miércoles, 18 de marzo de 2026

LUISA

 


LONCO MEO

Hace 43 años, una patota de la CNU asesinaba a mi vieja, Luisa Marta Córica, peronista, militante en la JUP y la JTP. Entonces tenía 30 años, estaba separada, era mamá de tres hijos, cursaba su segundo año en la carrera de Filosofía, tenía dos trabajos, uno en la Cámara de Diputados y otro en el Hipódromo, sólo los días que había carreras. Allí trabajaba como brazal en la tribuna de la Pelouse y allí conoció a Leopoldo Torre Nilsson quien le ofreció hacer un bolo en la película Boquitas Pintadas junto a Alfredo Alcón. Era poeta y a los 40 años de su muerte publicamos su poemario La niña que sueña con nieves. En noviembre 2017, a 42 años de su muerte,  la justicia condenó a perpetua a uno de sus asesinos, mientras que a otro lo dejó en "inmediata libertad". Así son los procesos de las  sociedades que atraviesan un genocidio:  extremadamente larguísimos, además de injustos, claro....Pasan las décadas y seguimos sacudiéndonos los vestigios de tanta muerte, evocando a nuestros amados seres con un arma siempre invencible: nuestra memoria. O nuestra poesía.

Oda a los pies de mi madre


Los pies de mi madre

sobre la playa

Los pies

de piel arrugada

por el agua del río

por la humedad de la arena

Ella está allí, toda,

y una isla de sombra 

la enmarca

pero sólo sus pies veo

Tirada en la arena está

en un día de sol

con compañeros

tirada simplemente

divaga y ríe

Me gustan sus pies

arrugados de domingo

de verano

de sabio abandono

Me fascina descubrir 

que su perfecta lisura

ha variado en diminutos senderos

cordones montañosos 

breves universos

de su piel tan joven

como guerrera

Me gusta recordar eso

de mi madre

Me gusta que fulgure

en su detalle

Y más me gusta la necesaria posibilidad

de esa otra belleza

No hay comentarios:

Publicar un comentario