LONCO MEO
Hace 43 años, una patota de la CNU asesinaba a mi vieja, Luisa Marta Córica, peronista, militante en la JUP y la JTP. Entonces tenía 30 años, estaba separada, era mamá de tres hijos, cursaba su segundo año en la carrera de Filosofía, tenía dos trabajos, uno en la Cámara de Diputados y otro en el Hipódromo, sólo los días que había carreras. Allí trabajaba como brazal en la tribuna de la Pelouse y allí conoció a Leopoldo Torre Nilsson quien le ofreció hacer un bolo en la película Boquitas Pintadas junto a Alfredo Alcón. Era poeta y a los 40 años de su muerte publicamos su poemario La niña que sueña con nieves. En noviembre 2017, a 42 años de su muerte, la justicia condenó a perpetua a uno de sus asesinos, mientras que a otro lo dejó en "inmediata libertad". Así son los procesos de las sociedades que atraviesan un genocidio: extremadamente larguísimos, además de injustos, claro....Pasan las décadas y seguimos sacudiéndonos los vestigios de tanta muerte, evocando a nuestros amados seres con un arma siempre invencible: nuestra memoria. O nuestra poesía.
Oda a los pies de mi madre
Los pies de mi madre
sobre la playa
Los pies
de piel arrugada
por el agua del río
por la humedad de la arena
Ella está allí, toda,
y una isla de sombra
la enmarca
pero sólo sus pies veo
Tirada en la arena está
en un día de sol
con compañeros
tirada simplemente
divaga y ríe
Me gustan sus pies
arrugados de domingo
de verano
de sabio abandono
Me fascina descubrir
que su perfecta lisura
ha variado en diminutos senderos
cordones montañosos
breves universos
de su piel tan joven
como guerrera
Me gusta recordar eso
de mi madre
Me gusta que fulgure
en su detalle
Y más me gusta la necesaria posibilidad
de esa otra belleza

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