitad del peso, sin dejar de mirar a su derecha, aunque allí no había nadie... bueno, sí había...
CAPÍTULO CINCO.

Griselda se iba acomodando y mientras comía lo que encontraba, miraba atónita en derredor. Ese árbol parecía una biblioteca desordenada. Había libros de todas clases, colores y tamaños. Abiertos, cerrados y con señaladores, sirviendo de apoyos cual mesas, cama, sillas. Diríase que eran como muebles y que estaban así dispuestos para que verdaderos muebles no restaran espacio a los libros.
La enciclopedia británica en hileras iguales daban apoyo a un colchón y a un saco de dormir. Pilas de novelas sostenían lámparas de queroseno y tomos de ensayos daban sustento a platos y botellas de agua.
En las alfombras y esterillas del suelo descansaban revistas y libros abiertos, variados cuadernos con anotaciones e infinidad de lápices asomaban de botellas limpias y vacías.
Claveteados en las "paredes" había grandes ilustraciones de imágenes del sistema solar y galaxias lejanas. Mapas de todo el mundo y un globo terráqueo completaban el insólito lugar.
"Pero qué curioso, es como si aquí viviera un profesor o un bibliotecario, aquí podría vivir Borges".
En un rinconcito yacía vacía una camita de perro, con su plato y su bebedero y afuera, en una raída tienda de campaña, más libros. Un título llamó su atención: IDENTIDADES ASESINAS, de Amin Maalouf.
Lo abrió al azar y leyó: ["Los hombres son más hijos de su tiempo que de sus padres", decía el historiador Marc Bloch. "Siempre ha sido así, sin duda, pero nunca lo ha sido tanto como hoy. ¿Es necesario volver a recordar..."]
_¿¡Qué haces aquí¡?_dijo con una calma impostada un joven que entró inesperadamente.
Griselda dejó caer el libro y trató nerviosamente de explicarse: que se había perdido en el bosque, que tenía miedo, que tenía hambre... que encontró ese refugio... pero que no se preocupara, que no era ninguna ladrona.
_¿Qué leías?_preguntó Baum un poco más calmado.
_Esto_ murmuró ella mostrando el libro_ pero ya mismo lo dejo en su sitio.
El muchacho empezó a sacar las cosas de la bolsa, muy serio e improvisó una comida para dos, sin despegar sus ojos de esa extraña joven.
_¿Tienes hambre?
Ella asintió. Riquet se acercó y le lamió la mano. "Buena señal" pensó Baum. Ella lo acarició.
_¿Cómo se llama?
_Riquet.
_¿Qué? ¡Como el mío! ¡Pero qué casualidad!
_¿De dónde sacaste ese nombre?_ preguntó Baum con verdadera curiosidad.
_Mi padre llamaba así a todos sus perros.
_ Y ahora, ¿dónde están tus padres?
_ Cualquiera sabe. Algún día te contaré. ¿Y los tuyos?
_Algún día te contaré_contestó Baum pensando para sus adentros: "nunca lo sabrás". ¿Y tu Riquet?
_ Unos desconocidos le prendieron fuego a la cola y lo apalearon y aunque traté de curarlo por todos los medios, se murió. Los ojos de la chica se perdieron detrás de un lago contenido de lágrimas.
Baum desvió la vista discretamente y pensó: "le duele más el perro que sus padres".
_¡Qué hijos de puta!_ exclamó él, y notó enseguida que ese insulto provocó en ella una mirada de agradecimiento.
Comieron en silencio mientras se estudiaban con desconfianza.
Pero fueron pasando los días y los jóvenes se fueron acercando con cautela, sin molestarse. Ella se iba a pescar al río y él leía. O ella leía y él se acercaba a las aldeas.
Una nueva paz acariciante fue ganando esa zona del bosque. El árbol se llenó de hojas nuevas, la hierba se mecía riendo y el río parecía más transparente.
CAPÍTULO SEIS



Un día algo tormentoso unos hombres se internaron en el bosque y alejándose mucho del sendero se toparon con lo que parecía ser un picnic a lo grande. Cebados por la curiosidad se acercaron a un árbol centenario. En ese mismo instante, Baum salía por la "puerta". Muy sorprendido y en estado de máxima alerta sintió como la adrenalina inundaba su sangre. Esperó muy quieto, como un felino a punto de saltar.
Uno de los hombres lo abordó.
_Eh, chico, no te asustes. Somos policías.
Peor, pensó pero no dijo nada, claro.
_Pero ¿qué tinglado tienes montado acá, chico? No me digas que tú eres el salvaje de la leyenda. ¿Cómo te llamas?
_ Baum.
_ ¿Baum es tu apellido, no?
_Si. ¿Qué quieren?_Su cerebro funcionaba a todo tren mientras pensaba respuestas alternativas a su irregular situación.
_Nosotros hacemos las preguntas, no te equivoques. A ver tu DNI.
_No tengo. Pero soy mayor de edad.
_ Eso ya lo veremos. Aunque en realidad no te buscamos a ti, sino a una rubia, delgada, con aspecto de vagabunda. ¿La has visto?
_...No...no... eh... una mujer sola por estos lugares sería muy raro. No, no la he visto. De hecho, no he visto a nadie.
_¿Podemos entrar a tu... casa-árbol?
_Claro. dijo y pensó a toda velocidad si no habría rastros de Griselda.
Había, pero ni siquiera los vieron, alelados como se quedaron al ver tantos libros.
_Dios mío_ dijo uno_ no parece la cueva de un salvaje, sino una librería.
_Pero, ¿dónde están tus familiares, hijo?
_Muertos.
_¡Ya entiendo! La familia Baum, como Frank Baum, el autor del mago de Oz. Tú eres el chico desaparecido del accidente de circulación de hace unos cinco años.
_Seis años, cuatro meses y doce días.
_ Cómo pasa el tiempo... bueno, a lo que íbamos. Esta chica, si la ves, ten cuidado y avísanos. Ha matado a dos chicos.
_....
Baum todavía no entiende cómo esos dos hombres no detectaron la palidez mortal que le sobrevino al escuchar esa noticia.
Para disimular el mareo  dió unos pasos hacia su cocinita de dos hornallas y agarró la cafetera, como para ofrecerles café.
_No, gracias_ dijo el policía más joven_ no queremos café. Tenemos prisa. ¡Ah, y sácate el DNI, por favor!
_Lo haré, se lo prometo_ dijo Baum en una voz apenas audible.
Y se fueron.
CAPÍTULO SIETE

Griselda se preparaba para volver del río. Le había ido bien en la pesca. Estaba contenta. Por fin podía vivir en paz con alguien. Baum era tranquilo, no hacía muchas preguntas y algo parecido al amor había surgido entre ellos. Los unía la desconfianza del mundo y el amor a los animales. También le daba la sensación que ambos se protegían mutuamente. Ya iba caminando de vuelta cuando de repente un niño y un perro que le resultó familiar, se acercaron corriendo hacia ella muy agitados.
_¡Griselda, Griselda, espera! ¡Todavía no vuelvas! ¡Está la policía con Baum!
_¡Ay, Dios...!¡No me digas!, pero, pero, ¿tú quién eres?
_Yo soy Marius, el hermano pequeño de Baum.
Y se fué corriendo junto con el perro del rabo quemado.
Griselda, más aterrorizada por lo que pudiera saber Baum de los crímenes, que por la propia policía sentía que su incipiente y dulce mundo se venía abajo.
¿Qué pensaría él de los asesinatos y peor aún, de su mentira?¿Ahora qué hago?
Empezó a llorar con espanto y desesperación, preguntándose una y otra vez por qué no había tenido el coraje de decirle la verdad a Baum. Largo rato estuvo allí hasta que se decidió a volver y afrontar lo que fuera.
En ese momento lo vio acercándose. Había salido a su encuentro.
Se fueron acortando las distancias y las miradas de ambos cargadas de un pasado de dolor, se interrogaban con ojos acuosos.
_Vino la policía_ comentó serenamente Baum_ me obligan a sacar el DNI, dicen que no puedo seguir indocumentado.
_Ah, si... claro_ murmuró con la cara desencajada. Y agregó:  ¿nada más? Porque también me buscan a mí... creo.
_Ya lo sé, ellos me lo contaron. Bueno, ¿volvemos? Tengo hambre.
CAPÍTULO OCHO.

Mientras comían, Baum le preguntó a Griselda: ¿por qué tardaste tanto en el río?
_ Es que tu hermanito Marius me avisó que estaba la policía y que no volviera enseguida.
Baum enmudeció. Otra vez la adrenalina.
_ ¿De dónde salió tu hermano? Ni sabía
que tenías uno_prosiguió Griselda.
_Es que... es que... está muerto. Marius murió en el accidente de coche junto con mis padres. Yo sólo salí ileso.
_¿Cómo? ¿Me estás diciendo que es un fantasma?
_Si, y no es la primera vez que aparece.
A Baum le gustaban las respuestas escuetas e inequívocas.
Griselda guardó silencio. Era creer o no creer. Y allí cayó en la cuenta que el perro con la cola quemada era su Riquet, otro fantasma.
Baum rompió el mágico silencio y muy serio, dijo: "Griselda, tengo algo importante que decirte. Creo que nos tenemos que ir de acá. Una vez que la policía te mira con lupa, ya has perdido la paz. Cualquier problema que haya por allí, los vagabundos como nosotros siempre seremos culpables de algo".
Ella lo entendió a la perfección.
No sin pena dejaron atrás sus tesoros, sus libros, sus vidas; pero eran jóvenes y sobrevivientes de tragedias.
Atravesaron la frontera con dos mochilas y su Riquet.  Pero no eran solo tres: un niño y un perro transparentes pero presentes, los acompañaban.

                       


jueves, 20 de junio de 2019

LA MUELA Y EL TABACO.

Era una de las familias notables de la ciudad, ésas con solera, patriarcas y tragedias, de origen italiano. Vivían en la calle 25 de Mayo, en Témperley, provincia de Buenos Aires. 
Ella se sentía honrada paseando su adolescencia tardía (de la cual nunca se recuperó) por los pasillos de esa vieja y elegante casa con aromas de misterio, como si fuera un altillo grande, con baúles que se abren solos en las noches de luna llena. Ese tipo de casa donde todavía viven los abuelos y hay pecados escondidos en cada rincón. Los retratos colgados en las paredes de los antepasados la escrutaban en color sepia con ojos reprobatorios, siempre reprobatorios.
Ella no podía evitar furtivos vistazos a las habitaciones que se iban abriendo a su paso y oler susurros apagados de pretéritas historias fabulosas. Le encantaba aquello.
Su gran amiga y compañera del secundario Birgitta Steinmann Bozzini la había invitado a ésta, su ilustre casa.
Birgitta tenía un hermano, Manfred, muy inflexible y que se había visto obligado a hacer de padre ya que el doctor Steinmann, el padre de Birgitta, se había largado de esa familia con una bailarina del Ballet Ruso, dejando a su esposa dando suspiros... de alivio.


Pero lo que a ella la dejaba absolutamente fascinada era el tío materno de Birgitta, un hombre mayor refinadísimo que narraba entre sonrisas y comentarios irónicos, hechos de su vida cosmopolita, plena de vicisitudes en lugares lejanos y rutilantes, allá, en la vieja Europa. 
El tío Flavio era la oveja negra de la familia, a pesar de haber sido un eximio violinista demandado por las mejores orquestas del mundo. Aunque lo que trasuntaba era mucho más que eso: él era libre, libre como una libélula, como un pájaro; y eso lo exhalaba por todos los poros de su piel. Más se deslumbraba Ella.
Al revés que sus hermanos que habían obedecido mansamente al patriarca, el abuelo Bozzini, y habían estudiado carreras rentables para perpetuar y acrecentar la fortuna familiar, Flavio, desde muy joven, había dado muestras de rebeldía y desarraigo.
Esa actitud bohemia a Ella la subyugaba y suspiraba, sin despegarle la mirada: "si tan solo fuera más joven". Tan delgado y elegante, tan viajado y delicado. 
Sus relatos de cuando era un pibe talentoso y trotaba por el mundo europeo pasando hambre y frío en sus principios, aunque visitara salones aristocráticos, la remontaban a lejanos paisajes románticos con candelabros y nieve. 
Por fin, siguió relatando Flavio, logró hacerse un lugar en el competitivo mundo musical y su vida dió un vuelco favorable. Y allí fue cuando se enamoró...y... y... ¡sonó el teléfono!
_¡Noooo!_ gritó Ella_ ¡déjalo! ¡No lo atiendas! 
No podía soportar que la trajeran de vuelta a este  pedestre mundito, cuando ella volaba junto con el tío Flavio en una alfombra mágica por los cielos de Praga y de París.
Pero el demandante campanilleo iba en aumento y Birgitta lo atendió. 
_Es para vos. Tu novio Roberto.
_Ufffff, no_ protestó Ella.
…….......................................................................
Estaban los dos en un bar. Él tenía algo importante que decirle.
_No me vayas a malinterpretar_ dijo Roberto cariacontecido y culposo.
_Claro que no, no, no te preocupes_ aseguró Ella, ardiendo de curiosidad.
_Es que es un asunto... algo... ¿cómo decirlo? Es un asunto delicado ¡Eso! Delicado... y puntual, desde luego, no va a volver a ocurrir.
_Me hago cargo. Cuenta, cuenta, no tengas miedo.
_¿¡Miedo yo!?_ saltó Roberto como un resorte.
_Oh, oh_ pensó Ella_ botón equivocado.
No le convenía seguir con la misma estrategia. Y allí terminó la conversación y se extinguió temporalmente la confidencia. 
..............................................................................Ella, muy contrariada por la interrupción, atendió por fin el teléfono.
Su novio Roberto era un agradable, barbudo y machista muchacho, separado de su esposa. Tenía hijos, tenía problemos pero, por suerte, tampoco tenía plata.
En fin, a Ella le gustaban los problemáticos, porque así podía redimirlos y reconducirlos a la buena senda... no se le daba bien la otredad.
Roberto pedía auxilio, cuándo no, porque le dolía una muela con dolor agudo de verdad y como era domingo, no había conseguido un dentista disponible. Ya sabemos de sobra como son los dentistas. Para sacarte dinero, siempre están, pero para sacarte un dolor, nunca.
Él se preguntaba si el tío de ella, Menes, que era de la profesión querría tener a bien atenderlo de urgencia en su consulta de Lomas de Zamora.
El tío Menes, hermano del padre de Ella, estaba casado con Mari Esther, radióloga, y ambos tenían debilidad por esa díscola y soñadora sobrina, siempre elucubrando con trotar por el mundo. 


Y así se hizo. Roberto tomó el último autobús que venía de la ciudad de La Plata y ambos se acercaron al consultorio del tío Menes, que, por suerte, estaba al lado de su casa.
Fueron recibidos con alegría. La desconsiderada muela fue extraída y todos se despidieros con besos y arrumacos.
Como Roberto no tenía medio de transporte para volver a La Plata, mientras buscaban una solución, volvieron a la casa de Birgitta. ¿Dónde dormir? En la casa de Ella imposible. Su padre no lo hubiera permitido.
Entonces el tío Flavio, acostumbrado como estaba a las transgresiones, sugirió que, por esa noche, podrían quedarse en la insigne residencia Bozzini. Lugar había y buena voluntad también. 
Fiorella, la madre de Birgitta, lanzó un grito escandalizada. 
_¡No, no, no! ¿Qué va a decir papá?
_El viejo patriarca no va a decir nada porque está en su precioso campo en Cañuelas- aseveró tío Flavio_  no va a volver y aquí nadie va a soltar la lengua. 
_Pero, pero_ balbuceaba Fiorella casi llorando, demostrando así su perpetuo miedo, su alma de mujer dócil. 
_ ¿Y mi hijo Manfred? Él va a llegar en cualquier momento ¿No pensaron en él?
_Manfred hoy no vuelve; se queda a dormir en la casa de su novia. Pero eso sí, en dormitorios separados_ ironizó el tío Flavio, bajando la voz.
Ella pensó: "se ve que el tío Flavio está muy decidido... es un divino este hombre. Si tan solo fuera más joven", suspiró sin despegarle ojo. 
No obstante_ dijo él ya mas serio_ quiero que quede claro que en esta casa no se fuma. ¿De acuerdo?
_Por supuesto, por supuesto._ coreamos todos.
..............................................................................
Ella y Roberto seguían en el bar. 
Ella se acercó suave como un gato a Roberto y le acarició el pelo mientras sonreía.
Todo muy suave para que él no fuera a sospechar que tenía un solo objetivo: saber lo que había pasado, eso que le costaba soltar.
_Mi amor, seamos sinceros: si no quieres, no me cuentes. Yo solo quería que fuera un desahogo, un alivio para vos. A alguien se lo tienes que contar.
_¡No seas hipócrita!_ gritó dando un puñetazo en la mesa._ ¡Que te conozco, bicho colorado!
_Uy_ pensó la hipócrita_ otra vez me equivoqué. Y ahora ¿qué hago?
Supuso que sus últimos ases en la manga eran dos: uno, un buen revolcón sexual o, segundo, quedarse callada, con carita de pena... optó por lo segundo y esperó el resultado. 
.............................................................................


Fiorella, la mamá de Birgitta y hermana de Flavio, se arrodilló en su altarcito a rezar, como quien espera la llegada de los hunos.
Ignorándola, el tío Flavio nos mostró su dormitorio con dos camas pequeñas. Ella dormiría con Birgitta en el dormitorio de las chicas, y Roberto con el tío Flavio. Los chicos con los chicos y las nenas con las nenas. Salvado el honor. Ella no entendía por qué Fiorella se preocupaba tanto y se lo tomaba todo tan a la tremenda. 
Un silencio cómplice revoloteaba como un nubarrón oscuro. Cenaron, charlaron de sandeces y se fueron a dormir. Ella seguía pensando: ¿a qué se debe tanto drama?
..............................................................................
En el bar Roberto se iba ablandando. El silencio de su novia y los whiskies que oportunamente ella invitaba aflojaban las barreras, los pruritos y las vergüenzas.
_Esto promete_ pensó Ella. Pero siguió callada porque le pareció la mejor estrategia. 
...............................................................................
Al día siguiente, en la casa de la calle 25 de Mayo, estaba el tío Flavio muy temprano en la cocina, preparando desayunos para todos. Tenía cara de haber dormido poco y mal, aunque hizo hincapié, más de una vez, que se había quedado como un tronco apenas apoyada la cabeza en la almohada.
La joven Ella fue a despertar a su amado, que torraba a pata suelta.
Siendo siempre tan distraída, algo curioso llamó a lo puerta de su intuición para lo que a priori no encontró una explicación racional... ni a posteriori.
El paquete de cigarrillos de Roberto estaba en la otra mesita de noche, la del tío Flavio. ¿Cómo había ido a parar allí? ¿No era que estaba prohibido fumar? ¿No era que el tío había comentado insistentemente que se había quedado cuajado al instante de acostarse? Si él se había dormido y Roberto había aprovechado para regalarse un pitillo a escondidas, tendría que tener el tabaco de su lado. Olor a cigarrillo no había pero, indudablemente, algo olía a chamusquina.
..............................................................................
_¡Tú ganas!_ exclamó Roberto resolutivamente y con un fuerte aliento alcohólico_ ¡confieso que... que tuvimos una noche de pasión con el tío Flavio...si, de sexo...y además confieso que nunca había sentido tanto placer! ¡Si, ninguna mujer me hizo sentir nada semejante, nunca!... Eso no significa que me gusten los... los... hombres ¿entiendes? La miró casi llorando, acojonado y acongojado. 
Y bajando el tono de voz terminó susurrando y mirándola como un cachorrito huérfano.
_¿Qué... qué... te parece?
_Bueno, esteee... cosas que pasan... cosas que pasan. Tampoco le des mayor importancia. Fue una noche algo... rara. 
Y todo por un dolor de muelas. Mira a qué territorios te puede conducir un dolor de muelas.
Y se quedó muy pensativa ¿Qué sentía en realidad? Ni enojo, ni excesiva sorpresa, ni rechazo... perplejidad, quizás.
Al final, agarró la mano de su novio y mientras lentamente caminaban dijo, quitándole hierro: _Tiempo al tiempo, no te angusties. Ha sido sólo un episodio aislado.
Y pensó: ¡QUÉ ENVIDIA! ¡CON EL TÍO FLAVIO!



jueves, 13 de junio de 2019

SIESTA ANDALUZA.

Era un espléndido día primaveral en Chiclana de la Frontera, la ciudad española donde vivo actualmente. Así que mientras todos se iban a la playa, yo me dirigí resueltamente a mi sillón reclinable para insuflarme una siesta catamarqueña. Catamarca es una provincia argentina, famosa por el calor y la sequía y también famosa por las siestas integrales a las que se someten sus habitantes.
Para relajarme me pongo auriculares y busco alguna música o narración que me enganche. Así fue como me topé con un cuento relatado por Darío, un filósofo argentino; de Jorge Luis Borges, el Aleph; y lentamente me fuí sumergiendo en un estupor que orillaba cíclicamente el sueño y las ensoñaciones.
Iba y venía de un mundo de imágenes y sonidos que se mezclaban placenteramente.
¡Qué agradable es salir de las obsesiones por un rato! ¡Qué agradable es salir de una misma!
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"Traté de razonar.
_Pero, ¿no es muy oscuro el sótano?
-La verdad no penetra en un entendimiento rebelde. Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.
-Iré a verlo inmediatamente".
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El candelabro de dos velas cincelaba luces y sombras sobre el ruinoso y coqueto empapelado rosa, en un inútil esfuerzo por concretar fantasmas.
El Aleph seguía relatándome sus hechos extraordinarios cuando súbitamente entraron por la puerta principal (no la del consultorio) de la casa de Témperley, en Argentina, mi papá y mi mamá, que habían muerto hacía muchos años.
-Por fin- les dije sacándome un auricular- ya iba a llamarlos. Bueno, luego hablamos.
Ellos se fueron al interior de la casa y yo seguí con Borges.
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"Bajé con rapidez, harto de sus palabras insustanciales. El sótano apenas más ancho que la escalera tenía mucho de pozo. Con la mirada, busqué en vano el baúl de que Carlos Argentino me habló".
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El escenario iba mutando y una terrible punzada casi, casi me despierta. Aquéllo dolía mucho y se prolongaba demasiado. "Así que esto era parir", pensé con desesperación, porque solo tenía 4 centímetros de dilatación, me informaron.
-Hay para rato- dijo el médico y se fue.
Lo sobrellevaba jadeando y mirando los húmedos y hostiles azulejos de un color inexistente que, encima, permanecían mudos. Una enfermera rondaba periódicamente pero entre sus tareas no figuraba la de darle una palabra de aliento a la parturienta.
Estaba completamente sola si exceptuamos al bebé que también luchaba denodadamente por salir.

¿Era necesario pasar por todo este sufrimiento para graduarse de MUJER, como decían antiguamente? ¡Qué despropósito!
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"Cumplí con sus ridículos requisitos; al fin se fue. Cerró cautelosamente la trampa; la oscuridad, pese a una hendija que después distinguí, pudo parecerme total. Súbitamente, comprendí mi peligro: me había dejado soterrar por un loco, luego de tomar un veneno. Las bravatas de Carlos transparentaban el íntimo terror de que yo no viera el prodigio; Carlos, para defender su delirio, para no saber  que estaba loco, tenía que matarme. Sentí un confuso malestar, que traté de atribuir a la rigidez, y no a la operación de un narcótico. Cerré los ojos, los abrí. Entonces, vi el Aleph.
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Y por fin lo ví.  Era un precioso varón mi primer hijo. No le faltaba ningún dedo ni en las manos ni en los pies. El intenso dolor había pasado y yo, con eso nada mas y mi hijo al lado, ya estaba en la gloria.
Una enfermera me explicó que me iban a dar unos puntos de sutura pero sin anestesia, porque eran pocos y no valía la pena. No protesté ya que me encontraba en estado de beatitud.
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"En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba". (...) "...vi el Aleph desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo".
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Sentía con lacerante nitidez como la aguja y el hilo penetraban la carne de mis castigados genitales externos pero de pronto fui consciente de que aquello no me dolía. Muy sorprendida, me encontré en otro plano de la percepción. Esa epifanía, que había logrado abolir la transmisión del dolor, me hizo llorar de felicidad; sabía que no se iba a repetir. Miré a mis ahora amigos, los húmedos azulejos del paritorio porque allí, además, allí se reflejaban las miradas de mis padres y mi tía Elsa,  bañadas en miel.

Y ahora, 45 años mas tarde, recuerdo mi particular Aleph en mi sillón reclinable de Chiclana a la hora de la siesta.


lunes, 3 de junio de 2019

EL SONAJERO QUE LO VIO TODO.

FRANCISCO GARCÍA CASTRO, de la preciosa ciudad malagueña de Estepona, envió esta carta a un diario español, que transcribo a continuación:
"De inmediato me vino al pensamiento la imagen de la niña con abrigo rojo que aparece en la película de Steven Spielberg LA LISTA DE SCHINDLER.
Me refiero al sonajero aparecido en la fosa donde hallaron a Catalina. Una fosa de la Guerra Civil en Palencia. La historia es enternecedora, si. Tomemos al sonajero como símbolo digno de la lucha contra el olvido. Que suene. Que no deje de sonar. Que no deje de sonar hasta conseguir los cambios silencios, que diría el poeta John Ashbery. Que suene'.

miércoles, 29 de mayo de 2019

BEBÉS RICOS, BEBÉS POBRES.

(....) "Nosotros nos alegramos de que el príncipe Enrique y su esposa, Meghan, hayan sido padres, no somos alimañas.
Ahora bien, se trata de una alegría extraña cuando vivimos en un mundo en el que el capitalismo financiero prohíbe tener hijos a nuestros jóvenes. La procreación, en fin, empieza a ser un asunto de ricos que exhiben sin pudor ese privilegio, como queda registrado en la imagen.
Y si entre nosotros no nacen, en otros ámbitos mueren al poco de hacerlo, también por influencia de la globalización financiera. No se ha hecho el cálculo de cuántos bebés pobres tienen que morir para que sobreviva uno millonario, pero hay relación entre una cosa y otra. No lo duden". JUAN JOSÉ MILLÁS.

LAS CONSECUENCIAS DEL PASADO


domingo, 26 de mayo de 2019

LOS FILÓSOFOS Y LA POLÍTICA

"Acostumbrados como estamos a los políticos profesionales que no han tenido ningún oficio con anterioridad o a quienes utilizan la política como trampolín para lanzar o recrear sus carreras profesionales, hay que celebrar sobremanera la designación de Manuel Cruz como presidente del Senado.
Ese itinerario es el que mejor se compadece con un espíritu de servicio público: alguien que abandona su quehacer habitual, donde por otra parte ha descollado y se siente a gusto, por un compromiso político que le hace dedicar unos años a la primera línea política, como serían también los casos de Manuela Carmena y Ángel Gabilondo. Como decía Weber, conviene distinguir el vivir de la política del vivir para la política.
Platón entendió que la política era una cosa demasiado importante para dejarla en manos de cualquiera y por eso creyó que los filósofos deberían gobernar o los gobernantes filosofar.
El nuevo presidente del Senado ejemplifica lo que Kant denominó político moral, que no debe ser confundido con el moralismo político. El primero declinará su responsabilidad política con sus convicciones y el segundo solo adaptará estas a su conveniencia instrumentalizando la ética como un mero barniz para camuflar sus tropelías".
                         ROBERTO RODRÍGUEZ ARAMAYO, MADRID.

domingo, 19 de mayo de 2019

ANA Y EL TIGRE

Mi amiga Ana era muy chica y siempre iba a la casa de una amiguita vecina, a divertirse. Se llevaban muy bien. Lo que más les gustaba a ambas era tumbarse sobre la alfombra de piel de tigre a desparramar sus juguetes y allí pasarse las horas, riendo y jugando, mientras el animal las observaba con ojos vidriosos. 
Entretanto, en la casa de Ana las cosas no eran fáciles... digamos que no era precisamente un "hogar hollywoodense". Se comprende que ella buscara rincones más acogedores. Cierta tarde fué, según la costumbre, a jugar a la casa de su vecina. 
Aparentemente todo iba bien, pero en cierto momento Ana, sin razón aparente, se puso a llorar. 
Gemía y moqueaba a lo grande.
Escuchando tamaño desconsuelo, la madre de su amiga se alarmó y preguntó que qué pasaba. Entre hipos y lágrimas, Ana fué capaz de explicar que el tigre la había 
mordido. Y lo repetía machaconamente. "¡Ese tigre me mordió!", gritaba señalando al responsable de sus desgracias con su dedito índice. Todos los argumentos adultos para demostrar  lo irracional de aquélla posibilidad chocaban repetidamente contra esa catarata de pena. Finalmente la acompañó de vuelta a su casa y allí se enteró que esa misma mañana, el papá de Ana había dejado el hogar familiar. 

Aquí la tenemos muchos años después, bella y feliz y afirma, una vez más, que el tigre la mordió. Cicatriz no le quedó pero yo le creo.