(...) "Hay un emocionante párrafo del escritor húngaro IMRE KERTÉSZ, premio Nobel de Literatura, que martillea mi cabeza desde que lo leí".
"Kertész fue internado a los 15 años en el campo de exterminio de Auschwitz; mucho tiempo después, recordando aquella experiencia terrible escribió: "Pese a la reflexión y al sentido común, no podía ignorar un deseo sordo que se había deslizado dentro de mí, vergonzosamente insensato y sin embargo tan obstinado: yo quería vivir todavía un poco más en aquel bonito campo de concentración".
"Una frase taladradora, iluminadora: aquel adolescente estaba tan lleno de ganas de vivir que consiguió acostumbrarse al infierno". (...)
ROSA MONTERO
MANERAS DE VIVIR.
domingo, 10 de mayo de 2020
martes, 5 de mayo de 2020
LOS DESPARECIDOS.
Y otros tiempos arribaron,
Y una innumerable cantidad de superhéroes llegaron.
Y millones de chicos con ellos se identificaron; a mí me olvidaron
en un bosque fantasmal, en compañía de árboles transparentes que, para mal, van desapareciendo.
Wendy prefirió al hombre-araña, los chicos se fueron con un circo y Campanilla se hizo TRANS.
De tanto esperar en el país del nunca jamás, aunque sea al capitán Garfio, al que resucitaron y le colocaron una prótesis de última generación en su mano, yo también me veo translúcido y a punto de disolverme.
Y una innumerable cantidad de superhéroes llegaron.
Y millones de chicos con ellos se identificaron; a mí me olvidaron
en un bosque fantasmal, en compañía de árboles transparentes que, para mal, van desapareciendo.
Wendy prefirió al hombre-araña, los chicos se fueron con un circo y Campanilla se hizo TRANS.
De tanto esperar en el país del nunca jamás, aunque sea al capitán Garfio, al que resucitaron y le colocaron una prótesis de última generación en su mano, yo también me veo translúcido y a punto de disolverme.
viernes, 1 de mayo de 2020
ANORMALIDAD, Juan José Millás.
Residencias públicas de gestión privada.
He ahí, unidos en matrimonio, dos significados que no casan, pero que funcionan para borrar las fronteras mentales entre el bien común y el interés particular, el capitalismo y el afecto, entre la carne y el pescado.
Yo, Comunidad Autónoma de Madrid, por poner un ejemplo, saco a concurso a mis ancianos y se los otorgó a la empresa que me ofrezca los mejores precios.
"Y los mejores cuidados", añadiría Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la comunidad, a la que no le respondemos nosotros porque ya se encarga de ello la realidad.
Además, debe andar muy ocupada en la rentabilización política de esta desgracia colectiva. Su máquina de ganar votos para el PP suena como las cajas registradoras de las cafeterías: no para de hacer clinc clinc clic. Se forra, enhorabuena.
Si lo hemos entendido bien, dirigen esas residencias corporaciones multinacionales cuyas acciones suben o bajan en función de lo que demos de comer a los ancianos y de los minutos de aseo y conversación que les arrebatemos. Cuánto menos tiempo se tarde en sacarlos de la cama y en pasarles la esponja, más beneficios obtendrán los accionistas. Dicho de otro modo, a esos viejos a los que ya se explotó convenientemente durante toda su vida laboral, se les saca ahora una plusvalía miserable proveniente de los champús y de los plátanos y de las caricias que les escatimamos. A los seres humanos siempre se les puede exprimir un poco más, igual que a esas gallinas que convertimos en pastillas para caldo cuando dejan de poner huevos a destajo. Tal anormalidad es la normal, lo viene siendo desde hace muchos años y sucedía frente a los partidos de Gobierno y de la oposición, y frente a nuestros propios ojos. Dios nos asista.
Juan José Millás.
1/5/2020
He ahí, unidos en matrimonio, dos significados que no casan, pero que funcionan para borrar las fronteras mentales entre el bien común y el interés particular, el capitalismo y el afecto, entre la carne y el pescado.
Yo, Comunidad Autónoma de Madrid, por poner un ejemplo, saco a concurso a mis ancianos y se los otorgó a la empresa que me ofrezca los mejores precios.
"Y los mejores cuidados", añadiría Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la comunidad, a la que no le respondemos nosotros porque ya se encarga de ello la realidad.
Además, debe andar muy ocupada en la rentabilización política de esta desgracia colectiva. Su máquina de ganar votos para el PP suena como las cajas registradoras de las cafeterías: no para de hacer clinc clinc clic. Se forra, enhorabuena.
Si lo hemos entendido bien, dirigen esas residencias corporaciones multinacionales cuyas acciones suben o bajan en función de lo que demos de comer a los ancianos y de los minutos de aseo y conversación que les arrebatemos. Cuánto menos tiempo se tarde en sacarlos de la cama y en pasarles la esponja, más beneficios obtendrán los accionistas. Dicho de otro modo, a esos viejos a los que ya se explotó convenientemente durante toda su vida laboral, se les saca ahora una plusvalía miserable proveniente de los champús y de los plátanos y de las caricias que les escatimamos. A los seres humanos siempre se les puede exprimir un poco más, igual que a esas gallinas que convertimos en pastillas para caldo cuando dejan de poner huevos a destajo. Tal anormalidad es la normal, lo viene siendo desde hace muchos años y sucedía frente a los partidos de Gobierno y de la oposición, y frente a nuestros propios ojos. Dios nos asista.
Juan José Millás.
1/5/2020
CONSPIRACIONES EN LA BUHARDILLA.
Si la casa de la calle Espora hablara, Steven Spielberg vendría corriendo, cámara en ristre. Primera planta (sin ascensor), ciudad de Témperley, a pocos metros de la iglesia católica y enfrente, en diagonal, de la iglesia metodista.
La historia de estas dos familias, que fueron alternativamente propietarias del lugar, se extiende a los años de mi adolescencia, adultez y vejez.
En esos años fui testigo esporádico de las idas y venidas de esas personas que tuvieron tanta influencia en la construcción de mi subjetividad.
Alrededor de los años sesenta y pocos, algunas alumnas del colegio Nuestra Señora del Huerto ( hoy rebautizadas las aleluyantes niñas del orto) nos solíamos reunir en la casa de la calle Espora, generalmente en la buhardilla, que era bastante grande y el centro de nuestras conspiraciones. Allí vivía la familia Fernández,compuesta por Manolo, el padre, María Luisa, la madre, Carlos (el hermano mayor) y Pilar (Pily para los íntimos, la más chica) que era nuestra compañera del colegio.
Yo recuerdo el enorme cariño que me inspiraba esta simpática familia.
Y así era como se armaban los quilombos entre padres e hijos (y amigos de los hijos).
Mientras tanto, los jóvenes planeábamos largos y elaborados planes de venganza contra la pobre vieja bruja, aunque nunca la sangre llegó al río; pero es que no había río porque sangre sí que hubo. Entre los recuerdos más inocentes ha quedado éste que me recordó Stellita.
Magdalena ignoraba que había una comunicación secreta entre la cocina, abajo y la buhardilla, arriba, por un boquete hecho para la chimenea del calefón.
Aprovechando esa circunstancia la llamábamos por el agujero con voz de ultratumba, repitiendo al son de una campanilla: "¡Magdalenaaaaa, te habla la voz de tu concienciaaaaaaaa!"
Y ella contestaba, toda cagada: "¡Ay, ay, guapas, ¿dónde estáis?, por el amor de Dios bendito, ¿dónde estáis?"
Nuestro objetivo era asustarla lo suficiente como para que no siguiera chivateando, aunque jamás hubo resultados tangibles. Siguió bocinando. Botonear y soplar era lo suyo, lo llevaba en su esencia.
Flora, al revés que Magdalena, era una joven de edad parecida a la nuestra, pero con una diferencia sustancial: era sirvienta. Hoy en día se les dice "asistentas" o "empleadas del hogar" y el trato hacia ellas parece haber evolucionado para mejor.
La pobre Flora buscaba desesperadamente parecerse a Pily, la "niña rica", en cuya casa servía y vivía.
Nosotros, en esa época y a esa edad, carecíamos en absoluto de dulzura o comprensión hacia la gente desfavorecida.
Antes bien, la despreciábamos bastante porque para nosotros eran unos "negros de mierda", dejando meridianamente claro que un negro de mierda podía ser rubio y de ojos celestes, ya que era la condición y la educación lo que marcaba la diferencia y no el aspecto físico. Era nuestra verdad, injusta, xenófoba (palabra que creo que ni existía) y cruel. ¿A qué negarla, por qué maquillarla?
A lo sumo, dejar constancia de que con los años mejoramos y nos volvimos más piadosas y democráticas porque el mundo fue cambiando y nuestra consciencia también.
Lo que quedó claro es que la concurrencia a una escuela católica no mejoró nuestro punto de vista, más bien todo lo contrario: éramos elitistas. Por suerte, el tiempo y los cambios sociales se ocuparon de barrer con esos sentimientos propios de la época (junto con el machismo).
Pero a lo que iba: la pobre Flora, en su afán de parecerse a Pily, se compraba la misma ropa, lo cual a esta última, cómo es de imaginar, la hinchaba como una cobra de un encantador de serpientes saliendo de su cesta. ¿Cómo iba a vestirse igual la niña de la casa que la humilde cenicienta? ¿En qué mundo se ha visto esa paridad social?
Un funesto día apareció la rutilante Pily con un elegantísimo abrigo (tapado en Argentina) color turquesa, que se había comprado nada menos que en la galería Alvear, donde tenía una boutique María Rosa, la mujer de Nano, el socio de Manolo, el padre de Pily.
A la pobre Flora le faltó tiempo para ir y comprarse el mismo modelo con el mismo color. Las iras de nuestra querida compañera sólo eran comparables a una tormenta tropical.
Basados en ésta, en el fondo, inocente anécdota tomamos clara conciencia de los enormes prejuicios en los que estábamos inmersos en esa época y en Argentina.
Lo que más me llena de satisfacción es que estoy recontrasegura de que hoy, en ese aspecto, somos mejores personas. Cuando digo mejores personas, más comprensivas, más tolerantes y viendo el mundo desde otro lugar, me refiero estrictamente a nuestro pequeño grupo de egresadas (y no a todas porque a veces hay silencios elocuentes), ya que la sociedad en general, visto lo visto, parece contener más odio y estar más polarizado, tanto en Argentina como en el resto del mundo al que tengo acceso informativamente. Hete aquí que hemos caído sin quererlo en el mundo de las ideas y, a propósito de ello, la filósofa española Adela Cortina acuñó la palabra APOROFOBIA, que, en breves palabras, significa odio a los pobres y que, según variados indicadores, va en aumento.
Según George Friedrich Hegel, filósofo alemán idealista, el deseo no está en el deseo en si, sino que el otro quiere una cosa, pero la quiere porque es el deseo, a su vez, de otra persona. ES EL DESEO DEL DESEO y quien logre en esa lucha, acceder a ese deseo, representado en una COSA (el tapado turquesa de Pily) y lo haga de su propiedad determinará quiénes mandan y quiénes obedecen. Hegel murió de una epidemia de cólera en 1831. Lo digo porque las epidemias están de moda.
A fin de cuentas, el deseo es el deseo de someter a otros, la esencia intrínseca del homo sapiens y su apego al poder.
Me fui a la mierda, ¿no? Y bueno, un poco de despegue al etéreo mundo de las ideas no viene mal de vez en cuando y si pensamos que Hegel introdujo la dialéctica en la filosofía y cada movimiento surge como solución a las contradicciones del movimiento anterior, las Aleluyantes niñas del orto hemos resuelto nuestras diferencias de juventud fomentando una amistad que ha sido capaz de dejar atrás todo lo que ya no importa.
La historia de estas dos familias, que fueron alternativamente propietarias del lugar, se extiende a los años de mi adolescencia, adultez y vejez.
En esos años fui testigo esporádico de las idas y venidas de esas personas que tuvieron tanta influencia en la construcción de mi subjetividad.
Alrededor de los años sesenta y pocos, algunas alumnas del colegio Nuestra Señora del Huerto ( hoy rebautizadas las aleluyantes niñas del orto) nos solíamos reunir en la casa de la calle Espora, generalmente en la buhardilla, que era bastante grande y el centro de nuestras conspiraciones. Allí vivía la familia Fernández,compuesta por Manolo, el padre, María Luisa, la madre, Carlos (el hermano mayor) y Pilar (Pily para los íntimos, la más chica) que era nuestra compañera del colegio.
Yo recuerdo el enorme cariño que me inspiraba esta simpática familia.
Años años más tarde entendí que una puede estar cómoda en familia ajena mucho más que en la propia, porque en las primeras nos tratan con la cortesía y la amabilidad con las que se atiende a una invitada y, por más confianza que se tenga, las familias no desnudan sus mambos ni pelean delante de extraños. En síntesis: en todos lados se cuecen habas, pero con los invitados se disimula lo mejor posible.
Magdalena, una señora mayor gallega, era el ama de llaves de dicha familia y tenía la función principal de chivatear todo lo que acontecía en esa casa en ausencia de los padres. Cómo éramos adolescentes y rebeldes, los chismes de la señora Magdalena eran, desde todo punto de vista, INAGOTABLES ya que material para andar chusmeando no le faltaba.Y así era como se armaban los quilombos entre padres e hijos (y amigos de los hijos).
Mientras tanto, los jóvenes planeábamos largos y elaborados planes de venganza contra la pobre vieja bruja, aunque nunca la sangre llegó al río; pero es que no había río porque sangre sí que hubo. Entre los recuerdos más inocentes ha quedado éste que me recordó Stellita.
Magdalena ignoraba que había una comunicación secreta entre la cocina, abajo y la buhardilla, arriba, por un boquete hecho para la chimenea del calefón.
Aprovechando esa circunstancia la llamábamos por el agujero con voz de ultratumba, repitiendo al son de una campanilla: "¡Magdalenaaaaa, te habla la voz de tu concienciaaaaaaaa!"
Y ella contestaba, toda cagada: "¡Ay, ay, guapas, ¿dónde estáis?, por el amor de Dios bendito, ¿dónde estáis?"
Nuestro objetivo era asustarla lo suficiente como para que no siguiera chivateando, aunque jamás hubo resultados tangibles. Siguió bocinando. Botonear y soplar era lo suyo, lo llevaba en su esencia.
Flora, al revés que Magdalena, era una joven de edad parecida a la nuestra, pero con una diferencia sustancial: era sirvienta. Hoy en día se les dice "asistentas" o "empleadas del hogar" y el trato hacia ellas parece haber evolucionado para mejor.
La pobre Flora buscaba desesperadamente parecerse a Pily, la "niña rica", en cuya casa servía y vivía.
Nosotros, en esa época y a esa edad, carecíamos en absoluto de dulzura o comprensión hacia la gente desfavorecida.
Antes bien, la despreciábamos bastante porque para nosotros eran unos "negros de mierda", dejando meridianamente claro que un negro de mierda podía ser rubio y de ojos celestes, ya que era la condición y la educación lo que marcaba la diferencia y no el aspecto físico. Era nuestra verdad, injusta, xenófoba (palabra que creo que ni existía) y cruel. ¿A qué negarla, por qué maquillarla?
A lo sumo, dejar constancia de que con los años mejoramos y nos volvimos más piadosas y democráticas porque el mundo fue cambiando y nuestra consciencia también.
Lo que quedó claro es que la concurrencia a una escuela católica no mejoró nuestro punto de vista, más bien todo lo contrario: éramos elitistas. Por suerte, el tiempo y los cambios sociales se ocuparon de barrer con esos sentimientos propios de la época (junto con el machismo).
Pero a lo que iba: la pobre Flora, en su afán de parecerse a Pily, se compraba la misma ropa, lo cual a esta última, cómo es de imaginar, la hinchaba como una cobra de un encantador de serpientes saliendo de su cesta. ¿Cómo iba a vestirse igual la niña de la casa que la humilde cenicienta? ¿En qué mundo se ha visto esa paridad social?
Un funesto día apareció la rutilante Pily con un elegantísimo abrigo (tapado en Argentina) color turquesa, que se había comprado nada menos que en la galería Alvear, donde tenía una boutique María Rosa, la mujer de Nano, el socio de Manolo, el padre de Pily.
A la pobre Flora le faltó tiempo para ir y comprarse el mismo modelo con el mismo color. Las iras de nuestra querida compañera sólo eran comparables a una tormenta tropical.
Basados en ésta, en el fondo, inocente anécdota tomamos clara conciencia de los enormes prejuicios en los que estábamos inmersos en esa época y en Argentina.
Lo que más me llena de satisfacción es que estoy recontrasegura de que hoy, en ese aspecto, somos mejores personas. Cuando digo mejores personas, más comprensivas, más tolerantes y viendo el mundo desde otro lugar, me refiero estrictamente a nuestro pequeño grupo de egresadas (y no a todas porque a veces hay silencios elocuentes), ya que la sociedad en general, visto lo visto, parece contener más odio y estar más polarizado, tanto en Argentina como en el resto del mundo al que tengo acceso informativamente. Hete aquí que hemos caído sin quererlo en el mundo de las ideas y, a propósito de ello, la filósofa española Adela Cortina acuñó la palabra APOROFOBIA, que, en breves palabras, significa odio a los pobres y que, según variados indicadores, va en aumento.
Según George Friedrich Hegel, filósofo alemán idealista, el deseo no está en el deseo en si, sino que el otro quiere una cosa, pero la quiere porque es el deseo, a su vez, de otra persona. ES EL DESEO DEL DESEO y quien logre en esa lucha, acceder a ese deseo, representado en una COSA (el tapado turquesa de Pily) y lo haga de su propiedad determinará quiénes mandan y quiénes obedecen. Hegel murió de una epidemia de cólera en 1831. Lo digo porque las epidemias están de moda.
A fin de cuentas, el deseo es el deseo de someter a otros, la esencia intrínseca del homo sapiens y su apego al poder.
Me fui a la mierda, ¿no? Y bueno, un poco de despegue al etéreo mundo de las ideas no viene mal de vez en cuando y si pensamos que Hegel introdujo la dialéctica en la filosofía y cada movimiento surge como solución a las contradicciones del movimiento anterior, las Aleluyantes niñas del orto hemos resuelto nuestras diferencias de juventud fomentando una amistad que ha sido capaz de dejar atrás todo lo que ya no importa.
lunes, 20 de abril de 2020
TEOREMA DEL ORTO.
La insigne y benemérita escuela Nuestra Señora del Huerto de Témperley, Argentina, ha dejado en sus egresadas de la promoción 1965 una infinita variedad de sensaciones, recontorneadas y recoloreadas, sin duda, por el largo transcurrir de los milenios posteriores.
Las ex-alumnas exhiben hoy en día, un amplio y, a veces, contradictorio, abanico de opiniones y recuerdos sobre las monjas, las profesoras y las compañeras de estudio y lo que más llama la atención es de qué manera tan diferente han quedado impresas esas vivencias; por no hablar de los agujeros negros en la memoria de unas, o nítidos recuerdos en la memoria de otras, de hechos ocurridos en la misma época y con las mismas personas.
En esas dilatadas y caóticas conversaciones de piantadas nos hallábamos, cuando una pandemia nos pilló desprevenidas. ¡Una pandemia! Suena a maldición bíblica (seguro que nos la mandaron las monjas del orto porque habíamos agotado las amonestaciones). A eso de la quinta semana de confinamiento por cuarentena por Covid-19, nuestras energías van destinadas principalmente a la cercana y diaria observación de la curva de nuevos contagiados, ya que, lógicamente, nuestra futura libertad depende de esos datos estadísticos.
Como somos personas resolutivas, hemos decidido rebautizar también esos datos que nos brinda la pequeña pantalla, en nuestro particular TEOREMA DEL ORTO. La artífice de este prodigio matemático ha sido la marquesa de los pies a la cabeza, (Grace para los íntimos),
con la inestimable colaboración intelectual de la torda cardiologista (Elvirita para los íntimos).
A la marquesa le ha sido otorgado dicho título nobiliario por su natural elegancia y su boda ventajosa con un marqués al que sacó de la ruina económica.
Y la torda, por otra parte, ha obtenido el título en dudosas circunstancias, aunque en la práctica ha desarrollado una carrera meteórica con la tapadera de su marido, obviamente de la misma profesión.
Pero a lo que íbamos: el teorema del orto, representado gráficamente en un eje cartesiano ortogonal nos indica que cuánto más se achata la curva de marras, menos chota es la situación de la enfermedad. O sea, son inversamente proporcionales: más achatada menos achotada. La palabra "chota", aunque no figure en la Real Academia de la Lengua, se podría definir como "algo jodido, peligroso o tóxico" y no tiene nada que ver con sus homófonos "tacho" (recipiente) o "tocha" (grande).
Llegado el anhelado momento de una curva nada chota y sumamente achatada (signo inequívoco de finalización de la peor parte de la pandemia), no estaría de más homenajearnos con un dulcísimo horchata de chufa, típica bebida valenciana donde las haya, que ahuyenta la mufa y rima con chata.
Sabedoras de que carece de alcohol y, conociendo el paño y la tendencias etílicas de algunas niñas del orto, dejaremos al alcance de quien lo desee, algunas otras opciones espirituosas más apropiadas para inducir carcajadas (y a veces, vómitos).
Sin más nada que agregar, esperemos la chatura total para poder agarrarnos un buen pedal.
SALUDOS A TODAS.
Las ex-alumnas exhiben hoy en día, un amplio y, a veces, contradictorio, abanico de opiniones y recuerdos sobre las monjas, las profesoras y las compañeras de estudio y lo que más llama la atención es de qué manera tan diferente han quedado impresas esas vivencias; por no hablar de los agujeros negros en la memoria de unas, o nítidos recuerdos en la memoria de otras, de hechos ocurridos en la misma época y con las mismas personas.
Yo me incluyo entre las amnésicas y no creo que sea por las drogas y el alcohol que pudieron haber hecho estragos en mis neuronas posteriormente, sino que desde pequeña he sido la antítesis de FUNES, EL MEMORIOSO.
Nuestra noble institución ha sido también rebautizada de su nombre original en latín ORTUS CONCLUSUS a ORTO INCONCLUSO, sin querer por ello aludir, de ninguna manera, a la circunstancia, aleatoria y pasajera, de la cualidad de vírgenes de nuestras queridas monjas. Ateniéndonos estrictamente a ese origen semántico, en asamblea general constituyente, decidimos ser, de ahora en adelante, LAS CHICAS DEL ORTO.En esas dilatadas y caóticas conversaciones de piantadas nos hallábamos, cuando una pandemia nos pilló desprevenidas. ¡Una pandemia! Suena a maldición bíblica (seguro que nos la mandaron las monjas del orto porque habíamos agotado las amonestaciones). A eso de la quinta semana de confinamiento por cuarentena por Covid-19, nuestras energías van destinadas principalmente a la cercana y diaria observación de la curva de nuevos contagiados, ya que, lógicamente, nuestra futura libertad depende de esos datos estadísticos.
Como somos personas resolutivas, hemos decidido rebautizar también esos datos que nos brinda la pequeña pantalla, en nuestro particular TEOREMA DEL ORTO. La artífice de este prodigio matemático ha sido la marquesa de los pies a la cabeza, (Grace para los íntimos),
con la inestimable colaboración intelectual de la torda cardiologista (Elvirita para los íntimos).
A la marquesa le ha sido otorgado dicho título nobiliario por su natural elegancia y su boda ventajosa con un marqués al que sacó de la ruina económica.
Y la torda, por otra parte, ha obtenido el título en dudosas circunstancias, aunque en la práctica ha desarrollado una carrera meteórica con la tapadera de su marido, obviamente de la misma profesión.
Pero a lo que íbamos: el teorema del orto, representado gráficamente en un eje cartesiano ortogonal nos indica que cuánto más se achata la curva de marras, menos chota es la situación de la enfermedad. O sea, son inversamente proporcionales: más achatada menos achotada. La palabra "chota", aunque no figure en la Real Academia de la Lengua, se podría definir como "algo jodido, peligroso o tóxico" y no tiene nada que ver con sus homófonos "tacho" (recipiente) o "tocha" (grande).
Llegado el anhelado momento de una curva nada chota y sumamente achatada (signo inequívoco de finalización de la peor parte de la pandemia), no estaría de más homenajearnos con un dulcísimo horchata de chufa, típica bebida valenciana donde las haya, que ahuyenta la mufa y rima con chata.
Sabedoras de que carece de alcohol y, conociendo el paño y la tendencias etílicas de algunas niñas del orto, dejaremos al alcance de quien lo desee, algunas otras opciones espirituosas más apropiadas para inducir carcajadas (y a veces, vómitos).
Sin más nada que agregar, esperemos la chatura total para poder agarrarnos un buen pedal.
SALUDOS A TODAS.
miércoles, 1 de abril de 2020
FILÓSOFOS Y CORONAVIRUS
FILÓSOFOS/CORONAVIRUS
PLATON
Quédense en la caverna ¡Por Dios!
FRIEDRICH NIETZCHE
Quédese en casa, por más difícil que sea para usted soportar su propia presencia.
RENÉ DESCARTES
Habito, luego existo.
HEGEL
Tesis: Me quede en casa
Antítesis: Me quede en casa.
Sintesis: Me quede en casa (soy un filósofo, actuó de modo inteligente)
HERÁCLITO
No se coge dos veces el mismo virus, la segunda vez el virus y usted ya son otros.
JEAN JACQUES ROUSSEAU
El hombre es bueno por naturaleza, pero el virus lo corrompe.
ARISTÓTELES
El virus solo está cumpliendo su papel en el cosmos al infectar los cuerpos
SAN AGUSTÍN:
La medida de amar es amar desde lejos.
SAN FRANCISCO DE ASSIS
Que donde haya virus, yo lleve alcohol en gel.
PROTÁGORAS
El virus es la medida de todas las cosas.
HANNAH ARENDT
Para el virus, matar es una tarea banal y cotidiana.
EMMANUEL KANT
Dos cosas me llenan el alma de creciente admiración y respeto, cuanto más intensa y frecuentemente el pensamiento se ocupa de ellas: El cielo estrellado allá afuera y yo aquí adentro.
SIGMUND FREUD
El virus deja fluir sus pulsiones reproductivas porque no ha sido reprimido sexualmente en su infancia por la civilización.
LUDWIG WITTGENSTEIN
Aquello que no se puede contraer, no se puede transmitir.
JACQUES DERRIDA
El objetivo de todo virus debe ser la deconstrucción del cuerpo infectado.
ZYGMUNT BAUMAN
La mayor evidencia de la sociedad liquida es su dependencia del alcohol.
VILÉM FLUSSER
El ADN del virus no puede ser decodificado porque la escritura ¡Se acabó!
MICHEL FOUCAULT
Esos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, son lo que podemos llamar virus.
WALTER BENJAMIN
La reproducción excesiva y sin frenos del virus trae como consecuencia la pérdida de su aura de sacralidad.
SIMONE DE BEAUVOIR
No se nace infectado, se llega a serlo.
JEAN PAUL SARTRE
No corrijo nada, el infierno son los otros.
KARL MARX
Trabajadores del mundo separaos.
CRISTO
Amaos los unos a los otros, quedándoos lejos los unos de los otros.
OLAVO DE CARVALHO
El virus es un idiota, yo soy un idiota. La verdad no sé siquiera que estoy haciendo en esta lista, nunca fui un filósofo.
JUDITH BUTLER
El hecho de que esta lista este compuesta en un 95 % por hombres, revela como la historia de la humanidad es la historia de la dominación patriarcal, los hombres son el verdadero virus
ROBERTO VALERO.
PLATON
Quédense en la caverna ¡Por Dios!
FRIEDRICH NIETZCHE
Quédese en casa, por más difícil que sea para usted soportar su propia presencia.
RENÉ DESCARTES
Habito, luego existo.
HEGEL
Tesis: Me quede en casa
Antítesis: Me quede en casa.
Sintesis: Me quede en casa (soy un filósofo, actuó de modo inteligente)
HERÁCLITO
No se coge dos veces el mismo virus, la segunda vez el virus y usted ya son otros.
JEAN JACQUES ROUSSEAU
El hombre es bueno por naturaleza, pero el virus lo corrompe.
ARISTÓTELES
El virus solo está cumpliendo su papel en el cosmos al infectar los cuerpos
SAN AGUSTÍN:
La medida de amar es amar desde lejos.
SAN FRANCISCO DE ASSIS
Que donde haya virus, yo lleve alcohol en gel.
PROTÁGORAS
El virus es la medida de todas las cosas.
HANNAH ARENDT
Para el virus, matar es una tarea banal y cotidiana.
EMMANUEL KANT
Dos cosas me llenan el alma de creciente admiración y respeto, cuanto más intensa y frecuentemente el pensamiento se ocupa de ellas: El cielo estrellado allá afuera y yo aquí adentro.
SIGMUND FREUD
El virus deja fluir sus pulsiones reproductivas porque no ha sido reprimido sexualmente en su infancia por la civilización.
LUDWIG WITTGENSTEIN
Aquello que no se puede contraer, no se puede transmitir.
JACQUES DERRIDA
El objetivo de todo virus debe ser la deconstrucción del cuerpo infectado.
ZYGMUNT BAUMAN
La mayor evidencia de la sociedad liquida es su dependencia del alcohol.
VILÉM FLUSSER
El ADN del virus no puede ser decodificado porque la escritura ¡Se acabó!
MICHEL FOUCAULT
Esos métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, son lo que podemos llamar virus.
WALTER BENJAMIN
La reproducción excesiva y sin frenos del virus trae como consecuencia la pérdida de su aura de sacralidad.
SIMONE DE BEAUVOIR
No se nace infectado, se llega a serlo.
JEAN PAUL SARTRE
No corrijo nada, el infierno son los otros.
KARL MARX
Trabajadores del mundo separaos.
CRISTO
Amaos los unos a los otros, quedándoos lejos los unos de los otros.
OLAVO DE CARVALHO
El virus es un idiota, yo soy un idiota. La verdad no sé siquiera que estoy haciendo en esta lista, nunca fui un filósofo.
JUDITH BUTLER
El hecho de que esta lista este compuesta en un 95 % por hombres, revela como la historia de la humanidad es la historia de la dominación patriarcal, los hombres son el verdadero virus
ROBERTO VALERO.
MI QUERIDA PALANGANA.
Cuento corto de Mónica Bardi
Se convirtió en la atracción de todas las personas que venían a casa: el contraste entre su plumaje siempre impecable y el entorno verde con todas sus tonalidades era un placer estético renovado.
Una vez se asustó con la maquinaria del jardinero y salió volando. "Bueno", pensé, "es su vida". El jardinero siempre demostró una gran falta de sensibilidad a este bello animal y por eso, entre otras cosas, se quedó sin trabajo en nuestra casa.
Pero hete aquí que nuestro ganso de marras al día siguiente apareció en la piscina del vecino, graznando, custodiado por la atenta mirada de un pastor alemán, cuyas intenciones parecían oscuras en ese mudo diálogo interespecies.
Lo acarreamos suavemente de vuelta a casa con una varita y, enseguida, se metió en su preciosa agua.
Era un bicho cómodo, lo cual no es un dato menor. Sólo daba trabajo limpiarle seguido su lagunita porque parecía que a él le gustaba sucia, llena de hojas y comida rebujada. Pero también se limpiaba y se zambullía repetidas veces si estaba limpia.
Seguíamos sin acercarnos mucho porque expresaba inequívocamente su malestar.
Pero hete aquí que unos meses más tarde, fue él quien se aproximó a nosotros. De a poco, fue tomando confianza y hasta llegó a dormir su siesta a los pies de quien estuviera leyendo en el porche.
El colmo de la confianza fue cuando entró al salón, metiéndose entre los flecos de la cortina antimosquitos. Confianzudo, diríamos en Argentina.
Todo bien, salvo que cagaba por doquier y continuamente había que andar baldeando, pasando la fregona y, aunque protestábamos a veces, seguía siendo, para nosotros, un noble animal de compañía. Pensábamos que ya estaba domesticado.
Unos meses más tarde, su comportamiento fue cambiando y se tornó irritable, territorial y protestón. Cuando una persona pasaba, aunque no fuera cerca, arremetía con el cuello estirado, mostrando sus dientecitos a la vez que emitía un sonido sibilante y sacaba la lengua. Ya no se acercaba a la casa y vivía pendiente de una palangana de metal plateada de la que continuamente volcaba el agua y se paraba en el borde poniéndola en posición vertical, con la parte cóncava contra su pechuga. Le llenábamos la palangana para que no le faltara agua fresca para beber y, al instante, la volcaba. Otras veces se metía dentro de ella y se quedaba allí un rato. Ese recipiente era su obsesión. Tratándose de un animal salvaje, buscarle una explicación a ese comportamiento es una tarea ardua, inútil y seguramente alejada totalmente de su realidad gansística. Era un animal atribulado: pero, ¿cómo ponerse en el cerebro de un ganso?
...............................................................................
Estos animales altos con plumas de variados colores y que viven bajo techo no entienden nada.
Un tiempo largo intenté entablar relaciones de vecindad con ellos pero, por lo visto, manejamos diferentes códigos.
Mis obsequios intestinales parecían contrariarlos y eso que mis regalos eran frecuentes y abundantes. Sólidos y líquidos. Pero nada. No los valoraban. Son seres incomprensibles, como de otro planeta.
No me quejo. Después de todo me dan de comer y me limpian el estanque a cada momento. Son bastante maniáticos con eso. Aunque yo pienso: ¿qué menos? Sin mi presencia este jardín carecería de encanto... sería uno más.
Todo parecía haber llegado a un equilibrio, a una convivencia armónica pero de pronto algo cambió y ya no somos más amigos.
Los hechos ocurrieron hace corto tiempo cuando tuve una experiencia maravillosa: vi, en el fondo de una reluciente lagunita plateada, una hermosa criatura.
Blanquísima, más o menos de mi misma edad y estatura y al instante me enamoré. ¡Qué bella joven! Con ella sí me emparejaría yo. Decidido a conquistarla ensayé diversas estrategias de acercamiento hasta ahora sin éxito.
Lo que me parece es que es un poco voluble porque aparece y desaparece como por ensalmo. La veo nítidamente y apenas acerco una pata comienza a desdibujarse hasta que se me pierde en el fondo.
He intentado trasladarla para que no se asuste pero ella va y viene cuando le da la gana. Me pone muy nervioso no poder asirla, tenerla, poseerla y a veces hasta pierdo la serenidad con tanta incertidumbre. Intento abrazarla y la acerco a mi pechuga con deleite y ternura.
Pero justo allí la pierdo de vista de manera inexplicable.
Pasa el tiempo y mis infructuosos esfuerzos me van desanimando. Hasta me han cambiado el carácter. Por eso la cuido y la protejo y me llena de indignación cuando los animales altos de plumaje variado se acercan e intentan agarrar la lagunita plateada donde ella vive. ¿Por qué estos tipos me hacen eso? No entienden nada y no hacen más que echarle más y más agua a la palangana, cuando cualquiera comprendería que más agua no le hace falta, porque la desdibuja. Me ponen histérico. ¿Quién puede ponerse en el cerebro de estos seres tan extraños? Lo más seguro es que ella se aleja porque los ve venir con semejante manguera. Yo no cejaré en mi empeño, aunque a veces parezca que se derrama y se pierde en el verde rutilante del césped.
Diosa hermosa, áurea, blanca, alba y vaporosa, no eres un reflejo ni una alucinación y ya verás como al final serás mía...
AL ESPEJO.
Los hechos ocurrieron hace corto tiempo cuando tuve una experiencia maravillosa: vi, en el fondo de una reluciente lagunita plateada, una hermosa criatura.
Blanquísima, más o menos de mi misma edad y estatura y al instante me enamoré. ¡Qué bella joven! Con ella sí me emparejaría yo. Decidido a conquistarla ensayé diversas estrategias de acercamiento hasta ahora sin éxito.
Lo que me parece es que es un poco voluble porque aparece y desaparece como por ensalmo. La veo nítidamente y apenas acerco una pata comienza a desdibujarse hasta que se me pierde en el fondo.
He intentado trasladarla para que no se asuste pero ella va y viene cuando le da la gana. Me pone muy nervioso no poder asirla, tenerla, poseerla y a veces hasta pierdo la serenidad con tanta incertidumbre. Intento abrazarla y la acerco a mi pechuga con deleite y ternura.
Pero justo allí la pierdo de vista de manera inexplicable.
Pasa el tiempo y mis infructuosos esfuerzos me van desanimando. Hasta me han cambiado el carácter. Por eso la cuido y la protejo y me llena de indignación cuando los animales altos de plumaje variado se acercan e intentan agarrar la lagunita plateada donde ella vive. ¿Por qué estos tipos me hacen eso? No entienden nada y no hacen más que echarle más y más agua a la palangana, cuando cualquiera comprendería que más agua no le hace falta, porque la desdibuja. Me ponen histérico. ¿Quién puede ponerse en el cerebro de estos seres tan extraños? Lo más seguro es que ella se aleja porque los ve venir con semejante manguera. Yo no cejaré en mi empeño, aunque a veces parezca que se derrama y se pierde en el verde rutilante del césped.
Diosa hermosa, áurea, blanca, alba y vaporosa, no eres un reflejo ni una alucinación y ya verás como al final serás mía...
AL ESPEJO.
Jorge Luis Borges.
¿Por qué persistes, incesante espejo?
¿Por qué duplicas, misterioso hermano,
el menor movimiento de mi mano?
¿Por qué en la sombra el súbito reflejo?
Eres el otro yo del que habla el griego
y acechado desde siempre. En la tersura
del agua incierta o del cristal que dura
me buscas y es inútil estar ciego.
El hecho de no verte y de saberte
te agrega horror, cosa de magia que osas
multiplicar la cifra de las cosas
qué somos y que abarcan nuestra suerte.
Cuando esté muerto, copiarás a otro
y luego a otro, a otro, a otro...
lunes, 30 de marzo de 2020
CIENCIA O INCONSCIENCIA
LA PRESIÓN CIENTÍFICA FUNCIONA.
Javier Sampedro.
"Quienes acusan al gobierno español de haber reaccionado tarde van a tener que adoptar la dieta de Rajoy para políticos: tragarse sus palabras.
Hacer predicciones a toro pasado es una maquinación politiquera, oportunista e inútil para los ciudadanos. "¿Retrasados respecto a qué?" les espetó el presidente Pedro Sánchez el otro día, rompiendo ligeramente su compromiso de no enredarse en diatribas de bajo nivel. Tenía
razón. Los grandes países de nuestro entorno están reaccionando con semanas de retraso respecto a España. Boris Johnson, el primer ministro británico, se ha resistido como gato panza arriba a implementar las medidas de aislamiento que recomienda la ciencia, el estadounidense Donald Trump se ha empleado a fondo en su negacionismo de la pandemia, y el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, sigue jaleando a su población a que salga a cenar a las fondas. (...)
Hay un sentido en que esta travesía hacia la racionalidad que está experimentando el poder político mundial, por lenta y desesperante que sea, es una buena noticia, porque significa que la presión científica funciona. En el gobierno español ha funcionado mejor, y antes, que la media de nuestro entorno. El singular presidente de Vox, Santiago Abascal, ha aprovechado su tribuna parlamentaria para exigir la dimisión de no sé de cuántos ministros y vicepresidentes y, como guinda, la del jefe de emergencias sanitarias, Fernando Simón.
Esto es un dato interesante, porque señala con el dedo justo a algunos de los responsables políticos que más credibilidad están ganando en estas semanas. La idea está clara: en cuanto alguien destaque, córtale la cabeza. Politiquerío barato. Incluso Abascal tendrá que pasar por el aro de la razón, por mentira que parezca.
Resulta chocante que Donald Trump no haya echado a su asesor, Anthony Fauci, un excelente científico que ha estado décadas al frente de enfermedades infecciosas de los NIH (Institutos Nacionales de la Salud, la mayor maquinaria mundial de investigación biomédica). En una situación normal, o prepandémica, el presidente habría puesto a Fauci de patas en la calle, como ha hecho con todos los responsables científicos del país que se ponían a sus prejuicios iletrados. Fauci sigue en su puesto pese a que está empeñado, como buen científico, en irritar a su presidente con las herramientas de la razón.
Que yo sepa, ni el partido demócrata ni el republicano han pedido la dimisión de Fauci, y Trump se va a tener que tragar los sapos de la verdad a los que suele estar ciego.
Al pedir la dimisión de Simón, Abascal está haciendo un ridículo planetario que ni sus propios votantes deben entender. En fin, allá él y allá ellos. La presión científica funciona. Ánimo, muchachos".
Javier Sampedro.
"Quienes acusan al gobierno español de haber reaccionado tarde van a tener que adoptar la dieta de Rajoy para políticos: tragarse sus palabras.
Hacer predicciones a toro pasado es una maquinación politiquera, oportunista e inútil para los ciudadanos. "¿Retrasados respecto a qué?" les espetó el presidente Pedro Sánchez el otro día, rompiendo ligeramente su compromiso de no enredarse en diatribas de bajo nivel. Tenía
razón. Los grandes países de nuestro entorno están reaccionando con semanas de retraso respecto a España. Boris Johnson, el primer ministro británico, se ha resistido como gato panza arriba a implementar las medidas de aislamiento que recomienda la ciencia, el estadounidense Donald Trump se ha empleado a fondo en su negacionismo de la pandemia, y el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, sigue jaleando a su población a que salga a cenar a las fondas. (...)
Hay un sentido en que esta travesía hacia la racionalidad que está experimentando el poder político mundial, por lenta y desesperante que sea, es una buena noticia, porque significa que la presión científica funciona. En el gobierno español ha funcionado mejor, y antes, que la media de nuestro entorno. El singular presidente de Vox, Santiago Abascal, ha aprovechado su tribuna parlamentaria para exigir la dimisión de no sé de cuántos ministros y vicepresidentes y, como guinda, la del jefe de emergencias sanitarias, Fernando Simón.
Esto es un dato interesante, porque señala con el dedo justo a algunos de los responsables políticos que más credibilidad están ganando en estas semanas. La idea está clara: en cuanto alguien destaque, córtale la cabeza. Politiquerío barato. Incluso Abascal tendrá que pasar por el aro de la razón, por mentira que parezca.
Resulta chocante que Donald Trump no haya echado a su asesor, Anthony Fauci, un excelente científico que ha estado décadas al frente de enfermedades infecciosas de los NIH (Institutos Nacionales de la Salud, la mayor maquinaria mundial de investigación biomédica). En una situación normal, o prepandémica, el presidente habría puesto a Fauci de patas en la calle, como ha hecho con todos los responsables científicos del país que se ponían a sus prejuicios iletrados. Fauci sigue en su puesto pese a que está empeñado, como buen científico, en irritar a su presidente con las herramientas de la razón.
Que yo sepa, ni el partido demócrata ni el republicano han pedido la dimisión de Fauci, y Trump se va a tener que tragar los sapos de la verdad a los que suele estar ciego.
Al pedir la dimisión de Simón, Abascal está haciendo un ridículo planetario que ni sus propios votantes deben entender. En fin, allá él y allá ellos. La presión científica funciona. Ánimo, muchachos".
viernes, 27 de marzo de 2020
QUERIDOS AMIGOS. Oscar Taffetani
El mundo entero sufrirá un daño económico y Argentina además del económico sufrira el cultural, porque el virus viene a atentar de manera directa contra la manera de vivir de los argentos.
Me refiero a la costumbre de la reunión (y de la solidaridad consecuente), a la del bar, a las previas como llaman los jóvenes, a la "juntada" en casa, los asados multitudinarios, tomar agua del pico de la botella en un picadito y pasarla entre los once jugadores, a la "picada" anterior al asadito (bueno, ya volverá), el after hour (tilingada pero criolla), al "nosotros qué llevamos", el abrazo estrecho y besuquero de incluso mí género masculino.
Me refiero al día 1 después de la cuarentena.
(Alguna vez una nieta de dos o tres años, alojada por razones laborales de su madre en una casa alemana o sueca, alteraba el momento de acostarse, tras la cena, porque exigía a gritos y a todos los presente el beso de las buenas noches, una costumbre ajena a los anfitriones). En Europa y América del Norte es muy difícil que la gente te invite a su casa, son de reuniones afuera.
Me refiero, sobre todo, al mate compartido, eso que nos iguala y que nos dice que o estamos todos a salvo o estamos todos al horno, y a otra fatalidad, la del tango, porque el que alguna vez bailó abrazado a otro/a y se olvidó de si mismo/a y se enamoró en esos tres minutos.
Es lo que les pasa a los extranjeros que han bailado un tango en Buenos Aires, a los que han abrazado en Buenos Aires, se enamoran del acercamiento y no se pueden ir aunque se vayan, se acuerdan de nuestro afectuoso contacto.
Ya volverá...
Taffetani Oscar
Me refiero a la costumbre de la reunión (y de la solidaridad consecuente), a la del bar, a las previas como llaman los jóvenes, a la "juntada" en casa, los asados multitudinarios, tomar agua del pico de la botella en un picadito y pasarla entre los once jugadores, a la "picada" anterior al asadito (bueno, ya volverá), el after hour (tilingada pero criolla), al "nosotros qué llevamos", el abrazo estrecho y besuquero de incluso mí género masculino.
Me refiero al día 1 después de la cuarentena.
(Alguna vez una nieta de dos o tres años, alojada por razones laborales de su madre en una casa alemana o sueca, alteraba el momento de acostarse, tras la cena, porque exigía a gritos y a todos los presente el beso de las buenas noches, una costumbre ajena a los anfitriones). En Europa y América del Norte es muy difícil que la gente te invite a su casa, son de reuniones afuera.
Me refiero, sobre todo, al mate compartido, eso que nos iguala y que nos dice que o estamos todos a salvo o estamos todos al horno, y a otra fatalidad, la del tango, porque el que alguna vez bailó abrazado a otro/a y se olvidó de si mismo/a y se enamoró en esos tres minutos.
Es lo que les pasa a los extranjeros que han bailado un tango en Buenos Aires, a los que han abrazado en Buenos Aires, se enamoran del acercamiento y no se pueden ir aunque se vayan, se acuerdan de nuestro afectuoso contacto.
Ya volverá...
Taffetani Oscar
jueves, 26 de marzo de 2020
Impotencia de las potencias. JULIO ZOPPI
IMPOTENCIA DE LAS POTENCIAS
Antes los estragos del virus, en especial ante la situación de Italia y España donde el sistema de salud está colapsado, pensaba que si se tratara de matar, Estados Unidos, por ejemplo, estaría en condiciones de ayudarlos o ayudarse a sí misma y en menos de una semana podría mandar miles de aviones de combate, una decena de buques de guerra, miles de marines, y toneladas de armas, drones, misiles, bombas y municiones, asesores militares y técnicos en operaciones.
Pero esta vez no se trata de matar, se trata de mantener las vidas, entonces ni la primera ni la segunda ni ninguna potencia tienen potencia valga la redundancia, a todas se les ha mojado la pólvora de la vida.
Todos sabemos que lo invertido por las grandes potencias en preservar la vida es infinitamente menor a lo invertido para destruirla, "matar para atacar o defenderse", con lo que cuesta el material nuclear y todos los instrumentos modernos de guerra, se podrían haber hecho miles de hospitales, adquirido respiradores, tomógrafos, otras aparatologías y equipos médicos de protección.
Pareciera que se investiga más veces en nuevas armas que en nuevas vacunas o terapias para las enfermedades, solo que esta vez esa diferencia brilla en toda su miserabilidad, y sobre todo en las potencias, ahora impotentes.
Julio Zoppi.
Antes los estragos del virus, en especial ante la situación de Italia y España donde el sistema de salud está colapsado, pensaba que si se tratara de matar, Estados Unidos, por ejemplo, estaría en condiciones de ayudarlos o ayudarse a sí misma y en menos de una semana podría mandar miles de aviones de combate, una decena de buques de guerra, miles de marines, y toneladas de armas, drones, misiles, bombas y municiones, asesores militares y técnicos en operaciones.
Pero esta vez no se trata de matar, se trata de mantener las vidas, entonces ni la primera ni la segunda ni ninguna potencia tienen potencia valga la redundancia, a todas se les ha mojado la pólvora de la vida.
Todos sabemos que lo invertido por las grandes potencias en preservar la vida es infinitamente menor a lo invertido para destruirla, "matar para atacar o defenderse", con lo que cuesta el material nuclear y todos los instrumentos modernos de guerra, se podrían haber hecho miles de hospitales, adquirido respiradores, tomógrafos, otras aparatologías y equipos médicos de protección.
Pareciera que se investiga más veces en nuevas armas que en nuevas vacunas o terapias para las enfermedades, solo que esta vez esa diferencia brilla en toda su miserabilidad, y sobre todo en las potencias, ahora impotentes.
Julio Zoppi.
miércoles, 18 de marzo de 2020
HABLANDO DE PESTES.
En el siglo XIV, en Europa hubo una epidemia de peste negra o bubónica, llamada así por los bubones o tumores negros que se desarrollaban en los cuerpos de los afectados. Naturalmente, se creía que era un castigo de Dios y los flagelantes salían con sus silicios a atormentarse las
espaldas sangrantes recorriendo pueblos y ciudades en medio de palabras admonitorias y culpabilizantes, aterrorizando a quien se cruzara con él.
Pero no era Dios, siempre tan ocupado en otros menesteres, sino las ratas llenas de pulgas que, a su vez estaban llenas de la bacterias específicas (Yersenia pestis), responsables de infectar la sangre de sus víctimas.
Y como había tanta sangre disponible por los flagelantes, le enfermedad se iba extendiendo a gusto y piacere.
Se calcula que si no hubieran existido esos fundamentalistas religiosos, la peste se hubiera cobrado medio millón de víctimas pero al haberlos, la mortandad fue de cuarenta millones.
Desventajas de la ignorancia.
sábado, 14 de marzo de 2020
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, relato breve.
"Imagínese usted un pueblo pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
—No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
—Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
—Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
—Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
—¿Y por qué es un tonto?
—Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.
Entonces le dice su madre:
—No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
—Véndame un kilo de carne —y en el momento que se la están cortando, agrega—: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice:
—Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.
Entonces la vieja responde:
—Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro kilos.
Se lleva los cuatro kilos; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:
—¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
—¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
—Sin embargo —dice uno—, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
—Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
—Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
—Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
—Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
—Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
—Yo sí soy muy macho —grita uno—. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:
—Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
—Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa
—y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:
—Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca".
Gabriel García Márquez.
—No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
—Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
—Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
—Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
—¿Y por qué es un tonto?
—Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.
Entonces le dice su madre:
—No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
—Véndame un kilo de carne —y en el momento que se la están cortando, agrega—: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice:
—Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.
Entonces la vieja responde:
—Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro kilos.
Se lleva los cuatro kilos; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:
—¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
—¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
—Sin embargo —dice uno—, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
—Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
—Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
—Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
—Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
—Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
—Yo sí soy muy macho —grita uno—. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:
—Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
—Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa
—y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:
—Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca".
Gabriel García Márquez.
domingo, 8 de marzo de 2020
MACHISMO EN LA CONSULTA.
Por Mónica Bardi.
Hoy, 8 de marzo, día de la mujer, recordé un hecho que viene a cuento de esta fecha cargado de feminismo y manifestaciones.
Hace muchos años yo estaba tratando a una jovencita, en mi consulta de ortodoncia, que siempre venía acompañada de sus padres y un hermanito.
Tardé muy poco en darme cuenta que tanto marido como mujer eran visceralmente desconfiados y miraban con suspicacia todo lo que yo hacía y decía. Nada los conformaba. El único que parecía entender mis empeñosas explicaciones era el pequeño pero ése no contaba.
El tratamiento iba bien, aunque la paciente tenía cierto retraso intelectual pero eso no afectaba su dócil comportamiento.
Los padres, por el contrario, erre que erre, siempre protestando, siempre sembrando dudas y exteriorizando desconfianza. Más dura me ponía, mal. Más dulce explicaba por milésima vez lo mismo, peor. No encontraba la manera de revertir esa situación por el bien de todos.
No sé en qué momento me cayó la ficha y lo vi claro: no confiaban en mí porque era mujer. Era una familia machista y de a poco lo fui corroborando por sus actitudes y algunas preguntas que yo lanzaba distraídamente, como al pasar. Cumplían todos los requisitos de la mentalidad machista más casposa, retrógrada y básica. Espantosos.
Entonces, hablé con un colega muy especial. Era un tenaz torturador de subalternas, recepcionistas, pacientes y todo lo que se pusiera a tiro, si se había levantado con el pie izquierdo y aunque se levantara con el derecho, no variaba mucho la cosa. Eso necesitaba yo: un maltratador, pero de los auténticos. A ver quién era más macho. Le expliqué la situación y me dijo muy seguro: "déjamelos a mí", mientras le goteaba el canino izquierdo. Me pidió un par de precisiones clínicas y, muy sonriente, me preguntó: "¿Qué quieres que les diga?". Se lo expliqué con las radiografías y los modelos de yeso y le especifiqué que eran personas muy problemáticas y con mucha mala leche.
"Perfecto", remató, mientras le goteaba el canino derecho.
Citamos a los pacientes, los recibí con mi mejor sonrisa, mientras pensaba: "no saben la que les va a caer, jeje".
Entró el doctor, majestuoso como un pavo real y se largó a dar una larga explicación con tono de voz creciente... creciente...creciente. Los padres de la paciente iban decreciendo...decreciendo...decreciendo, mudos, sin valor ni siquiera para mirarse entre sí. El doctor, llegando al clímax de su actuación, dió un puñetazo en la platina, mientras casi aullaba: "¿Ha quedado todo claro?"
Los pacientes habían encogido hasta quedar reducidos a su mínima expresión.
"¿Alguna pregunta?" gritó el monstruo con guardapolvo.
Respondió el padre sólo con un gesto de negación, ya que las palabras no le salían del terror que lo atenazaba.
A partir de allí, no tuve más inconvenientes con ellos; por el contrario, la relación paciente-profesional terminó casi amablemente.
Al macho lo respetaban, aunque no sabía nada de ortodoncia (porque era cirujano), pero era HOMBRE.
Hete aquí como un prejuicio, si se sabe detectar, puede jugar a nuestro favor y aunque suene horrible, ésa es la realidad con la que muchas veces tenemos que trabajar en esta sociedad variopinta.
MÓNICA BARDI.
Hoy, 8 de marzo, día de la mujer, recordé un hecho que viene a cuento de esta fecha cargado de feminismo y manifestaciones.
Hace muchos años yo estaba tratando a una jovencita, en mi consulta de ortodoncia, que siempre venía acompañada de sus padres y un hermanito.
Tardé muy poco en darme cuenta que tanto marido como mujer eran visceralmente desconfiados y miraban con suspicacia todo lo que yo hacía y decía. Nada los conformaba. El único que parecía entender mis empeñosas explicaciones era el pequeño pero ése no contaba.
El tratamiento iba bien, aunque la paciente tenía cierto retraso intelectual pero eso no afectaba su dócil comportamiento.
Los padres, por el contrario, erre que erre, siempre protestando, siempre sembrando dudas y exteriorizando desconfianza. Más dura me ponía, mal. Más dulce explicaba por milésima vez lo mismo, peor. No encontraba la manera de revertir esa situación por el bien de todos.
No sé en qué momento me cayó la ficha y lo vi claro: no confiaban en mí porque era mujer. Era una familia machista y de a poco lo fui corroborando por sus actitudes y algunas preguntas que yo lanzaba distraídamente, como al pasar. Cumplían todos los requisitos de la mentalidad machista más casposa, retrógrada y básica. Espantosos.
Entonces, hablé con un colega muy especial. Era un tenaz torturador de subalternas, recepcionistas, pacientes y todo lo que se pusiera a tiro, si se había levantado con el pie izquierdo y aunque se levantara con el derecho, no variaba mucho la cosa. Eso necesitaba yo: un maltratador, pero de los auténticos. A ver quién era más macho. Le expliqué la situación y me dijo muy seguro: "déjamelos a mí", mientras le goteaba el canino izquierdo. Me pidió un par de precisiones clínicas y, muy sonriente, me preguntó: "¿Qué quieres que les diga?". Se lo expliqué con las radiografías y los modelos de yeso y le especifiqué que eran personas muy problemáticas y con mucha mala leche.
"Perfecto", remató, mientras le goteaba el canino derecho.
Citamos a los pacientes, los recibí con mi mejor sonrisa, mientras pensaba: "no saben la que les va a caer, jeje".
Entró el doctor, majestuoso como un pavo real y se largó a dar una larga explicación con tono de voz creciente... creciente...creciente. Los padres de la paciente iban decreciendo...decreciendo...decreciendo, mudos, sin valor ni siquiera para mirarse entre sí. El doctor, llegando al clímax de su actuación, dió un puñetazo en la platina, mientras casi aullaba: "¿Ha quedado todo claro?"
Los pacientes habían encogido hasta quedar reducidos a su mínima expresión.
"¿Alguna pregunta?" gritó el monstruo con guardapolvo.
Respondió el padre sólo con un gesto de negación, ya que las palabras no le salían del terror que lo atenazaba.
A partir de allí, no tuve más inconvenientes con ellos; por el contrario, la relación paciente-profesional terminó casi amablemente.
Al macho lo respetaban, aunque no sabía nada de ortodoncia (porque era cirujano), pero era HOMBRE.
Hete aquí como un prejuicio, si se sabe detectar, puede jugar a nuestro favor y aunque suene horrible, ésa es la realidad con la que muchas veces tenemos que trabajar en esta sociedad variopinta.
MÓNICA BARDI.
LA REVOLUCIÓN DE LOS RICOS (fragmento)
FRAGMENTO DEL ARTÍCULO DE EL PAÍS SEMANAL. JAVIER CERCAS. 8/3/2020.
(...) "De entrada, recordemos lo obvio: desde que el mundo es mundo son los ricos los que quieren separarse de los pobres, no los pobres de los ricos; ahora ocurre otro tanto: son los europeos del norte los que quieren separarse de los del sur, los italianos del norte de los italianos del sur, los alemanes del sur (los muniqués, los ricos)de los del norte (los berlineses, los pobres).
La brillante propaganda secesionista apacigua la mala conciencia de sus encantadas víctimas asegurando que los ricos catalanes somos, cómo no, una excepción a esa regla, y que no queremos separarnos de los pobres extremeños y andaluces, sino sólo del rico Madrid franquista; pero la verdad es que ni Madrid es franquista ni el secesionista más alienado por la propaganda cree en su fuero interno que Cataluña querría separarse ahora mismo de Extremadura si Extremadura fuera más rica que Cataluña".
(...) "Pero no hace falta molestarse en consultar ningún estudio para constatar lo evidente; basta con darse una vuelta por cualquier ciudad catalana. Tomemos por ejemplo la mía, la maravillosa y secesionista Girona: den un paseo por los opulentos barrios del centro y verán sus balcones engalanados de lazos amarillos y banderas secesionistas; hagan lo mismo por los humildes barrios de las afueras-Vila-roja, Germans Sàbat, no digamos Font de la Pólvora-, y no verán un solo lazo amarillo, ni una sola bandera sececionista (banderas españolas sí, y hasta banderazos).
El fenómeno, claro, tiene otra explicación, y es la primera divisoria que parte la Cataluña actual, la llamada adscripción identitaria: la mayoría de los habitantes del extrarradio procede de la emigración del resto de España. No todo lo explica la economía; pero nada se explica sin ella: en Cataluña los más desfavorecidos no son secesionistas. Ésta es la realidad, la desagradable realidad que odian los secesionistas y tratan a toda costa de ignorar; ésta es la realidad que la izquierda, gran parte de la izquierda catalana- empezando por Ada Colau- y buena parte de la española-empezando por Pablo Iglesias-, se niega a ver: que, además de profundamente antidemocrático (como demostró en otoño de 2017), el secesionismo es un movimiento esencialmente reaccionario.
¿Cómo es posible que un sector relevante de la izquierda sea su compañero de viaje, cuando no se sume a él? ¿Cómo es posible que esa izquierda se oponga con razón a los recortes de derechos, pero no se inmute cuando los secesionistas quieren arrebatar a millones de catalanes el derecho de ciudadanía, del que penden todos los demás derechos? ¿Qué sentido tiene la izquierda si, en vez de estar con los pobres, está con los ricos?
Ada, Pablo,.os lo pido de rodillas y sollozando: ¿podríais hacerme el favor de contestar a estas preguntas? ¿Podríais contestárselas a nuestros votantes?¿Podríais leer a Piketty? O,simplemente, ¿podríais abrir los ojos?
Una cosa es segura: para un votante de izquierda es mucho más duro tener que aguantar la ceguera de la izquierda que la de la derecha. Y en ésas estamos."
JAVIER CERCAS
lunes, 2 de marzo de 2020
MORIR A LOS 15 AÑOS.
CARTAS A LA DIRECTORA DEL DIARIO "EL PAÍS".
Crímenes transfronterizos.
LUIS PERAZA PARGA. Texas. EEUU.
"Imagina que eres un niño de frontera entre dos países desiguales. Tu campo de juegos, el río que los separa, que en algunos tramos está seco, moviéndote entre sus rampas. Imagina que uno de los retos con tus amigos es tocar la alambrada fronteriza del otro y regresar a tu país después de correr por la tierra de nadie.
Imagina que tienes 15 años y toda la vida por delante. Mientras ríes dichoso con la espalda hacia la riqueza y la mirada hacia tu origen humilde cuyo terreno ya pisas, te percatas de un ruido inesperado y todo se apaga y se acaba. Un agente fronterizo, harto de tus juegos, decide disparate desde lejos, desde el otro lado.
El más alto tribunal del agente decide que los padres no pueden iniciar una acción judicial sin autorización del Congreso.
Los padres no pueden pedir responsabilidades ni compensación.
Indefensión total. El gobierno de la víctima se pregunta retóricamente cuál sería la reacción del país poderoso si los papeles se cambiaran.
Ya no imaginen. Es una realidad. Los países son México y Estados Unidos".
Luis Peraza Parga. Texas. (EEUU)
Imagen: escultura conmemorativa de niños asesinados en el Holocausto.
Crímenes transfronterizos.
LUIS PERAZA PARGA. Texas. EEUU.
"Imagina que eres un niño de frontera entre dos países desiguales. Tu campo de juegos, el río que los separa, que en algunos tramos está seco, moviéndote entre sus rampas. Imagina que uno de los retos con tus amigos es tocar la alambrada fronteriza del otro y regresar a tu país después de correr por la tierra de nadie.
Imagina que tienes 15 años y toda la vida por delante. Mientras ríes dichoso con la espalda hacia la riqueza y la mirada hacia tu origen humilde cuyo terreno ya pisas, te percatas de un ruido inesperado y todo se apaga y se acaba. Un agente fronterizo, harto de tus juegos, decide disparate desde lejos, desde el otro lado.
El más alto tribunal del agente decide que los padres no pueden iniciar una acción judicial sin autorización del Congreso.
Los padres no pueden pedir responsabilidades ni compensación.
Indefensión total. El gobierno de la víctima se pregunta retóricamente cuál sería la reacción del país poderoso si los papeles se cambiaran.
Ya no imaginen. Es una realidad. Los países son México y Estados Unidos".
Luis Peraza Parga. Texas. (EEUU)
Imagen: escultura conmemorativa de niños asesinados en el Holocausto.
SOMOS ALGO MÁS QUE CIFRAS. Máriam Bascuñán.
"Llegó la pandemia y nuestros organismos de bienestar de afanan en coordinar los servicios sociales para atender a la ciudadanía". (...)
"El Estado parece operar así sobre el cuerpo social como si fuera un objeto, como si no estuviera integrado por personas. Por eso tal vez sería interesante pensar en el coronavirus no ya tanto como riesgo o enfermedad, sino como una representación de la sociedad que somos, de nuestras aprensiones". (...) "Como ocurre con la religión, son nuestros miedos y fantasías los que ofrecen en bandeja a los poderes públicos la tentación de imaginar a la población como una biomasa regulable mediante disposiciones sobre higiene, educación, demografía y cuidados del cuerpo, ese objeto diluido y alienado por la burocracia. Foucault lo llamó "el poder pastoral del Estado", (...) los pastores cuidando de sus ovejas. En el fondo, el mito de la eficacia del Estado funciona también dentro de los parámetros de la creencia. Debemos tener fe laica en que sabrán resolver las crisis, una fe inevitable ante esa ausencia posible de alternativa que explícita nuestra carencia de poder, nuestra íntima naturaleza vulnerable". (...)
"Porque lo que rige en abstracto, ese supuesto mecanismo racional que nos protege, tiene también otra cara que, sin esa ética del cuidado, menoscaba nuestra autoestima al recibir un trato paternalista, degradante o punitivo, cuando se culpabiliza o estigmatiza a quien, por su situación, no puede sino sentirse vulnerable. Si, en palabras de Butler, "nuestra vida está siempre en manos de otro", esforcémonos al menos por no hablar solo de metas y frías cifras estadísticas".
"El Estado parece operar así sobre el cuerpo social como si fuera un objeto, como si no estuviera integrado por personas. Por eso tal vez sería interesante pensar en el coronavirus no ya tanto como riesgo o enfermedad, sino como una representación de la sociedad que somos, de nuestras aprensiones". (...) "Como ocurre con la religión, son nuestros miedos y fantasías los que ofrecen en bandeja a los poderes públicos la tentación de imaginar a la población como una biomasa regulable mediante disposiciones sobre higiene, educación, demografía y cuidados del cuerpo, ese objeto diluido y alienado por la burocracia. Foucault lo llamó "el poder pastoral del Estado", (...) los pastores cuidando de sus ovejas. En el fondo, el mito de la eficacia del Estado funciona también dentro de los parámetros de la creencia. Debemos tener fe laica en que sabrán resolver las crisis, una fe inevitable ante esa ausencia posible de alternativa que explícita nuestra carencia de poder, nuestra íntima naturaleza vulnerable". (...)
"Porque lo que rige en abstracto, ese supuesto mecanismo racional que nos protege, tiene también otra cara que, sin esa ética del cuidado, menoscaba nuestra autoestima al recibir un trato paternalista, degradante o punitivo, cuando se culpabiliza o estigmatiza a quien, por su situación, no puede sino sentirse vulnerable. Si, en palabras de Butler, "nuestra vida está siempre en manos de otro", esforcémonos al menos por no hablar solo de metas y frías cifras estadísticas".
domingo, 1 de marzo de 2020
SIN LLAVES Y A OSCURAS.
FABIÁN CASAS
Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.
Entonces salí al pasillo
para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro, una puerta cerrada
con la llave adentro,
la basura en la mano.
Fabián Casas.
Nota aclaratoria: en el dibujo, la ilustradora (yo), no pudo soportar la angustia de tal situación e, involuntariamente, le pintó las llaves en la mano derecha.
Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.
Entonces salí al pasillo
para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro, una puerta cerrada
con la llave adentro,
la basura en la mano.
Fabián Casas.
Nota aclaratoria: en el dibujo, la ilustradora (yo), no pudo soportar la angustia de tal situación e, involuntariamente, le pintó las llaves en la mano derecha.
miércoles, 19 de febrero de 2020
VALERIA DEL MAR
"Café la humedad": este tangazo de las calles de Buenos Aires, Gaona y Boyacá, lo cantó, acompañado de una guitarra, una joven de cuando yo era joven, cuyo nombre no recuerdo, ni su cara, ni nada más de ella en absoluto, sólo su canto seductor que me dejó impresa una emoción. "un sábado con trampas, qué linda función".
Conservo fugazmente en mi memoria que estábamoos un grupo de universitarios de vacaciones en Valeria del Mar, con carpas algo andrajosas y desperdigadas al azar. Sin cámping, sin almacenes donde comprar algo, sin ninguna comodidad pero con absoluta libertad.
Cómo era antes, a lo salvaje. Luego de comer "polenta con arena", nos reunimos abrigados con ponchos de colores.
Ya de noche hicimos un fueguito para calentar el agua del mate. Estaba fresco, con una serena oscuridad envolvente y pinos murmurantes que, ellos también, caían en la magia.
Yo estaba ahí aunque ahora lo vea todo desde una añosa distancia como si así pudiera apreciar el cuadro completo que, sin embargo, me incluía: un cálido círculo con llamas intermitentes que contorneaban temblorosas los perfiles de la gente, oscilando al compás del tango: "la poesía que la escuela de tus noches enseñaron a mis días".
"Café la humedad", mate viene, mate va, playa con música urbana. La joven guitarrista de notas acariciantes y voz contraalto volaba hacia la rompiente para contárselo a las sirenas, que, expectantes, escuchaban abajo.
"Café la humedad", Gaona y Boyacá, mar, gente linda, fogata y sal. Noche estrellada, aromas de música porteña y "garganta con arena".
Borrosas imágenes filtradas por la pila de años transcurridos es lo que quedó en mi memoria. No recuerdo con quiénes estaba, cómo viajamos hasta allí y que pasó antes y después: solo pervive un lienzo musical, impreso para siempre, de una tribu irrepetible, un instante en el que Dios existía... y la esperanza también.
sábado, 1 de febrero de 2020
Pintura y poesía. Rincones.
Rincones, pintura de MARITA
POLLICE.
Poesía de MÓNICA BARDI.
Hay, en ciertas casas, rincones semi-ocultos.
Su timidez los empuja a pasar desapercibidos
y sólo pueden ser vistos por seres especiales.
Rincones misteriosos
llenos de significados, que
mientras entes invisibles los habiten
jamás se sentirán arrinconados.
Sus ladrillos cantan con voz inaudible
melodías antiguas en blanco y negro y abundantes capas de pintura
recortan fugaces figuras
de gente ausente.
Sus texturas albergan lo inesperado: rupestres aves
mitológicas, que salen volando de una canasta, mirando abajo con indiferencia.
Hay rincones, en ciertas casas
a los cuales llegó el aliento de las estrellas
para que susurre a los niños
que duermen soñando
con escobillas que vuelan solas.
Hay, en ciertas casas, negras estufas
muy malhumoradas
y arrinconadas sin solución
hasta que, al fin, llegada la noche, ella las enciende como una antorcha,
para iluminar así lo inescrutable.
POLLICE.
Poesía de MÓNICA BARDI.
Hay, en ciertas casas, rincones semi-ocultos.
Su timidez los empuja a pasar desapercibidos
y sólo pueden ser vistos por seres especiales.
Rincones misteriosos
llenos de significados, que
mientras entes invisibles los habiten
jamás se sentirán arrinconados.
Sus ladrillos cantan con voz inaudible
melodías antiguas en blanco y negro y abundantes capas de pintura
recortan fugaces figuras
de gente ausente.
Sus texturas albergan lo inesperado: rupestres aves
mitológicas, que salen volando de una canasta, mirando abajo con indiferencia.
Hay rincones, en ciertas casas
a los cuales llegó el aliento de las estrellas
para que susurre a los niños
que duermen soñando
con escobillas que vuelan solas.
Hay, en ciertas casas, negras estufas
muy malhumoradas
y arrinconadas sin solución
hasta que, al fin, llegada la noche, ella las enciende como una antorcha,
para iluminar así lo inescrutable.
miércoles, 22 de enero de 2020
CHICLANA, VINO Y SAL.
" El vino y la sal han sido fundamentales en el desarrollo social, económico y urbanístico de Chiclana desde su origen fenicio, pero especialmente desde el siglo XVI hasta finales del siglo XX.
Fue el vino, la tradición secular de viñas y bodegas la que justificó que Alfonso XIII le otorgará en 1876 el título de "ciudad". Una Chiclana, entonces, que superaba las 3500 hectáreas de uva palomino, rey y moscatel.
Bien andado el siglo XX, en torno a 1970, la ciudad contaba todavía con unas 80 bodegas y más de 3000 hectáreas de viñedo.
Hoy, apenas supera las 200 hectáreas pero la viticultura sigue siendo una tradición artesanal, familiar e íntimamente ligada a la identidad de Chiclana.
Con sus extraordinarios finos y sus afamados moscateles, forma parte de la denominación de Origen Jerez-Xérès-Sherry.
La marisma, que, en su mayor parte está dentro del Parque Natural de la Bahía de Cádiz, ocupa un tercio de los 203 kilómetros del término municipal de Chiclana. En ella llegaron a existir, a mediados del siglo XXI, hasta 38 Salinas, 5 molinos de marea y el mayor número de tajos de toda la provincia de Cádiz.
Hoy apenas quedan unas pocas Salinas artesanales, muchas otras han sido reconvertidas en esteros y explotaciones acuícolas, aunque un buen número permanecen abandonadas. El rico ecosistema que conforma el Parque Natural de la Bahía de Cádiz está marcado por la memoria del esplendor salinero".
Fue el vino, la tradición secular de viñas y bodegas la que justificó que Alfonso XIII le otorgará en 1876 el título de "ciudad". Una Chiclana, entonces, que superaba las 3500 hectáreas de uva palomino, rey y moscatel.
Bien andado el siglo XX, en torno a 1970, la ciudad contaba todavía con unas 80 bodegas y más de 3000 hectáreas de viñedo.
Hoy, apenas supera las 200 hectáreas pero la viticultura sigue siendo una tradición artesanal, familiar e íntimamente ligada a la identidad de Chiclana.
Con sus extraordinarios finos y sus afamados moscateles, forma parte de la denominación de Origen Jerez-Xérès-Sherry.
La marisma, que, en su mayor parte está dentro del Parque Natural de la Bahía de Cádiz, ocupa un tercio de los 203 kilómetros del término municipal de Chiclana. En ella llegaron a existir, a mediados del siglo XXI, hasta 38 Salinas, 5 molinos de marea y el mayor número de tajos de toda la provincia de Cádiz.
Hoy apenas quedan unas pocas Salinas artesanales, muchas otras han sido reconvertidas en esteros y explotaciones acuícolas, aunque un buen número permanecen abandonadas. El rico ecosistema que conforma el Parque Natural de la Bahía de Cádiz está marcado por la memoria del esplendor salinero".
sábado, 18 de enero de 2020
PINTURA Y POESÍA.
Es notable
Como un leopardo
Te juna como si fuera un gato.
En un mar de manchas
Emerge hipnótica esa mirada mansa
Que anuncia silenciosamente
De lo que es capaz.
Se acerca... se aleja
Todo zarpas...todo motas,
Rugido y ronroneo
Leopardo o gato,
No se sabe.
Mónica Bardi
viernes, 17 de enero de 2020
COMIDA DE POBRES. Enric González
Artículo extraído de el diario El País del 29/12/19.
ENRIC GONZÁLEZ.
"El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Codicet) efectúa un experimento interesante.
Un politólogo y dos nutricionistas llevan 100 días alimentándose con un presupuesto mensual de 4886 pesos.
Esa cantidad, unos 70 euros al cambio, es la que según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos permite vivir en, digamos, una pobreza digna, sin caer en la indigencia. El experimento durará un semestre, pero harán falta relevos.
Las dos nutricionistas se han dado de baja por recomendación médica: han perdido mucho peso y corren riesgo de anemia y osteoporosis. El politólogo sigue de momento, aunque se le hayan disparado los triglicéridos y haya perdido también seis kilos. Para los que siempre ven algo bueno en lo malo, una precisión: ese adelgazamiento es el paso previo a la pérdida de masa muscular y la obtención de nueva grasa, lo que conduce a la desnutrición obesa.
Los 4886 pesos de la "canasta básica" corresponden a un cálculo que se hizo en 1988, preguntando a gente pobre de los suburbios bonaerenses cuál era su dieta.
La suma ha ido actualizándose con la inflación, sin que a ningún especialista en estadística se le ocurriera catar la "canasta básica". La primera, que alimentarse de harinas, féculas y carne barata es, además de insalubre, desagradable, y requiere muchas horas de cocina. La segunda, que para vivir en una pobreza realmente digna harían falta al menos 7000 pesos, por lo que, en realidad, más de la mitad de los argentinos, ciudadanos de uno de los países que más comida produce, viven en la pobreza indigna.
En España, de acuerdo con los baremos de la Unión Europea, una de cada cinco personas sufre "riesgo de exclusión", es decir, está mal. Y cinco de cada cien ciudadanos sufren la llamada "privación material severa", también conocida como hambre y frío.
No creo que eso nos quite el sueño. Aunque sepamos que no es así, actuamos como si ellos se lo hubieran buscado. Cómo Como si la pobreza fuera electiva. Como si ignorábamos (y no es el caso) que nuestra alimentación y nuestras comodidades dependen casi siempre del azar: dónde nacimos y quién nos educó. Los casos de heroica superación personal son muy pocos; la gran mayoría de las biografías son fruto del azar, da la inercia y de las condiciones sociales.
Seguiremos leyendo que la pobreza se resuelve creando riqueza. Qué más da que no sea cierto. La economía española creció un 17% entre 2014 y 2018. En ese período, los porcentajes de pobreza se mantuvieron casi idénticos. Pero hablar de distribuir la riqueza, empezando por subir impuestos a quienes más tienen y siguiendo por discutir todo lo discutible en el sistema, se considera de mal gusto. Ni siquiera es progre: es rojo, antiguo y huele a rencor de clase.
La historia la escriben los poderosos. Y la transmitimos correveidiles como yo mismo. Sin embargo, suelen hacerlo los desposeídos. Esos que no cuentan hasta el día que deciden contar. Por eso casi nunca entendemos lo que pasa.
Creemos que con nosotros, con nuestra democracia liberal, con nuestro libre comercio y con nuestra paguita culmina la evolución de la humanidad. Qué se escondan los pobres, que se vayan los inmigrantes. Qué nos dejen tranquilos".
ENRIC GONZÁLEZ.
"El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Codicet) efectúa un experimento interesante.
Un politólogo y dos nutricionistas llevan 100 días alimentándose con un presupuesto mensual de 4886 pesos.
Esa cantidad, unos 70 euros al cambio, es la que según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos permite vivir en, digamos, una pobreza digna, sin caer en la indigencia. El experimento durará un semestre, pero harán falta relevos.
Las dos nutricionistas se han dado de baja por recomendación médica: han perdido mucho peso y corren riesgo de anemia y osteoporosis. El politólogo sigue de momento, aunque se le hayan disparado los triglicéridos y haya perdido también seis kilos. Para los que siempre ven algo bueno en lo malo, una precisión: ese adelgazamiento es el paso previo a la pérdida de masa muscular y la obtención de nueva grasa, lo que conduce a la desnutrición obesa.
Los 4886 pesos de la "canasta básica" corresponden a un cálculo que se hizo en 1988, preguntando a gente pobre de los suburbios bonaerenses cuál era su dieta.
La suma ha ido actualizándose con la inflación, sin que a ningún especialista en estadística se le ocurriera catar la "canasta básica". La primera, que alimentarse de harinas, féculas y carne barata es, además de insalubre, desagradable, y requiere muchas horas de cocina. La segunda, que para vivir en una pobreza realmente digna harían falta al menos 7000 pesos, por lo que, en realidad, más de la mitad de los argentinos, ciudadanos de uno de los países que más comida produce, viven en la pobreza indigna.
En España, de acuerdo con los baremos de la Unión Europea, una de cada cinco personas sufre "riesgo de exclusión", es decir, está mal. Y cinco de cada cien ciudadanos sufren la llamada "privación material severa", también conocida como hambre y frío.
No creo que eso nos quite el sueño. Aunque sepamos que no es así, actuamos como si ellos se lo hubieran buscado. Cómo Como si la pobreza fuera electiva. Como si ignorábamos (y no es el caso) que nuestra alimentación y nuestras comodidades dependen casi siempre del azar: dónde nacimos y quién nos educó. Los casos de heroica superación personal son muy pocos; la gran mayoría de las biografías son fruto del azar, da la inercia y de las condiciones sociales.
Seguiremos leyendo que la pobreza se resuelve creando riqueza. Qué más da que no sea cierto. La economía española creció un 17% entre 2014 y 2018. En ese período, los porcentajes de pobreza se mantuvieron casi idénticos. Pero hablar de distribuir la riqueza, empezando por subir impuestos a quienes más tienen y siguiendo por discutir todo lo discutible en el sistema, se considera de mal gusto. Ni siquiera es progre: es rojo, antiguo y huele a rencor de clase.
La historia la escriben los poderosos. Y la transmitimos correveidiles como yo mismo. Sin embargo, suelen hacerlo los desposeídos. Esos que no cuentan hasta el día que deciden contar. Por eso casi nunca entendemos lo que pasa.
Creemos que con nosotros, con nuestra democracia liberal, con nuestro libre comercio y con nuestra paguita culmina la evolución de la humanidad. Qué se escondan los pobres, que se vayan los inmigrantes. Qué nos dejen tranquilos".
martes, 14 de enero de 2020
ESCARBANDO EN LO REMOTO
El primer contacto con los estudios lo tuvimos Mario Aníbal, mi hermano, y yo, en un jardín de infantes que se llamaba "EL HOGAR AZUL". Nos venían a buscar en un autobús porque era un poco lejos. De ese lugar sólo recuerdo dos cosas: la luminosidad de grandes espacios y la sillita azul que yo me apropiaba, si era necesario, por la fuerza. Al poco tiempo iba yo sola porque Mario se enfermó y creo que no fue más. Al año siguiente, ambos empezamos los estudios primarios en una escuela privada muy pequeña, a la vuelta de mi casa, sobre la avenida almirante Brown. Era un sótano de una casa grande con mesas largas y pizarrones, todos en la misma gran habitación menos sexto grado, que estaba en otro pequeño cuarto. Hoy en día parece mentira que cada uno de nosotros pudiera prestar atención a lo que se le enseñaba sin distraerse con el de al lado. La casa pertenecía a la directora Yolanda Mansilla.
Al finalizar el curso escolar dábamos un examen como una reválida y todos aprobábamos con las mejores notas. Era, evidentemente, un excelente colegio.
Yo fuí bien hasta que topé con Yolanda, la directora.
Si alguien alimentó mis terrores nocturnos fue esa mujer imponente y autoritaria.
Como empezé a aflojar en matemáticas, Yolanda ofreció clases individuales para mí, por la tarde. ¡Las dos solas!
Nunca olvidaré cuando mis padres me dejaron sola con ese monstruo y se alejaron. El terror me paralizaba y mis resultados empeoraban, claro.
Algo debe haber pasado que yo no recuerdo (creo que me hice pis encima), el hecho es que un día lo ví muy serio a mi papá con Yolanda y me cambiaron al colegio católico Nuestra Señora del Huerto para hacer sexto grado. Allí se acabó la pesadilla y empezó la otra, la de las monjas. Pero para ellas, porque en ese insigne recinto encontré una banda de chicas "mal" de familia "bien" que tenían el claro objetivo en la vida de arruinarle el día a día a las autoridades de la escuela. Mi carrera de delincuente sólo había empezado.
En cambio, mi hermanito, que tenía desde chico una gran seguridad en sí mismo, hacía travesuras y todos se las festejaban, hasta Yolanda Mansilla, el monstruo. Ya desde esos tempranos años sobresalía como alumno brillante y simpatiquísimo, a pesar de su asma bronquial, que lo obligaba muchas veces a faltar a clase.
Tenía carisma, como decimos ahora y una risa contagiosa, que años más tarde reconocí en mi hijo Alejo.
Siempre me he preguntado por qué mi hermano y yo no estuvimos más unidos, aparte de nuestras diferencias individuales. Él era bueno y cariñoso y quería acercarse a mí pero yo era más indiferente, más distante. Recuerdo una vez que volví a mi casa después de haber pasado varios días en la casa de mis tíos MariEsther y Menes, que mi hermanito me estaba esperando ansioso, mirando por la ventana del frente. Yo entré y creo que ni siquiera lo saludé. Cosas así me lo fueron alejando afectivamente. Cada vez que recuerdo ese único episodio, un estilete virtual me atraviesa el corazón y perdura dolorosamente con cada remembranza. Todos han muerto, sólo estoy yo para lo bueno y para lo malo. Una testigo incómoda para mí misma.
Escarbando más en la historia familiar, algunos hechos iluminan un poco ese proceder: mi papá era una buena persona pero escondía una inseguridad congénita con una actitud monolítica y soberbia. Así fue alejando de nuestras vidas al resto de la familia. Primero a la de mi mamá, con el pretexto de que eran escandalosos e ignorantes y luego a la suya propia con la excusa de que no lo respetaban lo suficiente.
Creo que su intolerancia era el germen de todo lo demás. El cariño casi no existía, salvo cuando éramos muy chicos, los besos o los abrazos no los recuerdo yo aunque las risas de mi mamá eran como las fragantes flores del jazmín del jardín del frente: invadían toda la casa como un regalo de navidad.
Lo que sí me acuerdo son las conversaciones sobre ciencia, de gente que venía a mi casa y las noches preciosas de póker con los amigos del tordo odontologista (como lo hubiera llamado Sampons a mi viejo, si lo hubiera conocido), el tapete verde intenso con olor a lana, las fichas rodando y las cartas, desprendiendo aroma de cartón plastificado y mostrando de golpe su cara oculta; las risas y las broncas ante tal o cual desenlace de cada partida en las que se jugaban sólo monedas. Mi carrera de ludópata sólo había empezado.
Si retrocedo un poco más, me veo a mí misma como un bebé que daba trabajo para dormir: muchas veces me contaron que mi papá me llevaba a ver girar el tocadiscos sin disco porque eso me hipnotizaba, pero en cuanto me acostaban sigilosamente en la cuna, pataleaba de nuevo.
Hasta que un día, el patriarca se cansó de mi temprano manipuleo, me sacudió con fuerza y me metió entre las sábanas con energía. Allí se acabaron los caprichitos.
Esta narración la oí tantas veces que a veces dudo que no la recuerde de verdad ya que es tal la nitidez con que se me representa el entorno, las luces, las caras de mis padres jóvenes ansiosos con su primer hijo, los aromas de la comida recién hecha que espera que, por fin, la beba se duerma para que los papis puedan cenar.
Mi carrera de rebelde sólo había empezado.
Algo así como un año más tarde nació mi hermano. Yo creo que todavía no nos habíamos mudado a Témperley.
Un día luminoso fuimos desde La Boca hasta Témperley los cuatro para ver cómo evolucionaba la construcción de nuestra futura casa, que recuerdo como paredes de ladrillos desnudos, ausencia de piso y techo. Me pareció un lugar ideal para buscar escondrijos, recorrer luces y sombras y perderme en el incipiente jardín trasero.
Lo realmente divertido fue esconderme y reírme a hurtadillas de los gritos de mis padres, buscándome por todas partes, desesperados. Hasta que me encontraron, claro. Era tan chica que creo que ni siquiera me castigaron.
Cuando sí me castigaron fue cuando, años más tarde, iba de la mano de mi mamá, me solté y salí corriendo a buscar a mi papá, que nos esperaba en la puerta de la casa, en la vereda de enfrente. "¡No cruces!", gritó mi mamá. "¡No!", contesté yo. Pero crucé y sin mirar, claro.
Y justo en ese momento escuché una brutal frenada de un auto que casi me atropella.
Mi papá me pegó y me encerró en el baño, mientras lloraba junto con mi mamá y ante la mirada de perplejidad de mi hermanito Mario.
Mi carrera de mentirosa sólo había empezado.
lunes, 13 de enero de 2020
SI USTED TIENE UNA BOMBA ATÓMICA. Lluís Bassets
Artículo de Lluís Bassets.
Diario El País, domingo 12/1/20.
"Si usted tiene una bomba atómica en casa, lo mejor que puede hacer es esconderla y jamás entregarla, por mucho que se lo rueguen las instituciones internacionales, se lo exijan una superpotencias armadas hasta los dientes o se lo pida de rodillas el papa de Roma.
La experiencia demuestra que, siendo mala su posesión, sobre todo por la amenaza y el peligro que significa para todos, peor es abandonarla después de haberla tenido. Muamar el Gadafi" (Libia)" no puede contar su experiencia, precisamente porque abandonarla fue lo que le costó la vida. Quiso ser bueno después de haber sido muy malo y quiénes le conminaron a entregar su arsenal no tuvieron reparo en apoyar a quienes le liquidaron.
Análoga fue la experiencia de Sadam Husein," (Irak)" que quería conseguirla pero jamás la tuvo, a pesar de sus ímprobos esfuerzos.
Y bien que la echó de menos cuando fue invadido, primero, a medias y perdonándole la vida, por Bush padre, y luego de veras y sin perdón, por Bush hijo. Este último arrasó con su régimen y ocupó el país en busca de unas armas de destrucción masiva, químicas, pero también nucleares, que habrían evitado la invasión de haber existido.
Algo similar ha sucedido en Ucrania, donde el precio pagado por entregar su formidable arsenal nuclear soviético ha sido la pérdida de Crimea y la guerra en el Donbás: las garantías rusas sobre la intangibilidad de sus fronteras, avaladas por las grandes potencias, quedaron en papel mojado.
Ahora es la República Islámica de Irán la que se ha adentrado en la experiencia de entregar las armas y encontrarse luego inerme ante quienes quieren liquidarla. De no mediar el Pacto Nuclear multilateral firmado por Obama, Irán estaría ahora a cinco minutos de obtener el arma nuclear o quizás ya la poseería, circunstancia que hubiera alejado de la mente de Trump la idea de descabezar su cúpula militar como ha hecho con Qasem Suleimani después de haber roto unilateralmente el pacto firmado por todas las superpotencias.
Irán, además de una dictadura teocrática y cruel, es también un país dotado de muchos recursos, de forma que, aun sin arma nuclear, puede seguir dando guerra. Pero la lección más destacada la están aprendiendo los norcoreanos, y especialmente su rechoncho y astuto líder, Kim Jong-un. A la vista de lo sucedido, para nada va a renunciar al arma nuclear, y menos todavía a instancias de Donald Trump, porque sabe que en ello le va la cabeza".
Diario El País, domingo 12/1/20.
"Si usted tiene una bomba atómica en casa, lo mejor que puede hacer es esconderla y jamás entregarla, por mucho que se lo rueguen las instituciones internacionales, se lo exijan una superpotencias armadas hasta los dientes o se lo pida de rodillas el papa de Roma.
La experiencia demuestra que, siendo mala su posesión, sobre todo por la amenaza y el peligro que significa para todos, peor es abandonarla después de haberla tenido. Muamar el Gadafi" (Libia)" no puede contar su experiencia, precisamente porque abandonarla fue lo que le costó la vida. Quiso ser bueno después de haber sido muy malo y quiénes le conminaron a entregar su arsenal no tuvieron reparo en apoyar a quienes le liquidaron.
Análoga fue la experiencia de Sadam Husein," (Irak)" que quería conseguirla pero jamás la tuvo, a pesar de sus ímprobos esfuerzos.
Y bien que la echó de menos cuando fue invadido, primero, a medias y perdonándole la vida, por Bush padre, y luego de veras y sin perdón, por Bush hijo. Este último arrasó con su régimen y ocupó el país en busca de unas armas de destrucción masiva, químicas, pero también nucleares, que habrían evitado la invasión de haber existido.
Algo similar ha sucedido en Ucrania, donde el precio pagado por entregar su formidable arsenal nuclear soviético ha sido la pérdida de Crimea y la guerra en el Donbás: las garantías rusas sobre la intangibilidad de sus fronteras, avaladas por las grandes potencias, quedaron en papel mojado.
Ahora es la República Islámica de Irán la que se ha adentrado en la experiencia de entregar las armas y encontrarse luego inerme ante quienes quieren liquidarla. De no mediar el Pacto Nuclear multilateral firmado por Obama, Irán estaría ahora a cinco minutos de obtener el arma nuclear o quizás ya la poseería, circunstancia que hubiera alejado de la mente de Trump la idea de descabezar su cúpula militar como ha hecho con Qasem Suleimani después de haber roto unilateralmente el pacto firmado por todas las superpotencias.
Irán, además de una dictadura teocrática y cruel, es también un país dotado de muchos recursos, de forma que, aun sin arma nuclear, puede seguir dando guerra. Pero la lección más destacada la están aprendiendo los norcoreanos, y especialmente su rechoncho y astuto líder, Kim Jong-un. A la vista de lo sucedido, para nada va a renunciar al arma nuclear, y menos todavía a instancias de Donald Trump, porque sabe que en ello le va la cabeza".
viernes, 27 de diciembre de 2019
CARTA AL DIARIO "EL PAÍS"
UN CUENTO INVERTIDO CON FINAL FELIZ
David Gómez Olivares. Cazorla (Jaén)
22/12/2019
Érase una vez un cuento invertido, donde los malos triunfaban y los buenos sufrían de la manera más cruel los dictados del poder. Robin Hood robaba a los ricos para dárselo a los pobres. El valiente Robin se enfrentaba en el bosque contra el ejército del Rey y la nobleza para repartir el botín entre quienes más lo necesitaban. Así se forjó la leyenda inglesa de este personaje que ha trascendido a la literatura y al cine por sus valores morales, su gran corazón y la defensa de los más desvalidos.
Mientras, en otro lugar del mundo llamado Madrid, la clase política vendía -regalaba- 3000 viviendas sociales a fondos buitre. Muchos de los inquilinos tuvieron que marcharse de sus viviendas por no poder pagar una subida repentina y salvaje del alquiler o un inalcanzable precio de venta.
Pero en este cuento, la justicia existe: un juez ha declarado nula la venta de esas viviendas sociales a fondos especuladores de ricos accionistas. Robin Hood, el príncipe de los ladrones, intentaba dignificar la vida de los más pobres, mientras la derecha española sigue engañando al pueblo para lucrarse desmantelando la educación, la vivienda, la sanidad o las pensiones.
David Gómez Olivares. Cazorla (Jaén)
22/12/2019
Érase una vez un cuento invertido, donde los malos triunfaban y los buenos sufrían de la manera más cruel los dictados del poder. Robin Hood robaba a los ricos para dárselo a los pobres. El valiente Robin se enfrentaba en el bosque contra el ejército del Rey y la nobleza para repartir el botín entre quienes más lo necesitaban. Así se forjó la leyenda inglesa de este personaje que ha trascendido a la literatura y al cine por sus valores morales, su gran corazón y la defensa de los más desvalidos.
Mientras, en otro lugar del mundo llamado Madrid, la clase política vendía -regalaba- 3000 viviendas sociales a fondos buitre. Muchos de los inquilinos tuvieron que marcharse de sus viviendas por no poder pagar una subida repentina y salvaje del alquiler o un inalcanzable precio de venta.
Pero en este cuento, la justicia existe: un juez ha declarado nula la venta de esas viviendas sociales a fondos especuladores de ricos accionistas. Robin Hood, el príncipe de los ladrones, intentaba dignificar la vida de los más pobres, mientras la derecha española sigue engañando al pueblo para lucrarse desmantelando la educación, la vivienda, la sanidad o las pensiones.
lunes, 23 de diciembre de 2019
BUENOS AIRES
Por Mónica Bardi
Buenos Aires,
Con aires, a veces buenos
Y otras, medio fuleros.
Así y todo
Se te extraña, maldita seas
Como se extraña un dolor de muelas
Que sorpresivamente se calma.
Me haces sufrir
Espasmódicamente, de forma grisácea.
Apareces rutilante en medio de tus calles
Como una puta pasada de moda.
Enamoras a quien te conoce
Y a quien viste nacer, traicionas.
Alardeas de cultura, aún entre cartoneros y linyeras.
Ay, querida ciudad
Tan grande y sinuosa
Que cabe en un tango,
Pletórica de gente lunfardesca
Que chamuya con códigos
Multiétnicos
Irónica hasta el vómito
Tramposa, purpúrea, nublada y
Seductora.
Te amo, querida mía.
Esta poesía y la pintura me han sido inspiradas por una foto de Leonardo Natale. La foto es de la avenida Warnes al 2500, en Paternal.
La reproduzco aquí abajo.
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